El trauma y las expectativas: el imperfecto final de Coraje, el perro cobarde

Coraje, el perro Cobarde fue una serie que marcó a una generación creativa. Uno de los primeros programas de Cartoon Network, Coraje tenía un estilo visual y narrativo que nunca se había visto en la animación tradicional infantil. Mientras otras series de los 90 favorecían la geometría, como La Vida Moderna de Rocko con su regla de animación de nunca usar líneas rectas o incluso con sus series hermanas de CN como Las Chicas Superpoderosas, Johnny Bravo o El Laboratorio de Dexter. El estilo de Coraje, el perro cobarde, se basaba menos en lo geométrico y más en lo amorfo.

Narrativamente, la serie se inspiraba en la comedia de Charlie Chaplin y Tex Avery; en el terror clásico del cine (por ejemplo, su primer capítulo, Una Noche en el Motel Katz, estaba basado en el Motel Bates de la película Psycho de Alfred Hitchcock, mientras que su piloto El Pollo del Espacio Exterior se basaba en las películas de ciencia ficción de bajo presupuesto de los años 50). Además, una de las más grandes inspiraciones del creador, John R. Dilbert, fue el surrealismo de Salvador Dalí. Deseaba que esta serie, -que muestra a un perro miedoso que constantemente tiene que salvar a sus humanes de peligros sobrenaturales que les atacan en su granja en medio de la nada (y de los que elles rara vez están conscientes)-, se sintiera como entrar en otra dimensión; una en la que todo puede pasar, el peligro está a la vuelta de la esquina y la mayoría de la gente rara vez está consciente de ello hasta que es demasiado tarde.

El surrealismo y terror cómico de la serie, combinado con su estilo artístico, tan diferente a cualquier cosa de la época, fue lo que se combinó para resaltar la energía principal que emana de esta caricatura: Incomodidad. Y es que Coraje es un show incómodo y precisamente eso es lo que crea memorias tan profundas de este. Quienes lo vimos de niñes tenemos un momento de la serie que no nos dejó dormir. Para mí era el Espeluznante Fred y la forma en la que sonreía macabramente y decía que era “travieso…”; pero tengo un amigo que hasta el día de hoy tiembla ante la mención del programa y habla de cómo no ha podido superar el miedo que le producía la aparición del cadáver momificado del Faraón Ramsés fuera de la granja de Coraje diciendo “devuelvan la tablillaaaa…”

Y, sin embargo, me sentí extrañamente abrazado por ese programa, en su incomodidad, en su terror, yo sentía un extraño alivio. Quizás porque en el personaje de Coraje me veía a mí mismo, constantemente en pánico y ansioso, pero extrañamente atraído hacia esas situaciones espeluznantes. Yo me sentía un niño tan cobarde y a la vez tan valiente al enfrentarme a lo desconocido como ese pequeño y ansioso perro rosa. Fue mi primera aproximación al terror y la serie que me impulsó artísticamente. Mi primer dibujo fue de Coraje, mi madre al verlo me inscribió a clases de arte. Con el tiempo, pasé de Coraje a Invasor Zim, de Zim a Stephen King, de King a Poe, de Poe a Lovecraft. La incomodidad de la animación de John R. Dilbert se convirtió involuntariamente en la influencia artística más fuerte de mi escritura de ficción, caracterizada por el terror con toques de humor. Por ello siempre ocupará un lugar muy especial en mi corazón.

La serie terminó en su cuarta temporada, con dos “narrativas hermanas” (cada capítulo constaba de dos historias cortas, como era la norma en ese entonces), que encapsulan perfectamente los temas de la serie y le dan un cierre temático que ha perdurado a lo largo de los años. Más allá de eso, presentó dos villanes que han perdurado en la mente de les fans, porque son completamente diferentes a la gran mayoría de los antagonistas del resto de la serie.

Si bien Coraje presentaba seres como la momia del faraón Ramsés generada en CGI, una cabeza flotante realizada en live-action o un director de cine zombie con un extraño y sospechoso parecido a Quentin Tarantino; los villanos que causaron un mayor impacto en Coraje, el perro cobarde eran aquellos que se sentían reales. Como Fred, el sobrino de Muriel que tenía una extraña obsesión por afeitar animales pequeños y poco a poco fue escalando hasta terminar afeitando a su novia (una clara alusión a la psicopatía); o peor aún, Mad Dog, el novio abusivo de una conejita llamada Bunny que amenaza con matarla a ella y a su amiga (quien la serie fuertemente alude que es mucho más que eso) Kitty si esta alguna vez lo abandona.

El último capítulo de Coraje nos presenta a dos de estos villanos realistas y profundiza en aquello que hace a Coraje, Coraje. La primera de estas narrativas, Remembranza del Coraje Pasado, nos muestra cómo es que Coraje llegó a vivir con su humana, Muriel. Cuando era un cachorro, sus padres lo llevaron al veterinario, quien terminaría secuestrándoles y mandándoles al espacio en un intento de “criar a les mejores perres” del mundo. Si bien nunca se explora por qué quería hacer esto, tengo que admitir que es un episodio que ahora resuena mucho conmigo luego de darme cuenta que, desde que lo vi, llegué a vivir una experiencia de ECOSIG en un psiquiátrico por parte de profesionales de la salud en quienes supuestamente yo debía confiar. El bebé Coraje logra escapar y es encontrado en la calle y adoptado por Muriel “Cielos, pobrecillo. ¿Estás aquí solo? Qué gran coraje tienes. ¿Te gustaría venir a mi casa? Te llamaré Coraje y estarás bien…”

“Te llamaré Coraje y estarás bien…” via: Cartoon Network.

