Espacios de una casa que ya no existe

En estos días de ‘’quedarme en casa’’ me ha dado por extrañar mi casa, aquella en la que me construí a la par que ella también se construía y de la cual tuve que partir para seguir creciendo, la que significó y aun significa para mí, cobijo y protección.

Viví más de la mitad de mi vida en el mismo lugar, habité el mismo espacio desde que tengo memoria hasta hace unos cuatro años, conviví con la misma gente y tuve las mismas amigas y amigos desde la primaria hasta la preparatoria, me hice de un lugar en un lugar que nadie más que yo, conoce.

Crecí en una casa amplia que fue evolucionando conforme evolucionaba la capacidad adquisitiva de mis padres, de tener dos cuartos pasó a tener cuatro, de tener un patio lleno de árboles sin control, pasó a tener una piscina, una especie de bar y unas palmeras estratégicamente colocadas para poder darse un chapuzón a las tres de la tarde y contar con un pedacito de sombra.

En estos días me he encontrado extrañando mucho las reuniones de fines de semana con mis amigos en esa piscina, las tardes de regar las palmeras y los otros árboles que adquirieron un espacio para crecer.Las tardes en las que me encontraba colgando una hamaca en la parte delantera de la casa y donde mis vecinos y vecinas siempre saludaban al verme ahíhaciendo nada más que practicar la antigua tradición yucateca de ‘’tomar el fresco’’.

Hasta antes de estos días de encierro voluntario -que se siente más como obligatorio- nunca había sido consciente de la importancia que la vivienda en la que habito actualmente tenía en mi vida hasta que tuve que pasar días encerrada en ella.

Me di cuenta de que mi casa actual no estaba hecha para pasar días enteros ahí. Noté que, a diferencia de mi casa natal, la actual no contaba con espacios recreativos, es decir, no tenía espacio para árboles porque no contaba con un patio trasero amplio como en el que solía jugar de pequeña, tampoco tenía espacios abiertos y ni siquiera contaba con un espacio ‘’normal’’ entre casa y casa.

También aprendí que durante todo este tiempo en elque me concebía como una persona ‘’productiva’’ que salía de casa a las 11 a.m. y volvía a las 11 p.m., me había condicionado para concebir mi casa como un sitio de descanso, entonces ahora que necesito hacer tareas, adelantar pendientes y ser productiva con respecto de lo académico, pero desde mi casa, no puedo lograrlo. Mi concepción de estar en casa era y sigue siendo la de descansar al máximo las pocas horas que me había condicionado a hacerlo¿por qué no podemos concebir la casa en la que habitamos como un lugar habitable más allá de un lugar que cuenta con una cama para descansar las pocas horas que nos son permitidas?

Bachelard hablaba de la casa natal y la casa soñada y en cómo, durante toda la vida, la casa donde crecimos será el punto de partida para medir las nuevas casas en las que nos encontremos, cómo todos los espacios que habitaremos llevarán algo (no tanto en lo material, más bien en la esencia) de la casa donde nos construimos los primeros años de vida y sobre cómo nuestra casa soñada no contará con los defectos de la natal pero sí contará con las características potenciadas que nos hacían pertenecer a ella.

Antes de leer lo que Gastón Bachelard escribió, mi abuelo, un señor que ha dedicado toda su vida al campo, me dijo en muchas de las visitas que me hacía los fines de semana, que de grande nada iba a igualar mi casa y todo lo que significaba haber crecido en un entorno rural. Mi abuelo, quien me ha contado muchísimas leyendas y ha compartido muchísima sabiduría sobre animales y plantas que solo la gente que sabe cómo funciona la vida y la tierra sabe, tenía toda la razón del mundo, le creí a los 10 años y le creo a los 21.

‘’La casa es nuestro rincón del mundo, es nuestro primer universo’’. En momentos como este, extraño el rincón que me cobijó en momentos tormentosos durante la adolescencia, encuentro muy lejano aquel universo donde todo iba sobre cuántos libros podía leer al mes, en las cosas que aprendía de ellos y queacumulaba para algún día en el futuro poder decidir a qué quería dedicarme el resto de mi vida.

Siempre soñé con salir de ese pedacito de mundo, de ese lugar que llevaba un nombre que nadie sabía escribir correctamente y muy pocas personas sabíandónde quedaba. Ahora, fuera de él, aprecio los años que habité ahí y las veces en las que pude correr a refugiarme hacia allá cuando todo iba mal.

Escribo esto para todas las personas que en estos momentos no pueden volver al lugar que consideran su hogar, para quienes nunca volveremos pero que lo llevamos a cuestas y nos construimos a nosotras mismas como nuestro propio hogar.

Algún día construiremos un nuevo rincón del mundo.  

A veces estudio derecho, a veces hago comunidad con otras mujeres.
Politizo, cuestiono y teorizo todo

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