Entre Rousseau y Hobbes, me quedo con Shelley

“…conviértete en el sufrimiento de tu prójimo, y el autor de tu ruina inmediata.”

La Criatura a Víctor Frankenstein, página 114, “Frankenstein”

¿A caso la maldad es algo con lo que nacemos todes o una condición que se nos impone a través de las injusticias de la sociedad?

Esta es una cuestión con la que cualquier estudiante de filosofía se topa al llegar al eterno debate entre las teorías de Jean-Jacques Rousseau y Thomas Hobbes. Hobbes argumentaba que todas las personas nacemos malas, todas como monstruos que siempre optarán por la gloria personal acosta de la paz. Su solución fue un Leviatán, un monstruo mayor al que, mediante un Contrato Social, le otorgaríamos poder absoluto y quien tendría la capacidad de mantener el monopolio de la violencia. Rousseau, por su parte, consideraba que las personas en su estado natural —el del Buen Salvaje— no conocen la maldad y son pacíficas por naturaleza. Decía que la raíz de la maldad yacía en las “cadenas” que la injusticia de la sociedad impone.

Hay argumentos que apoyan ambas teorías y otros, como el de Adam Smith, que optan por eliminar el factor de maldad por completo. Sin embargo, creo que eliminar la maldad por completo no brinda ningún servicio a nadie. Algo más carece de estas teorías.

No presumo tener una respuesta concreta, pero tengo que reconocer que ambas teorías maltratan el rol de la responsabilidad dentro de nuestros actos. Si nuestra naturaleza, como dice Hobbes, es la maldad, entonces ¿la culpa de nuestra maldad la tiene un Leviatán que no pudo ejercer su trabajo de monstruo mayor? Si no tuve otra opción más que volverme mala, como dice Rousseau, por mi lugar en la jerarquía social, ¿puedo ser responsable por mi maldad?

Al estudiar estas teorías por primera vez, no pude más que relacionarlas con “Frankenstein”. Tampoco soy la primera. Existe demasiada academia entorno a la relación de Rousseau, en específico, y a la obra de Mary Shelley. A fin de cuentas, es lógico que Shelley haya sido influenciada por el filósofo ya que su padre, William Godwin, lo conoció personalmente (y también es proveniente de Geneva, al igual que Víctor Frankenstein). Ya que las teorías de Rousseau refutan a Hobbes directamente, éste también es mencionado, pero no existe mucho que dibuje una conexión directa entre “Frankenstein” y él. Esto se me hace particularmente extraño ya que —y no soy la única en reconocerlo— al comienzo de “Leviatán”, Hobbes describe a éste como un “hombre artificial”. También Hobbes culpaba a la igualdad como la causa de todos los problemas, pues es la necesidad de La Criatura de sentirse igual que el resto de las personas —y la comprensión que nunca lo será— lo que lo llevan a su monstruosidad, según La Criatura.

La mutabilidad —o la falte de— y el diseño de las cosas son temáticas recurrentes de la novela. Las y los protagonistas quieren asignar un diseño fijo a todo y a todas las personas que conocen, incluyéndose a sí mismos. La primera vez que conocemos a Víctor Frankenstein, a través de la narración del Capitán Walton, le asegura a su compatriota que sus propósitos están tan fijos como su destino. Para él —quien acusa a la tripulación de traicionar a su “diseño” cuando le piden a Walton regresar— la indecisión es la causa de sus males, la desviación de su diseño. Un diseño que, originalmente, buscaba avanzar en la ciencia por el bien común y que fue corrompido por la ambición, tornándolo malévolo al crear a La Criatura. Esto pondría a Víctor firmemente dentro de la teoría de Rousseau, ya que argumenta que no poseía maldad hasta ser corrompido. Aunque aquí yo argumentaría, ¿fue la creación de La Criatura, incitada por su “diseño”, la que causó los asesinatos de sus personas queridas? ¿o su evasión de la responsabilidad que le debía a su Criatura —la cual él mismo asume en su lecho de muerte— y sus decisiones concretas de ser “héroe” y no “padre”?

