El vuelo de las palomas blancas

Hace un par de días, conversaba con mi madre por el motivo de su próximo cumpleaños; la notaba entusiasmada por cumplir un año más de vida a pesar de esta situación social tan difícil. Esta forma de sobrellevar la realidad me hizo reflexionar sobre un cambio de actitud por parte de ella, algo que ha estado reconstruyendo desde hace ya algunos años. En mi reflexión personal concluí que este cambio tiene su origen desde que se separó de mi padre y es que la separación de mis padres obviamente impactó en la cosmovisión que tenía mi familia sobre el amor. Fue una decisión que ambos decidieron tomar, reconociendo que, ya no había motivos tan fuertes que siguieran nutriendo a su relación de más de 20 años. Concluyendo la conexión de pareja de forma pacífica y tomando acuerdos por motivo de su hija e hijo, pero sobre todo por una paz mental.

Después de ese suceso, el tono de las conversaciones cambió. Mi madre decidió asistir a terapia donde pudo aliviar muchas cargas del pasado. Ella cambió, ya no hablaba de que la felicidad plena era encontrar una pareja y tener hijos, es más, ya no nos apresura en ello. Al contrario, nos motiva a que vivamos diferentes experiencias antes de formalizar una familia si es que está dentro de nuestros planes. Se hizo más autónoma en las decisiones sobre su vida, cambió los muebles y la decoración de la casa. Adoptó a un perrito que tiene la posibilidad de dormir en las camas o sillones, antes eso era impensable. Hasta se hizo más amiga del medio ambiente, recicla más, ha implementado nuevas formas de cuidar el agua, la ropa, la comida, y bueno, fueron muchos aspectos que decidió cambiar.

De la misma forma mi padre, quien desarrolló un rechazo hacia muchas de las perspectivas y prácticas machistas. Modificó su forma hermética de percibir la vida, rodeada de tradiciones y costumbres cristianas y conservadoras. Cuando yo quería estudiar la carrera fuera de Oaxaca él se negó rotundamente, pero cuando tuve la oportunidad de hacerlo, me apoyó en mi travesía. Se volvió más sensible hacia los sentimientos, y aunque le ha costado, trata de expresarlos en todo momento, reconociendo que no es fácil cambiar de un día para otro. Cuando va por mí al aeropuerto me manifiesta la alegría de verme, y al dejarme me comparte lo orgulloso que está por mí rodeado de ojos húmedos que retienen lágrimas esperando salir con su abrazo de despedida.

“La costumbre es más fuerte que el amor”

Al final, con la separación de mis padres pude comprender que el amor no siempre es una manifestación de por vida, es decir, en un amor sentimental de pareja, no podemos asumir que será duradero por la eternidad. Y es que eso es lo que hemos visto en los cuentos de hadas “vivieron felices por siempre”, pero sobretodo, quienes nacimos dentro de un matrimonio asumimos que eso era nuestra aspiración. Ser como nuestros padres, con un matrimonio, una casa e hijos. No nos hemos dado cuenta de lo peligroso que puede resultar forzar este ideal.

Esta forma de ver la vida puede estar cargado de muchas ilusiones bellas, propias del enamoramiento, pero también lleva consigo muchas presiones sociales asociadas a la edad, el empleo, las preferencias sexuales y el éxito profesional, entre otras. Con esto me refiero a que, cuando una persona no tiene una pareja, el sentimiento de que está envejeciendo cobra peso “pierdo mi juventud y con ella mi belleza”. El empleo, relacionado con el éxito profesional “debo tener el dinero suficiente para comprar una casa y mantener a mi familia” “¿quién va a querer a alguien que no es económicamente independiente?” En la cuestión de las preferencias sexuales, esta presión social de la familia y el matrimonio, hace que muchos/as jóvenes no se atrevan a vivir y expresar su sexualidad, por temor al castigo social que en muchas ocasiones vienen del núcleo familiar.

Así mismo, quienes están en una relación también se ven rodeado de estas presiones. “Es mejor estar mal acompañado/a que en soledad” Muchas relaciones son forzadas a quedarse, a pesar de que la magia del enamoramiento ya pasó, o que tal vez se ha hecho una costumbre verse los sábados y no hablarse hasta la siguiente semana. Son presionados por las fotografías que se suben en redes sociales de parejas que cumplen cinco meses y son felices viajando. Porque al final del día solo veremos en redes su felicidad y no sus problemas. El punto radica en que, no está mal ese tipo de fotos en redes, sino el anhelo de ser esa pareja. Porque entonces hace falta un motivo de felicidad.

Las relaciones sentimentales no deben forzarse en ningún sentido. Por lo regular, la idea patriarcal nos indica que se debe buscar un control y poder de alguien dominante hacia alguien que no lo es. Una relación cargada de celos, inseguridad, aburrimiento y opresión, mitiga un elemento sustancial del amor, que es la libertad. Quienes forman parte de una relación deben sentirse libres de tomar decisiones bajo la línea de los acuerdos de la relación. Si se tiene que mentir u ocultar algo, es porque no existe la confianza. Si se vive con el miedo de lastimar a la otra persona con la verdad, es porque preferimos evitar conflictos, que alterarían nuestro curso de vida. Al final como lo dijo Juan Gabriel, “la costumbre es más fuerte que el amor”. Nos quedamos con esa persona en honor a los años que llevamos.

Hace falta mucha fortaleza en una relación para ser quienes de verdad somos. Sin cubrir emociones, deseos, sentimientos. Sin mentir por temor a quedarnos en soledad. Sin tener que forzar una relación y estirarla lo más que se pueda por miedo a no encontrar alguien que nos ame. El tiempo que llevan no debe ser jamás un factor que determine la durabilidad de una relación. Ni los proyectos en común, ni la renta en conjunto, los viajes planeados, la aceptación familiar o de amistades, es más, ni siquiera, el haber tenido hijos debería ser una causa de obligación a quedarse en un ambiente en el que no te sientes en plenitud.

Yo lo aprendí de mis padres, las relaciones no siempre tienen que durar toda la vida. Y habrá parejas que lleven muchos años e incluso que fallecieron viviendo en pareja, de ellas se destacan aprendizajes que no son tan secretos: la comunicación, la verdad, la seguridad de ser quien eres en realidad, el apoyo mutuo, la libertad, entre muchos otros factores que hacen crecer a una relación. Si un día nuestra pareja nos dice que ya no siente amor, debemos dejarla ir, y lo mismo aplica si es que nosotros/as ya no lo sentimos. Es necesario tener en mente que las relaciones deben vivir en un presente, y no presionarse por construir un futuro muy lejano. Nunca debes quedarte en un lugar que te presiona a ser alguien que no eres en realidad, lo único que provocará será una serie de actos violentos, de forma mental, física y espiritual.

El amor se construye desde la libertad de ser, de quedarte y de marcharte. Yo vi a mis palomas blancas volar, y veo que su vida sigue. Amo a mi madre y a mi padre de forma especial, más allá de un matrimonio, son personas importantes para mí. Si pretendemos construir una relación duradera, debemos partir por el ideal básico de no cubrir nuestra verdadera esencia, nuestros sueños y anhelos. Una relación es como una planta, que necesita ser regada y abonada constantemente. El amor que se cuida adecuadamente regala hermosos frutos.

Paradójicamente la canción que les recomiendo escuchar en esta ocasión es “Palomas Blancas” de Natalia Lafourcade.

Él/He
Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

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