Escapadas literarias en tiempos de pandemia

A veces rápido, a veces lento, el tiempo vuela. Lo que parecía ser un encierro de quince días pronto será un año. Un año de pandemia. Es algo que nunca habíamos vivido, ¿imaginado? Quizá la novela o película más apocalíptica se acercó. En lo personal, nunca pensé que llegaríamos a decir “día 365 de pandemia” y sin duda así será. Ahora, con un poco de claridad y la estabilidad que sólo pude alcanzar tras un proceso de prueba y error, me resulta un poco entretenido revisitar el último año.

Hoy no hablaré de mis gatitas, a ellas ya les tocó vivir su momento de estrellato, salvo para decir que la Chiquita se ha convertido en mi compañera de desvelos. Ella echada entre los peluches y yo, por supuesto, con un libro entre mis manos. Ese es el tema de esta ocasión, la lectura. Salvadora de mis momentos de ocio, la barrera perfecta para el exceso de recuerdos y la añoranza del mundo a. dl. C., por nombrar un par. A la única que no salva —por mi terquedad— es a mi cartera; gajes del oficio.

La lectura es esa amiga con la que no tenía mucho contacto —al menos el que me gustaría— desde hace un buen puñado de años. Ya sea por pendientes académicos, responsabilidades sociales, bloqueos lectores, una preferencia por hobbies nuevos… excusas hay muchas, pero distanciadas estábamos. Iba y venía en la comunidad lectora. Montaba mi changarro en verano y lo desmontaba para retomar la rutina universitaria. Me quedaba como espectadora en la comunidad, me alimentaba de libros cortos (poemarios, sobre todo).

Fotografía tomada por Olivia Camarena

Estaba cómoda, más no encantada con la situación. Y siguió… hasta que conseguí comprender la dinámica del encierro, uno que te crea tiempos muertos y momentos de silencio al por mayor. Adiós a las largas horas (acumuladas) de tráfico, las esperas entre clases con amigos, salidas por el café, el brunch o el drink. Adiós al contacto necesario y cercano con las personas. Hola a las paredes de tu casa (que quizá no estaba tan cómoda como pensabas), altas dosis de soledad, largas jornadas frente a la computadora y tiempo libre, mucho tiempo libre.

Somos seres sociales, el contacto con la gente es necesario y algunos danzamos con el overthinking mañana, tarde y noche; ese tiempo libre tenía que ser transformado en horas de hacer cualquier cosa útil. Para mí, la respuesta llegó natural. Nunca dejé de leer —¡mi lista de libros por leer no lo permite! — y para mí, leer es sinónimo de conectar no solo con un mundo nuevo y dinámicas sociales desconocidas, sino una inmensa comunidad donde el fangirleo y el compartir opiniones es el pan de cada día.

Así, los silencios se convirtieron en viajes por Japón, Nueva York e Inglaterra; aventuras en Norta, Belterra y Arnes; reflexiones sobre brujas, problemas entre etnias, las consecuencias de los deseos y el límite del poder. La lectura reemplazó los días de viaje más allá de Mérida por mundos sorprendentes y ciudades lejanas, despertó las ganas de unos postres —gracias Rappi y Uber Eats— para acompañar una encantadora historia en la campiña francesa y me llevó a descubrir nuevas canciones.

“Leer es resistir” nos dice Benito Taibo, una frase que se repite en mi mente, en mi timeline de Twitter y aparece de vez en cuando en las historias de esa red. Una frase con una gran promesa que este año he podido probar real, quizá brindándole una gota más de significado. Aquí sigo con una especie de tranquilidad que no sentía hace tiempo.

Fotografía tomada por Olivia Camarena

Sí, tengo unas terribles ganas de salir por el brunch y un drink, regresar a las plazas y calles… ¡tomar el sol en la playa! Pero tranquila, al final del día, consciente de que puedo hacer chafa y echarme un viaje express a una ciudad o mundo nuevo. O repetir Halloween todo el año gracias a libros de fantasía llenos de brujas y criaturas mágicas. ¡Hay tantas posibilidades! ¿Quién diría que la lectura terminaría siendo pieza importante en este encierro? Hace 365 días no me lo hubiese imaginado.

Comunicóloga. A veces hablo de libros y escritura creativa, el resto del tiempo colecciono historias y postales. Se me va el avión, una disculpa.
En todas las redes como Bookish Bruha. Esa h no es muda.

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