Entendiendo al legislador plurinominal

En México, de forma quizás paradójica, a los ciudadanos les gusta la idea de la democracia; mientras que miran con desdén a su parlamento, a los partidos políticos y a los legisladores. Entre estos últimos, la figura del legislador de representación proporcional, comúnmente conocido como plurinominal o pluri, es notoria por cargar una connotación particularmente negativa entre la población. Con una nueva propuesta de MORENA para disminuir la cantidad de senadores de 128 a 96, eliminando a los plurinominales, vale la pena revisar una vez más esta polémica figura política, su función en el proceso de creación de leyes y la vigencia del sistema mixto en la integración de ambas cámaras del Congreso de la Unión.

Empecemos por el principio: ¿qué es un legislador de representación proporcional y cómo llega al poder?

Un legislador plurinominal realiza las mismas funciones que un diputado o senador electo directamente. La única diferencia entre ambos es la vía o principio por el que ocupan ese escaño. Los legisladores por mayoría relativa son electos cuando reciben la mayor cantidad de votos directos de su distrito o su entidad federativa. Por otra parte, los legisladores plurinominales, aunque el ciudadano comúnmente piensa que no vota por ellos, son electos según el porcentaje de votos que haya tenido su partido en las elecciones.  Es decir, mientras que uno llega al Congreso con base en una sola variable (cuántos votos recibe), un plurinominal es elegido por dos variables: el porcentaje de votos que reciben sus compañeros de mayoría relativa y su posición en la lista de candidatos propuesta por su partido político (y que normalmente se encuentra en la parte posterior de la boleta electoral). Simplificado: mientras más votos recibe un partido por sus candidatos a diputados y senadores, también tendrá derecho a más plurinominales. Eso sí, al momento de repartir curules (asientos en el Congreso), en la Cámara de Diputados no puede haber más del 8% de diferencia entre el porcentaje de asientos asignados y la votación obtenida por un partido, ni pueden tener más de 300 diputados por partido. En el Senado de la República, por su parte, como sólo hay una lista que cubre a todo el país en vez de 5 circunscripciones como en la Cámara Baja y hay otros 32 senadores elegidos por el principio de primera minoría, no existe una regla limitando directamente el porcentaje de sobrerrepresentación.

Una de las principales quejas por parte de la ciudadanía en cuanto a los pluris suele ser que esta forma de representación da pase directo a los partidos sin el voto ciudadano. Y es que, sin un mandato directo por ser “el más votado” en unas elecciones como el resto de los diputados y la mayoría de los senadores, el legislador plurinominal suele sufrir de una carente legitimidad frente a la población. El votante, al ver que una vez electos la tarea de ambos tipos de legisladores es igual, fácilmente se pregunta: ¿por qué necesitamos legisladores de representación proporcional?

Los diputados y senadores plurinominales cumplen una doble función en el espacio legislativo en México, pues brindan equilibrio y pluralidad al Congreso, dos características muy importantes en cualquier democracia. Los pluris contribuyen a que no exista sobrerrepresentación en nuestro Parlamento, a que los partidos pequeños participen en la toma de decisiones y que las distintas corrientes y opiniones entre los ciudadanos sean parte del debate en las Cámaras. Para ilustrar su importancia, podemos analizar dos de las elecciones más recientes en el país, asumiendo que nuestro sistema electoral fuera únicamente de mayoría relativa.

En las elecciones intermedias de 2015, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) recibió sólo el 30.3% de los votos validos. Sin embargo, con 155 legisladores electos a su favor de los 300 curules en juego (o el 51.6%), hubiese obtenido la mayoría en la Cámara de Diputados. Es decir, con una sobrerrepresentación del 21%, el PRI, quien recibió menos de un tercio de los votos, hubiera tenido más de la mitad de los diputados. En el caso de las elecciones de 2018, en un contexto de alternancia política que vio a Andrés Manuel López Obrador ganar la presidencia, la coalición Juntos Haremos Historia liderada por MORENA también ganó 218 diputaciones por mayoría relativa de 300 (o el 73%), pero recibió “sólo” 42% de los votos de la Cámara Baja. En el Senado, con una victoria igual de sorprendente, la misma coalición también obtuvo 50 asientos, el 78% de los 64 disponibles con el 42.2% de los votos recibidos.

El límite de 8% y la inclusión de representación proporcional en la Cámara Baja ayudó a disminuir la presencia final de MORENA a 306 diputados, representando el 61% de la Cámara. Una cifra impresionante, sin duda, pero lejos de los casi tres cuartos que hubiera tenido originalmente. En el caso del Senado, aunque el principio de primera minoría es responsable de proveer gran parte del equilibrio al disminuir la sobrerrepresentación de 35% a 15%, los senadores plurinominales la reducen todavía más, teniendo un 11% al final.

Más allá de traer equilibrio en el número de curules y pluralidad al debate dentro del Congreso, las listas de plurinominales también representan una oportunidad para que los partidos pongan candidatos con experiencia para negociar a su favor en iniciativas que reciben menos atención por parte del público (especialmente los partidos más pequeños), o con experiencia trabajando con otros partidos políticos. De igual modo, algunos partidos deciden incluir candidatos con opiniones menos populares y que, por lo tanto, sería poco probable que ganaran en una elección de mayoría relativa, pero que consideran es importante incluir en la conversación y la discusión en la toma de decisiones.

Una vez establecido qué es un legislador de representación proporcional y explorado su importancia en la conformación del Congreso de la Unión Mexicano, uno podría preguntarse: ¿Por qué son tan impopulares entonces? O bien, para los más fervientes críticos, ya tener en mente una miríada de reproches.