Si bien una teoría muy común es que los eventos de la serie provienen de la imaginación de Coraje, siento que este episodio la refuta. Las respuestas de Coraje no son las respuestas de alguien que está imaginándose el peligro. Son respuestas al trauma de alguien que presenta el fenómeno de “culpa del sobreviviente.” Coraje nunca se entera si sus padres sobrevivieron al cohete, hasta donde él sabe, bien pudieron haber muerto. Coraje no pudo salvarles y tuvo que decidir abandonarles y escapar.

Se recrimina por haber priorizado su supervivencia en lugar de haber luchado contra el veterinario. Se siente mal porque él sobrevivió, un fenómeno muy frecuente en víctimas de trauma y algo que explica por qué, incluso siendo un “perro cobarde” su respuesta ante el terror que vive a diario en el poblado de Ningún Lugar es la de luchar contra estas criaturas para proteger a Muriel y Justo. Su primera respuesta fue huir y al hacerlo, perdió a sus padres, ahora, por más que se asusta y sufre por hacerlo, siempre va a luchar para no perder a las personas que quiere. Sin embargo, el trauma sigue ahí, razón por la cual al inicio del episodio se congela al ver un anuncio de perros perdidos y revivir esos eventos.

La segunda parte del final de la serie es el capítulo que quizás más ansiedad produce en les espectadores, porque el antagonista de esta historia va más allá de la villana que aparece, el antagonista principal son las expectativas que Coraje tiene de sí mismo. El capítulo empieza con Coraje fracasando en todo lo que intenta, mientras Justo trata de reparar una corneta rota que recibió por correo y Muriel trata de preparar baklava. Los intentos de Coraje por ayudarles con las tareas de la casa fracasan en cada ocasión. Después de cada uno, aparece una mujer, llamada “La Perfeccionista,” que recrimina a Coraje por no ser perfecto y lo somete a clases para que tenga postura, enunciación y caligrafía perfectas.

Coraje se presiona tanto por salir bien en sus clases, que empieza a tener pesadillas macabras una tras otra que resaltan sus inseguridades, terminando en una en la que trata de entregarle una vasija a Muriel, pero esta se le cae. Sin embargo, quien se rompe por esto no es la vasija, es Muriel. Quizás la presión que Coraje pone a sí mismo para ser perfecto es que tiene miedo de que si no lo es, a quienes perderá de nuevo es a quienes ama…

Quizás lo más fuerte del episodio es que La Perfeccionista nunca interactúa con, ni es vista por, Muriel ni Justo; solo la percibe Coraje, aludiendo a que ella es simplemente la manifestación física del castigo que Coraje se autoinflige; se presiona a sí mismo hasta el punto de quiebre para cumplir las expectativas que él mismo se impuso. Es tanto su miedo a perder a quienes ama que empieza a perderse a sí mismo. Sin embargo, al tener un encuentro en el baño con un pez que salió de su bañera, Coraje hace un descubrimiento muy importante. “La perfección no existe. Eres hermoso como eres Coraje. Con todas tus imperfecciones lograrás lo que quieras…”

La perfección no existe. Eres hermoso como eres…” via: Cartoon Network.

Al salir del baño, Coraje ve a Muriel disfrutar que su baklava le quedó chicloso y a Justo tocando su corneta rota y se da cuenta de algo que Salvador Dalí, una de las inspiraciones de la serie, ya había planteado décadas antes: “No le temas a la perfección. Nunca la alcanzarás.” No importa qué tanto nos esforcemos, si nos imponemos ser seres humanos sin errores ni equivocaciones, nunca seremos suficiente a nuestros propios ojos. La serie termina con La Perfeccionista, esta encarnación de las expectativas de Coraje, derritiéndose. Coraje, Muriel y Justo ríen y mascan su chicloso baklava al ritmo de una disonante corneta.

Su mundo y su situación están muy lejos de ser perfectas, pero Coraje ya no se recrimina los errores de su pasado, sino que los abraza junto con aquello que lo hace imperfecto. Porque no podemos evitar lo que nos pasó, pero tampoco debemos castigarnos por ello ni vivir queriendo evitar que nada malo nos pase. Al final, Coraje es una serie que nos enseña a abrazar nuestras imperfecciones, a admitir la incomodidad de la vida y a aceptar que el pasado duele, pero no define. El miedo se encuentra a diario, pero es a través de éste que eventualmente encontraremos nuestra liberación.

Dedicado a Alejandro: no te castigues por tu imperfección, que eres más valiente de lo que crees

Soy Rafael Abreu, psicólogo, autista y paciente bipolar que busca eliminar estereotipos negativos sobre la neurodivergencia. Clasificado legalmente como "Discapacitado, más no incapacitado." Me apasionan los temas relacionados a videojuegos, cine, neurodivergencia, discapacidad, la comunidad LGBT+ y DDHH.

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