¿Es Back to the Future racista?

La saga de Volver al Futuro es de las más icónicas de los 80s. El look ochentero de Marty McFly, el Delorean del Doc Brown y múltiples frases se han engranado a la cultura pop. Hasta la parodia a Donald Trump que la secuela hace a través de Biff Tanen toma nueva relevancia en años contemporáneos.

También es una película producto de su época. Producto de varias épocas, más bien. Back to the Future es una excelente cápsula de tiempo (já) o vehículo (doble já) para explorar los pensamientos de la sociedad americana en 1985, así como lo que esta sociedad pensaba sobre los 50s y sobre su futuro.

Respondiendo directamente la pregunta de si es racista: no. Bueno, sí. Pero no como crees. El chiste va a tener sentido luego, ¿okay? Solo sigue leyendo.

Choque generacional: del ‘55 al ‘85 al 2020

Cuando Marty McFly viaja al pasado y se asegura de que sus padres se conozcan, la película aprovecha para usar el choque generacional como un recurso narrativo y cómico.

Una de las primeras escenas en 1955 toma lugar en una cafetería, donde Marty reconoce a quien un día será alcalde de Hill Valley. El joven afroamericano tiene sueños de grandeza, pero su empleador —un hombre blanco— ríe ante la idea de un alcalde negro.

¿Es Back to the Future racista?

Más tarde, conforme Marty se familiariza con el cortejo de la época de sus papás, es testigo de expectativas de género que se demuestran anticuadas. Se entera que su conservadora madre también fue una adolescente con deseo sexual, aunque su versión adulta asegure lo contrario y juzgue por lo mismo a la novia de Marty.

La película presenta las diferencias generacionales como contraste y comparación. Qué diferentes eran esos tiempos. Claro, el protagonista es alguien para quien, a diferencia del futuro alcalde Goldie Wilson o la futura Lorraine McFly, la diferencia entre cómo la sociedad lo trata no es tanta: a lo más, confunden su chaleco a la moda con un salvavidas.

Se van por lo inocente. Qué inclusivos somos ahora, no como antes. Dejan un buen sabor de boca.

Sin embargo, Volver al Futuro no solo representa, también reproduce. Y ahí está la onda. Una cosa es hacer la muy obvia observación de que difícilmente una persona blanca en los 50s vería a un hombre negro en una posición política importante y que para los 80s ya no sería (tan) difícil de pensar. Otra muy diferente es irse por lo menos evidente.

Marty ameniza el baile escolar de sus padres tocando Johnny B. Goode, un clásico de Chuck Berry. Cuando el protagonista toma el micrófono, el vocalista de la banda llama con entusiasmo a su primo: “Chuck, soy yo, tu primo Marvin, Marvin Berry, ¿recuerdas estar buscando un nuevo sonido? Pues escucha esto.” 

¿Es Back to the Future racista?

Chiste de viaje en el tiempo. Es gracioso. Marty accidentalmente inspiró a Chuck Berry tocando su propia canción. Hay docenas más así en la película.

Sin embargo, el borrado de las personas negras en la historia de la música es algo real e importante. El rock de Sister Rosetta Tharpe, Little Richard y Chuck Berry no fue bien recibido entre los blancos hasta que tales como Elvis Presley lo tocaran. A los pocos años, el rocanrol se volvió cosa de blancos en los ojos de la cultura popular.

Inocentemente y entre bromas, sin querer pero sin reflexionar, la película replica y valida ese mismo borrado. En la realidad alterna que Marty creó, un adolescente blanco creó el rock. Hasta poner a Berry como punto de referencia en el chiste aporta al borrado de Rosetta Tharpe.

Y esa es la cosa: es entre chistes. Esa es la seriedad que amerita. 

Analizar, leer y releer

Bueno, este artículo no es realmente para ofrecer análisis de los prejuicios en Volver al Futuro. Más bien quiero aclarar la razón de existir de un análisis así.

El arte y el entretenimiento son producto de su contexto. Entre los fotogramas de las películas encontramos las ideas y pensamientos de las personas que las crearon y las que las consumen. 

Las películas nos gustan porque hablan de lo que creemos y dan fe de nuestros pensamientos. Las películas viejas, en turno, nos hablan del qué y el cómo de lo que se pensaba cuando se crearon, y su popularidad es testamento de que ese qué y cómo resonaron con su audiencia.

Cuando escarbamos en Volver al Futuro, Lo Que el Viento se Llevó o cualquier otra película que nos antecede, lo hacemos para encontrar, como dije, una cápsula del tiempo. El sujeto de estudio no es la película en sí, sino el reflejo de su sociedad que trae empaquetado.

Cuando te topes con un artículo o análisis así, tenlo por claro: nadie lo está haciendo para “cancelar” o “prohibir” lo que te gusta (¿qué poder tendría realmente un artículo para hacer eso?).

Indagar en lo que representa una película —sobre todo una película vieja— no necesariamente se hace para señalar y acusar. Existen matices.

No asumo que hayan malas intenciones entre las personas detrás de Volver al Futuro. Sí asumo una muy marcada ignorancia y en el mejor de los casos accidental complicidad hacia problemáticas de justicia social. Me gustaría esperar una mejor consciencia de las mismas del entretenimiento que se genera estos días. 

Pero de todas formas, discernir si lo hace a propósito o no no sería el chiste del artículo. La conclusión última sería la necesidad de un consumo y una creación activa. Afrontamos las películas y series que disfrutamos con consciencia  y crítica, no para descartar y “cancelar”, sino para enriquecer nuestra lectura de la obra y entendimiento del mundo a nuestro alrededor.

Comunicólogo, ensayista y crítico. Escribo sobre ese punto de encuentro entre cultura pop y las problemáticas socioculturales para entender a los poderes que las producen y los públicos que las viven.

Mantengo Plumas de Golondrina, un blog de análisis, crítica y reflexión.

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