Entender las estructuras

El texto con el que pretendo titularme analiza la forma en la que operan las estructuras de Poder en el contexto de la “guerra contra el narco”. Creo que las notas de ese texto nos pueden ayudar a entender un poco la realidad en la que estamos viviendo. Advierto que no estoy seguro de si existe una solución, pero, por lo pronto, visibilizar estas estructuras es un primer paso necesario. También advierto que, en contraste con otros textos de mi autoría, no hay humor que pueda suavizar este texto. Al menos yo no lo conozco.

Comenzaré por el marco teórico que nos va a acompañar. En los años 70, Michel Foucault acuña el término “biopolítica” para referirse a la forma en la que el Estado controla a sus ciudadanos. Se tiene un Poder sobre la vida, se “hace vivir” siempre y cuando se ajuste uno a las normas sociales. La teoría de Foucault tiene dos problemas; 1: es pura filosofía sin casos prácticos, 2: solo considera a Occidente (la Sorbonne no es todo el mundo).

Autores posteriores problematizarán respecto al segundo punto. ¿Qué pasa fuera de Occidente? El que nos compete se llama Achille Mbembe, quien adecúa la “biopolítica” al contexto de África. Para Mbembe, el “tercer mundo” no se rige por el “hacer vivir” sino por su opuesto: “hacer morir”. ¿Qué significa esto? Que en contextos de pobreza y marginación es más cómodo para la estructura de Poder precarizar a los individuos que obligarlos a vivir de cierta forma. Esto se logra a través de la violencia ejercida en microespacios sujetos a la suspensión de garantías y por agentes, tanto del Estado como externos: milicias privadas, grupos terroristas, guerrillas…

Achille Mbembe (Camerún, 1957)

En resumen, tenemos una estructura de Poder que se basa en el “hacer morir” y que puede ser ejercida en pequeños espacios por grupos de control no estatales dentro de un “Estado de Excepción” prácticamente permanente. Esta es la “Necropolítica”.

En un espacio Necropolítico, la violencia es el instrumento que infunde miedo en quienes lo habitan. Este miedo controla a las personas, quienes ceden sus libertades (derechos) y, al hacerlo, mueren en vida. O peor, si se niegan a sacrificar su libertad, mueren de verdad. ¿Entonces? ¿Es mejor ser un muerto viviente? La realidad es, siempre, más compleja. En el caso de México, los agentes del Estado operan casi sin ninguna regulación, por lo que terminan fungiendo como otro de estos grupos externos. Los microespacios se llaman plazas, controladas por uno u otro Cártel, la Policía Federal o la SEDENA.

Los retenes, los bloqueos, las camionetas con torretas encima son generadores de miedo. El muerto viviente se personifica en el papá que tiene que pedirle a sus hijxs que se queden agachados casi debajo del coche; en la señora que corre con su hijo en brazos; en la ciudad paralizada en menos de cinco minutos.

Insisto en lo mencionado al principio. ¿Qué hacer? La única opción real es cambiar de tajo la estructura. La única opción viable es acostumbrarse a ser un muerto viviente. Hoy de verdad me gustaría tener más para decir. No estoy de acuerdo con las voces que clamaban otra masacre, tampoco con las que aplauden un operativo mal ejecutado. Son de esos meses en los que México se lleva lo mejor de mí.

La próxima quincena, anotaciones sobre las expectativas.

Referencias:

Achille Mbembe: https://aphuuruguay.files.wordpress.com/2014/08/achille-mbembe-necropolc3adtica-seguido-de-sobre-el-gobierno-privado-indirecto.pdf

Michel Foucault: https://seminariolecturasfeministas.files.wordpress.com/2012/01/foucault_michel-historia_de_la_sexualidad_i_la_voluntad_de_saber.pdf

Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

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