El último dictador de Europa

El pasado domingo 9 de agosto, se llevaron a cabo elecciones presidenciales en Bielorrusia. Para cualquier país europeo, como este “debería” ser el caso, sería una jornada en la que la ciudadanía tiene la posibilidad de castigar o recompensar a aquellos que les gobiernan (simplificando muchísimo). Sería una jornada de libertad democrática en la que la población expresaría su sentir respecto al rumbo que ha tomado el país. Sin embargo, no es el caso. El ganador de estas elecciones fue el mismo sujeto que lleva ganando desde 1994, siendo este su sexto mandato y “aplastando” a sus contrincantes con una victoria del 80,2 % (el segundo lugar obtuvo un ínfimo 9,9 %). Esta burla electoral que apesta a fraude obviamente desencadenó un conjunto de protestas en la mayoría de las ciudades bielorrusas, poniendo en jaque al gobierno del último dictador de Europa.

Bielorrusia tiene una historia bastante curiosa. El pueblo que se autodefine como bielorruso siempre ha estado dividido o ha sido parte de algún otro Estado. Ya fuese siendo parte del Gran Ducado de Lituania o de Polonia, o qué decir de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en el siglo pasado. Fue justamente la caída de esta lo que dio la posibilidad por fin de crear un Estado propio para las personas de la región (y evitar la existencia de una frontera directa entre Rusia y Polonia). Como muchos otros países exsoviéticos, hubo un intento de elecciones democráticas que acabo por llevar al poder a un humilde ganadero llamado Alexander Lukashenko, quien tenía un discurso en favor de la independencia de su país de la injerencia rusa. Y así se ha mantenido, jugando un poco a favor de Rusia y otro poco más a favor de Europa, cambiando a su conveniencia. Y aquí estamos, 26 años después y tenemos al mismo gobernante con claros tintes militares y dictatoriales.

¿Por qué la Europa moderna y democrática no ha pegado el grito al cielo al tener a un claro autócrata en el continente? ¿Por qué el caso de Lukashenko es único en Europa desde la caída del muro de Berlín? Si bien ha habido gobiernos no del todo democráticos (Ucrania), nunca uno con ese estilo tan estalinista como el del líder bielorruso. Bueno, la cuestión es que Europa nunca ha tenido el interés en este país. No es una Ucrania con acceso al Mar Negro o una Georgia claramente europeísta más que rusa. Es más, esta ambivalencia de Bielorrusia en estirar la liga un poco con Europa y Rusia justamente también les convenía a ellos: el tener un Estado colchón entre Polonia y Rusia lograba evitar tensiones y riesgos de enfrentamientos. Al menos, hasta hoy.

La semana pasada, Josep Borrell, Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, indicó que las elecciones en Bielorrusia no podían ser consideradas como democráticas en la Unión Europea (UE) y, por lo tanto, no se le reconocía como ganador. ¿Qué empujó a la UE a tomar posición? Bien, es obvio que Lukashenko se encuentra débil y la posibilidad de su caída existe. Tan es así que lo primero que ha hecho es solicitar apoyo del Kremlin, mismo que le ha sido otorgado. Rusia no quiere bajo ninguna condición que Bielorrusia sea democrática y que caiga en las manos de Europa como pasó con Ucrania. Al definirse Rusia, Europa tenía que hacerlo igual. Nos encontramos en un punto crucial en donde todo lo que suceda y el cómo se lleve a cabo podría configurar de forma radical a la región.

Primer caso: Se mantiene el estatus quo en Bielorrusia. Honestamente, creo que es lo que pasará. Habrá represión y Lukashenko podrá gobernar, pero será su última oportunidad de jugar a elecciones. Al terminar su período, o gobierna ya descaradamente como dictador sin elecciones, o se va. Rusia es la más interesada en esto, ya que tiene tiempo para poder definir a un sucesor y mantener la situación a su modo, ganando a un nuevo país satélite “demócrata”. Lukashenko necesita a Putin para mantenerse, por lo que vendería su lealtad a cambio del riesgo de una invasión rusa (véase el caso Crimea) para atemorizar a los protestantes. Este es el escenario que no gusta ni convence a Europa, ya que se pierde claramente frente al Kremlin.

Vía: Agencia AP, Dmitri Lovetsky

Segundo caso: Presión y Lukashenko se va. Las manifestaciones son masivas y logran que se vaya. La ganadora clara es la UE, ya que sin problema ganaría a una nueva aliada. El segundo lugar en estas elecciones fue Svetlana Tikhanouskaya, actualmente asilada en Lituania y claramente europeísta. Es importante mencionar que, si bien sería mi mayor deseo que los bielorrusos realmente puedan elegir a su gobierno, no veo factible este escenario. El riesgo de que las protestas se contagien a Rusia y se dé el ejemplo de cómo se acabó con el tirano es muy grande, algo que el Kremlin no permitirá.

A pesar de la pandemia, el mundo se sigue moviendo en la diplomacia y la política internacional. El caso de Bielorrusia es un verdadero escándalo y una vergüenza que algo así suceda en Europa en pleno siglo XXI. Vaya, ni las elecciones amañadas rusas tienen este descaro. Este país es un verdadero anacronismo en el continente y estoy seguro que, si bien no es el fin de este régimen, sí es el inicio del fin. Lo interesante será como y de qué forma reaccionan los dos jugadores regionales en un enfrentamiento indirecto y de posturas opuestas. Estamos frente al inicio de la caída del último dictador de Europa.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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