Un descontento recurrente suele ser el gran costo al erario público que representa mantener a 264 legisladores “extra” en el Congreso. Un argumento válido en un contexto en el que los diputados y senadores en nuestro país se aumentan sueldos y asignan bonos arbitrariamente, pero que pierde de vista el problema real. A contramano, el alto precio que se carga a los impuestos del ciudadano cuando hablamos del funcionamiento del Congreso tiene que ver directamente con la configuración actual del cuerpo legislativo y de la cultura política entre los legisladores. Un verdadero deseo de ahorrar se debe traducir en una restructuración a fondo de ambas Cámaras y de las prestaciones de los diputados y senadores. Esto podría reflejarse en cambios institucionales, como disminuir el excesivo número de comisiones (86 permanentes en México vs 32 en promedio en el resto de Latinoamérica), redestinar recursos para apoyar organismos administrativos independientes y extender los periodos de sesiones (igualmente de los más cortos en la región)[1]. De igual manera, se podría racionalizar el presupuesto, reduciendo el capital disponible para los grupos parlamentarios y con reformas que garanticen la supervisión de los gastos de estos últimos. Finalmente, hace gran falta una evaluación y reforma de los privilegios y prestaciones que los legisladores reciben por hacer el trabajo para el que fueron electos.

Con todo esto presente, si esta administración, como alguna vez lo hizo el PRI, busca justificar la eliminación de los plurinominales bajo un argumento de austeridad, nos encontramos con dos conclusiones igual de alarmantes: por una parte, la propuesta se podría interpretar como una estrategia política disfrazada por argumentos económicos para consolidar una mayoría más contundente en el Poder Legislativo, con mira en las siguientes elecciones; por otra, nos encontramos con un gobierno tan envuelto en un discurso demagógico, que no es capaz de identificar las fuentes de derroche reales e implementar reformas que resulten en un Congreso de la Unión más eficiente en su funcionamiento y gasto.

Otro problema común suele ser quienes ocupan los primeros lugares de las listas plurinominales. Visto anteriormente, el lugar que ocupa un candidato en la lista plurinominal determina de igual forma sus probabilidades de ocupar un asiento en el Congreso. Por eso, quienes encabezan las listas, tienen un lugar prácticamente asegurado. Los partidos políticos suelen aprovechar el poco conocimiento general sobre los legisladores de representación proporcional y las listas para acomodar a personajes que, en diferente medida, suelen ser poco populares. Entre los diputados y senadores plurinominales en pasadas legislaturas (y la presente) se encuentran ex gobernadores, ex miembros de gabinete, actores y actrices, entre otros. Aunado este cinismo a la comunicación marginal que existe entre plurinominales y los ciudadanos de la circunscripción que representan, es entendible la frustración del mexicano frente a esta figura política. Para cerrar la brecha entre la clase política y la ciudadanía, es necesario demandar atención y explicaciones. Como instituciones de representación, los partidos rinden cuentas a todos los ciudadanos, no sólo a su electorado. Sólo exigiendo aclaraciones sobre los candidatos a los partidos, llamando a nuestros funcionarios públicos, votando de forma informada y vigilando al poder, puede el ciudadano, con las condiciones actuales, condicionar a los partidos y reclamar lo que ahora le parece ajeno: una representación digna.

Vía: La Unión Noticias

Entonces, ¿hay que eliminar a los plurinominales o no? Es difícil decidir si la mejor opción incluye deshacerse de estos legisladores en vista del panorama político y social que se vive en México actualmente. En el caso específico de la propuesta de MORENA, hay méritos para considerar esta decisión como viable. Se debe reconocer que, en el Senado, los legisladores de primera minoría son realmente los responsables de corregir las distorsiones producto del sistema de mayoría relativa, mientras que los legisladores de representación proporcional sólo las mitigan. Eliminarlos no es una mala idea per se, siempre y cuando podamos creer y confiar que no se trata de una estrategia para hacerse con más poder.

Lo que queda claro, más allá de la propuesta son dos cosas: la importancia del plurinominal y del sistema mixto en el proceso legislativo y la necesidad de reformar estos mismos. Es la opinión del autor que la raíz del disgusto y apatía hacia los pluris está justificada, pero nace de la política partidista mexicana, las escandalosas prestaciones de los funcionarios y la ética de trabajo de los legisladores de todo tipo en ambas Cámaras. Es decir, existe una confusión general entre la figura del legislador de representación proporcional y las personas que ocupan el escaño: confundimos al diputado o senador plurinominal con el político. Para reconciliar a ambos con la ciudadanía, hace falta adoptar, de manera comprensiva, todas las estrategias exploradas en este texto: deshacerse de comisiones redundantes, delegar tareas legislativas, evaluar y racionalizar el presupuesto acordemente, establecer espacios para rendiciones de cuentas y construir canales de comunicación efectivos entre legisladores y ciudadanos. El legislador plurinominal es conocido como uno sin mandato legítimo, corrupto y caro. No tiene por qué ser así. Con acciones de la ciudadanía y del Congreso actual, la figura del plurinominal puede ser una de verdadera representación, una con la que el ciudadano se identifique y que cumpla con la importante labor de enriquecer y diversificar la democracia mexicana.

 

[1] Casar, M. A. (2018, August 22). El presupuesto del Congreso. Retrieved October 8, 2019, from https://www.excelsior.com.mx/opinion/maria-amparo-casar/el-presupuesto-del-congreso/1260106.

Estudiante de Ciencias Políticas y Derecho Internacional en un Programa de Doble Titulación entre L'Institut d'Études Politiques de Paris (Sciences Po) y the University of British Columbia.

Obsesionado con el estudio del poder, me dedico a interpretar, evaluar y explicar eventos, patrones y estructuras de política.

Yucateco primero. Lo único que me gusta más que una buena conversación es un buen café

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