El ruido y la ciudad: Entrevista con “Diles que no me maten”

Es una tarde lenta de jueves en la Plaza Río de Janeiro. Solo en un lugar como la Ciudad de México pueden conjugarse así días lentos y caóticos. El ruido siempre está presente. Ruido visual, ruido sonoro. La sensación de lentitud quizá no es sino el adormecimiento que provoca habituarse al ruido. Escuché a alguien decir que esta era una etapa superior de habitar la ciudad. Sin duda, no la última. Diles que no me maten es un proyecto musical que logra retratar esta experiencia con un momento adicional: la síntesis. Su primer álbum, Edificio, lanzado en mayo del presente año (2020), es un viaje sonoro que nace de cierta intención experimental bien cuidada, integrando además imágenes mediante poesía hablada como forma de canto.

Me encuentro con los hermanos Gerardo y Raúl Ponce, guitarrista y baterista del proyecto respectivamente, quienes me hablan de qué manera su música es resultado de la influencia que ejerce en ellos la Ciudad de México.

G: Vivimos en una ciudad que tiene un montón de ciudades dentro de ella misma. Nos tocó retratarla porque de aquí somos y hemos sido siempre. La música que tocamos es más el resultado de cómo nos influye la ciudad y no el resultado de cómo queremos influenciarla. El canal está hacia afuera después de haber recibido ello.

R: Si lo piensas, siempre hay ruido en la ciudad. Se van haciendo capas de sonido que se comen las unas a las otras. Una silencia a la otra. Desde el sonido de los camotes, del vendedor de tamales, el del fierro viejo, las patrullas de policía hasta la alerta sísmica incluso. Podemos hablar de que el sonido hace que la gente se mueva. Este fenómeno corresponde a la forma en que improvisamos. Alguien pone una base, el otro la sigue, responde a ella y transforma el sonido, de modo que las capas se acumulan una tras otra. Unas salen y otras entran.

Así me describen su proceso creativo. Lo definen como un proceso orgánico donde se privilegia la experimentación y donde además las presentaciones en vivo son una suerte de laboratorio de ensayo y error.

G: Las canciones que grabamos, antes las mostramos en vivo, donde las vamos curando o formando a partir de intentos por experimentar con ellas. De ahí que se sientan tan unidas. Es importante decir que además el proceso es vulnerable a la influencia del público. No es lo mismo tocar para 100 personas que para 20. La energía cambia en cada caso e influye sobre las canciones, cambian dependiendo del espacio.

R: Cuando grabamos tenemos distintas posibilidades que en vivo no. En vivo prolongamos el tiempo de las canciones generalmente. Al momento de grabar hacemos una síntesis de la idea que queríamos plasmar en la canción, después de experimentar.

De modo que Edificio es el momento final de un viaje de tres años, el tiempo que llevan juntos formando el proyecto. Me hablan de que Edificio se construye como un intento de capturar múltiples relaciones visuales-sonoras.

G: La ciudad es muy estimulante. Empezando por toda esta cantidad de contrastes, no solamente sociales y que siempre están presentes, sino también contrastes visuales. Vas a un parque como en el que estamos y tienes quizá una vaga sensación de tranquilidad, pero eventualmente pasa una patrulla, observas gente gritando, peleando a veces. Hay muchas relaciones visuales – sonoras todo el tiempo que rompen esa tranquilidad. Los edificios mismos, por ejemplo en los multifamiliares, aparentemente inmóviles por fuera están repletos de personas y voces interactuando mucho.

Edificio además no podría entenderse sin su propuesta lírica-poética. Jonás Derbez (voz) es el encargado de integrar este elemento a la propuesta musical. En cada canción hay imágenes que aluden a la experiencia del yo en un momento de dilución con la ciudad misma (esto es tangible sobretodo en el track inicial homónimo, Edificio).  Pero aún más, en la letra se articulan parajes y ruinas deshabitadas (No Te Mates de Paseo) con lugares de comunión y breves momentos de realización (Manos de Piedra), donde intermedia la pérdida como paso caótico pero necesario (escúchese Barrio Chino y Pachuca). Hay que decir que el trabajo poético de Edificio merece por sí mismo un análisis y atención aparte.

G: Involucramos a Jonás en el proyecto porque sabíamos que escribía y además había colaborado con otros músicos que conocemos. Queríamos en un inicio alguien que más que cantara, hablara. Eventualmente se involucró musicalmente también. Conforme hemos crecido ha cambiado su papel, como el de todos nosotros. Pero con este proceso de cambio logramos una propuesta clara respecto al uso de las voces. Por ejemplo, queríamos que la voz no fuera protagonista todo el tiempo. Al final la música es importante en sí misma. Lo mismo que la letra. Por ello hay momentos donde la voz ocupa el frente y otros momentos donde ocupa el fondo. Está constantemente jugando con los instrumentos. Creo que no siempre lo que escuchas dentro de ti o escuchas fuera es tal cual lo que está pasando o es la verdad. Ocurren otras cosas alrededor que hay que escuchar. Como en este entorno. Los sonidos nos comen y respondemos adaptándonos a ellos. De cierta manera, somos un reflejo de los sonidos.

Aún en medio de la pandemia han sabido mantenerse activos. Las razones están en que antes que pertenecer a una escena en particular han construido redes de trabajo creativo con amigos.

G: Nos llevamos con gente a la que le apasiona la música. Así compartimos viajes y algunas cosas personales. Nos unimos a las personas a través de lo que compartimos y con mucho cariño siempre.

R: Y siendo honestos completamente, creo que en general en la música, al menos para los músicos de aquí de la Ciudad y seguramente en el país, hay un hartazgo de cómo se maneja la escena y la industria musical. Los tratos son muy injustos hacia los músicos y hasta para el público, en la medida que consumen música poco sincera. Por ejemplo con Mabe Fratti o con otros músicos con los que hemos trabajado encontramos que lo que quieren es ser honestos con lo que quieren decir y no perseguir una cuestión de dinero o fama. Nos alejamos de artistas que quieren convertirse en plataformas para vender productos.

Como resultado de esta disposición se involucran también en proyectos multidisciplinarios. Me hablaron, por ejemplo, de un proyecto vía streaming con Mabe Fratti. A su improvisación musical responderían, improvisando también, Camila y Ricardo, dos bailarines de la ciudad. Esta disposición se corresponde también a un intento de visibilizar la posibilidad de la música como un diálogo.

G: Hay mucha música en México que está diciendo cosas fuera de los cánones populares que vale la pena buscar e indagar, como Mabe o como Tajak. También a Américo o Sei Still que son bandas hermanas con las que compartimos miembros. Hay que escuchar a la banda, ver qué cosas nos mueven y cómo podemos dialogar con ellas. Es importante estar atentos a lo que se dice musicalmente y cómo se conecta con lo que somos de modo que podamos construir un nuevo discurso en el que nos identifiquemos. Hay algo camaleónico en ello también.

El viaje de Edificio termina de cerrar con un último sencillo Quién es nosotros, ya disponible en plataformas de streaming. Puedes comprar digitalmente su disco directamente en su bandcamp (si es en viernes mejor, pues la compra va a parar totalmente a manos de la banda).

En permanente desconfianza de las categorías. Para quien sirvan los títulos: estudiante de economía y filosofía. Busco aproximarme a la realidad con disposición crítica.

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