Escoger inundar una de dos ciudades: ¿un nuevo dilema o pura negligencia?

El 6 de octubre de 2021, se cumplió un mes desde que el Río Tula se desbordó sobre las instalaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social, en el pueblo homónimo. 17 personas murieron y 10,000 personas fueron evacuadas de sus hogares como consecuencia del suceso. Además, en total, el periódico El País estimó que la inundación afectó a nueve colonias y más de 31.000 personas. Sólo 11 días después, el río se volvió a desbordar, causando una crisis en Tula que el gobierno de Hidalgo atribuyó a causas naturales. Este evento no es aislado en su tipo; en noviembre del 2020, el presidente de México reconoció haber inundado “las comunidades indígenas chontales de Nacajuca y Centla” con tal de no perjudicar ciudades más grandes, como Villahermosa, en Tabasco. El presidente específicamente dijo:

Ese río, el Carrizal, es el que pasa por Villahermosa, se cerró esta compuerta, y toda el agua de la presa siguió por el Samaria a la zona baja, Jalpa, Nacajuca, Centla, allá es donde tenemos el problema. Tuvimos que optar entre inconvenientes, no inundar Villahermosa y que el agua saliera por el Samaria, por las zonas bajas. […] Desde luego se perjudicó a la gente de Nacajuca, son los chontales, los más pobres, pero teníamos que tomar una decisión, ahora ya estamos aislando allá abajo y donde vive la mayoría de la gente de Tabasco se evitó una inundación mayor”.

Con respecto al incidente en Tula, el periódico The Washington Post emitió un artículo que culpaba al gobierno (específicamente a la CONAGUA y al Sistema de Aguas de la Ciudad de México) de haber mandado un “torrente adicional […] de al menos 220 metros cúbicos, de aguas negras y pluviales provenientes del Valle de México” hacia el Valle de Mezquital. Por eso, el artículo del Washington Post afirmó, a pesar de que el gobierno de Hidalgo estableciera lo contrario, que el desastre en Tula “no tiene […] nada de natural”.

            Alrededor del mundo, diferentes inundaciones han aquejado a distintas regiones del mundo en lo que va del año, como lo fueron los casos de Bélgica y Alemania (con más de 150 personas muertas), el noreste de India (con más de 120 muertes), la Costa Este de Estados Unidos y, en el caso de México, lugares como Mérida y Ecatepec. Desafortunadamente, el cambio climático hace este tipo de desastres naturales más común. Sin embargo, ¿está el cambio climático relacionado con la decisión que el gobierno de México ha intentado justificar al inundar ciertas localidades sobre otras? ¿O lo que pasó en Tula fue resultado de un ejemplo puro del fallo del Estado mexicano para cuidar a sus ciudadanes? ¿Es el incidente de Tula un ejemplo de lo que podrían enfrentar diferentes comunidades, pueblos y ciudades mexicanas en el futuro?

            Antes de abordar el papel del Estado mexicano con respecto a este tipo de problemáticas, es un hecho que el cambio climático es un problema que afectará a más personas conforme se vuelva más grave, particularmente con respecto a lluvias, inundaciones y ciclones tropicales. El libro El cambio climático —de Mario Molina, José Sarukhán y Julia Carabias identificó que el número de personas afectadas por este tipo de problemas fue de 14,484,816 entre 2001 y 2011,[1] con 1,034 muertes. Dentro del mismo capítulo, les autores del libro afirmaron que, para tratar con los problemas que traerán las lluvias e inundaciones aunadas al cambio climático, el gobierno mexicano también debe considerar la implementación de “planes o programas municipales de desarrollo humano”.[2]

[…] la planeación territorial y urbana es prácticamente inexistente, pues no se aplican ni se hace el mejor uso de la información ni de los instrumentos; los asentamientos irregulares se toleran y muchas veces incluso se fomentan; numerosas autorizaciones de construcción están en contra de la normatividad vigente y no se fincan responsabilidades. Pocos municipios cumplen con esta normatividad alineada. […] Es necesario el rediseño institucional, asociado con el riesgo y la vulnerabilidad social, en el que impere el criterio preventivo […].[3]

Sin embargo, estos planes no han sido acatados, a pesar de que el Estado mexicano incluye estos principios en leyes como la Ley General de Protección Civil y la Ley General de Cambio Climático. El informe El sistema principal de drenaje en la Ciudad de México, de Ramón Domínguez Mora, definió las inundaciones como tormentas de larga duración causadas por ineficiencias en el Sistema General de Drenaje y Control de Avenidas. El reporte también reportó que la capacidad total del drenaje ha disminuido gradualmente desde los años ’80 en ciudades como la Ciudad de México, donde llueve más que en otras urbes del mundo famosas por su cantidad de lluvia al año, como Londres. Aún más, el reporte identificó que los vasos e identificadores al oriente de la Ciudad frecuentemente almacenan mucha más agua de la que le permite su capacidad, por lo cual pueden ocurrir inundaciones con mayor frecuencia cuando llueve en la Ciudad.  A pesar de que existen muchas soluciones para este tipo de problemas como desazolves, nivelación de bordes y trabajo de infraestructura en plantas de tratamiento de aguas (mayor explicadas en el informe) la saturación de aguas negras en el cauce de los ríos y la inundación de localidades sigue viéndose como una decisión que el gobierno debe tomar con base en quién se ve menos perjudicade.

            En pocas palabras, la solución de aumentar la retención de agua en el Valle de México y en áreas metropolitanas grandes en el país ha sido ignorada y, como consecuencia, incidentes como el de Tula han ocurrido y han sido atribuidos únicamente al clima, desestimando cualquier otra pretensión en el contexto de polarización y politización que el país vive. Ante la amenaza de un cambio climático drástico y el riesgo de mayores tormentas y desastres naturales, nuestros gobiernos también deben pensar en cómo mejorar su infraestructura para que les más vulnerables no estén expuestes a decisiones subjetivas y colonialistas frente a estos problemas. La exposición de estos problemas también refleja una jerarquía de ciertas comunidades sobre otras (en un discurso de centro-periferia), y México debe trabajar en que, en el futuro, el agua sea mejor saneada y aprovechada en beneficio de todo el país.

[1] Molina, Mario, José Sarukhán y Julia Carabias, “México: vulnerabilidad y adaptación”, en El Cambio Climático (México: Fondo de Cultura Económica, 2017), 115.

[2] Ibíd., 116.

[3] Ibíd., 119-20.

Él/He

Tengo 21 años y estudio Derecho en el CIDE. No escribo porque sepa algo en específico; lo escribo porque me interesa mucho saberlo. Mis intereses principales son de sociedad y música, pero intento aprender todos los días de todo lo demás.

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