Aristóteles creía que, para ser humanos, teníamos que pasar por un proceso y que sólo al final de éste podríamos ser considerados como parte de nuestra especie. Este proceso tenía 4 causas: la material, la cual proveía la sustancia; la formal, la cual determinaba la forma de esta; la eficiente, la cual le daba no sólo forma, sino la forma correcta a través del tiempo; y la final, la cual le brindaba vida al organismo. Hoy en día, podemos considerar otras cosas como determinantes de nuestra humanidad, como el ADN, nuestra inteligencia emocional, etcétera. Pero consideremos a Aristóteles por un momento y contrastémoslo con el proceso que Víctor Frankenstein sigue para dar forma y brindar vida a su Criatura. Aristóteles se refería a este proceso a partir del nacimiento, pero La Criatura lo atraviesa por completo hasta el momento exacto en el que cobra vida y después es fijada eternamente al diseño que Víctor le da. Esto pone a La Criatura del lado de Hobbes, un “hombre artificial” con un diseño estático, quien, como el Leviatán, es dotado de fuerza sobre natural y por ende nunca podrá ser venerado, sino temido. Una vez más me interpongo y pregunto: ¿la fuerza que posee La Criatura solo puede ser utilizada para mal? ¿A caso no ejerce su voluntad sobre sus acciones como el ser racional que es?

He aquí el debate de Rousseau y Hobbes mediante dos personajes icónicos, pero, si bien se malinterpreta que Frankenstein es La Criatura y que ésta carece de inteligencia y elocuencia, creo la mayor desgracia hacia la novela está en olvidar al personaje que enmarca la narración experta de Shelley: Walton.

El Capitán Walton escoge negar su “diseño” —sus aspiraciones de gloria personal— y abandona su misión por el bienestar de su tripulación, algo que ni La Criatura ni Víctor son capaces de hacer por estar en el encierro de su angustia individual. Walton no es un santo, posee la habilidad de insistir con su misión y de poner en riesgo vidas ajenas por el “bien común” y no está feliz de tener que regresar a casa fracasado. Sin embargo, Walton representa a la responsabilidad y nos demuestra que la maldad, la “monstruosidad”, no es algo con lo que nacemos o que se nos impone, sino un espacio que nosotras las personas habitamos conscientemente al ser seres racionales y al cual le debemos la responsabilidad -a través de nuestra voluntad propia- de abandonar o evadir por completo.

Nadie forzó a La Criatura para asesinar a un infante en sangre fría, ni su diseño estático ni la crueldad de los De Laceys. Nada forzó a Victor Frankenstein a darle la espalda a su creación o brindarle vida en una primera estancia. Él mismo, con la objetividad que brinda el paso del tiempo, reconoce que, por más que sus experimentos tuviesen, según él, la finalidad del bien común, debió haber reconocido su cercanía a la monstruosidad, cuando se vio tan consumido por su trabajo que ignoró a quienes quería. Inclusive, después de que su creación hubiese asesinado a su hermano, persistía con su mentalidad cerrada sobre el diseño fijo de quienes lo rodeaban y no se dejaba aceptar que fueron sus decisiones voluntarias las que lo llevaron a su desolación.

Es por esto que Walton es necesario y el único que se queda con su vida al terminar la novela. Y, es por ello que, entre Hobbes y Rousseau, me quedo con Shelley.

 

TRAUMATIC RESPONSIBILITY VICTOR FRANKENSTEIN AS CREATOR AND CASUALTY por JOSEPHINE JOHNSTON

Frankenstein’s Monster: The Modern Leviathan por Jevon Scott Kimmerly-Smith

Frankenstein o El Prometeo Moderno por Mary Shelley

FUENTES DE IMÁGENES

https://comics.ha.com/itm/original-comic-art/illustrations/bernie-wrightson-mary-wollstonecraft-shelley-s-frankenstein-front-endpapers-illustration-original-art-late/a/7229-91046.s

https://readdurhamenglish.wordpress.com/2016/10/24/new-podcast-the-gothic-theology-of-frankenstein/

Stephi. Soy feminista, tengo 21 años y estudio Comunicación en la Anáhuac Mayab. Procuro leer tanto como lo hacía en la primaria y ver todas las películas y escuchar todos los álbumes que pueda antes del Apocalipsis.

Sigo aprendiendo y no pretendo dejar de cometer errores. Solo espero que sea uno diferente cada vez.

Bi.

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