¡Enhorabuena! Se ha logrado la representación LGBTQ en el cine, ¿no?

Por: Stephania Pérez

Pareciera que cada par de años, la industria del cine celebra su exitosa inclusión de la comunidad LGBTQ+ en sus proyectos. Se dijo en 2005 con “Brokeback Mountain” cuando Jake Gyllenhall y Heath Ledger, aparentemente destinados para ser “heartthrobs” heterosexuales, se fueron en contra de toda expectativa y representaron a una pareja homosexual de cowboys.  ¡Por fin se logró! Sin embargo, algo muy similar había pasado en 1991 con River Phoenix y Keanu Reeves en “My Own Private Idaho”, otro par de hombres cis, heterosexuales. Y de nuevo con Timothée Chalamet y Armie Hammer en “Call Me By Your Name”, un par de hombres blancos, cis…

…espera un segundo, puede que haya un patrón aquí.

Tal vez si todas las personas de la comunidad LGBTQ+ cupieran en ese perfil, sí hubiese algo que celebrar, pero -y puede que sorprenda a algunas personas- no todas las historias LGBTQ+ consisten de dos hombres blancos, homosexuales y cis.

La interseccionalidad es un requisito al hablar de la representación, pero el cine -especialmente el cine “mainstream”- se ha hecho de la vista gorda desde que la palabra “gay” entró a la conversación. Mientras promueven un incremento de personajes LGBTQ+ en sus películas -aunque ese incremento haya sido de tan solo 4 décimas entre 2018 y 2019- curiosamente se quedan callados cuando organizaciones como GLAAD (Gay and Lesbian Alliance Against Defamation) sacan las alarmantes cifras de que, por tercer año consecutivo, el porcentaje de personajes LGBTQ+ no blancos en el cine disminuyó, junto con el porcentaje de personajes lesbianas y bisexuales. En cuanto a representación trans, ha sido nula en el cine durante ese mismo rango de tiempo.

No falta quien señale: “¿Y Moonlight? ¿Y Una Mujer Fantástica?”

A lo que yo respondo: exactamente.

La buena representación de la comunidad LGBTQ en el cine sí existe. Sabemos cómo se ve. Más que nada, el solo hecho de que exista pero no sea la regla, sino la excepción, le echa sal a la herida.

La conversación acerca de las políticas y términos de las distribuidoras y exhibidoras -especialmente en México- es su propio tema, pero yo tengo otra hipótesis sobre qué podría estar ocasionando esta representación incompleta de la comunidad LGBTQ+ y empieza con hacernos esta pregunta: ¿Bajo qué lente se nos están presentando las historias LGBTQ+?

Buena representación no se encuentra solamente entre “¡acción!” y “¡corte!”. No cae solamente en el actor que, si es heterosexual y cis tiene que hacerse experto o experta en cuestión de meses o si sí es parte de la comunidad tiene que responsabilizarse de una identidad que puede manifestarse en una infinidad de maneras. La buena representación se da enfrente y detrás de la cámara.

Quiero aclarar que no estoy diciendo que solo las personas pertenecientes a una minoría puedan crear historias acerca de esa minoría, o personajes pertenecientes a esa minoría. Este es un argumento problemático por si solo porque da paso a la excusa: “Si soy un hombre blanco, hetero y cis solo puedo crear historias entorno a otros hombres blancos, heteros y cis ya que es lo único que conozco.” Claramente no es el caso.

Un gran ejemplo lo podemos ver en el reciente fenómeno de “Euphoria”, cuyo creador Sam Levinson ha logrado brindar personajes LGBTQ+ tridimensionales a su audiencia sin ser parte de la comunidad él mismo. Y no busco que se le aplauda esto, pues buenos personajes LGBTQ+ deberían ser el estándar mínimo, porque tampoco es terriblemente complicado. Levinson trabajó de una manera muy colaborativa con la actriz trans Hunter Schaffer al momento de crear su personaje, Jules. Trajo a Jeremy O’Harris para consultar durante la primera temporada y el dramaturgo negro y queer se quedará como coproductor para la siguiente temporada. ¿Su gran y mágica estrategia? Preguntar y colaborar con personas pertenecientes a la comunidad sobre la que crea contenido.

Vía IMDB

En el lado opuesto de este espectro, y aquí se tiene que empezar a mencionar la diferencia de la representación LGBTQ+ que se está viendo en los programas de streaming o televisión a comparación de lo que se ve en el cine, se encuentran proyectos como “Green Book” y su representación del pianista virtuoso negro, el Dr. Don Shirley. Fue escrita por dos hombres blancos y protagonizada por otro hombre blanco, desde cuya perspectiva vemos al supuesto sujeto de la historia, y es lamentable -pero ya no sorprendente- que La Academia le haya otorgado la estatuilla a mejor película cuando dos años a tras había premiado a “Moonlight”. La misma familia de Shirley la ha llamado una “sinfonía de mentiras” pero una parte de la audiencia -me voy a arriesgar a decir que esta parte era blanca- insistía en defender la manera reductiva y simplista en la que se abordó el tema del racismo en la película. Los escritores optaron por darle una sola escena a la cuestión de la sexualidad de Shirley en donde lo único que le agrega a la trama es más puntitos de aliade al personaje de Viggo Mortensen. Pregunto de nuevo: ¿Bajo qué lente se nos están presentando las historias LGBTQ+? Y agrego: ¿Bajo qué lente se nos están presentando las historias LGBTQ+ de personajes no blancos?

Quiero volver a enfocarme a lo que pasa enfrente de la cámara por un momento para hablar sobre la representación de personajes trans por parte de actores cis. Existe un debate sobre si solo personas trans deberían interpretar personajes trans. ¿Hay algo problemático acerca de la interpretación de Glen Close como Albert Nobbs? Eddie Redmayne ofreció una gran actuación en “La Chica Danesa” e inclusive se opuso a los comentarios transfóbicos de la escritora de su actual franquicia. Como mujer cis, no es mi lugar decidir estas cuestiones, pero cabe recalcar que, en Hollywood y en la mayoría del mundo, las, los y les actores trans solo reciben oportunidades de interpretar personajes trans. Ahora delimitemos aún más esa pequeña tasa de oportunidad al señalar que la mayoría de estos papeles en el cine se están yendo a personas cis. ¿De qué se trata?

No quiero ser completamente pesimista porque, como ya mencioné, existen aliades que buscan acabar con el lente reductivo bajo el cual se están produciendo historias LGBTQ+, pero es hora de ampliar las voces de aquellos miembros de la comunidad LGBTQ+ que, hasta horita, el cine ha ignorado a cambio de complacer a las audiencias blancas, heteros y cis (es cansando toparnos con esos mismo tres términos tantas veces, ¿no?). Lo mejor que podemos hacer como aliades la mayoría de las veces es callar y pasar el megáfono en vez de hablar por quienes decimos apoyar.

Sí, hay mucho que celebrar. Reconozco las victorias, pero tenemos que entender que lo que se celebra son las puertas que se están abriendo, la oportunidad de empezar a hacer lo que no se ha logrado a lo largo de la historia del cine. Ahora empieza el verdadero trabajo.

Referencias:

https://www.indiewire.com/2020/07/lgbtq-film-glaad-report-2019-1234574446/

https://afropunk.com/2020/03/jeremy-o-harris-hbo/

https://www.nytimes.com/2019/02/13/movies/green-book-jussie-smollett.html?auth=login-google

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