El recuerdo está ahí

-L

Ojos miel, han pasado ya unos meses desde la última vez que te vi. Desearía regresar el tiempo para darte mil cartas más pero aún así, no bastaría para hacerte entender todo lo que me hiciste sentir.

Aún recuerdo la primera vez que salimos a cenar. Después me invitaste al cine, me agarraste de la mano y te recargaste en mi hombro. Cada centímetro cerca de ti me hacía sentir algo inexplicable. Reías cada vez que decía alguna tontería, pero la verdad es que solo las decía para verte sonreir. Los días pasaron y cada vez sabías más de mí y yo de ti. Pero en el fondo, quería detener todo. Pronto nos separaríamos y la despedida me atormentaba.

Te conté cosas que no le diría a cualquiera y te vi como no había visto a nadie. Pero tú siempre me recordabas que no me encariñara y yo te decía que no lo haría. Era mentira.

Contigo me conocí, fui alguien que nunca había sido y siempre estaré agradecida por eso. No teníamos muchas cosas en común, pero entendías absolutamente todo lo que te compartía, como si me leyeras la mente. Por cierto, sigo pensando que eres de las personas más inteligentes, pero no te lo diré otra vez. Sabías tanto y yo me sentía tan plena de aprender contigo; y aún así, jamás me hiciste sentir menos. Solo te hacía reír por mi escaso conocimiento de geografía (te prometo algún día me aprenderé las capitales).

Nunca te diré, pero cuando regrese a mi departamento, sabiendo que tú ya ni siquiera estabas en aquella misma ciudad, lloré todos los días hasta volver a saber de ti. Lamento no haberte dicho tantas cosas en la última noche. Si tan solo hubiera sabido que esa sería nuestra despedida. Y yo sé que en estos meses has vivido las aventuras de tu vida. Has viajado, has conocido amigos de todo el mundo y mi corazón sonríe de verte tan feliz. Claro, soy consciente de que te has encontrado con otras personas con quienes has compartido parte de ti, y está bien. Tú no eres para mí, y está bien.

Pero ojos miel, te sigo viendo en los rostros de los demás, y no encuentro tu mirada. La tierna mirada que me diste cuando veíamos películas tontas y yo te explicaba por qué Peter Kavinsky era tan perfecto (me estoy riendo de solo acordarme de esto). Y creo siempre será así. Tu recuerdo siempre estará conmigo, con ligera nostalgia pero también con un inmenso cariño. Tú me hiciste ver la vida y el amor de otra forma.

Antes idealizaba el amor. El cliché de un primer amor, de formalizar lo que sea que hayamos sido. Pero contigo, no necesité de esto. Una frase que escuché hace poco resonó mucho conmigo. “Hay personas con quien estar y otras con quien ser”. Contigo no sólo estuve, también fui. Gracias, ojos miel. Me hiciste crecer y me llenaste en tan poco tiempo. No sé si nuestros caminos volverán a encontrarse, pero si lo llegarán a hacer, ya no será lo mismo y lo acepto. Pero creo así es como debe ser la vida. Hay momentos tan efímeros que solo son míos y que me hacen recordar lo mucho que he cambiado. No soy la misma desde que te conocí y espero encontrarte otra vez, para hacerte sonreír una vez más.

Al final, creo que todos tenemos a nuestro “ojos miel“. Todos hemos cruzado miradas con aquella persona que nos ha hecho ver cada situación de una manera diferente. Que nos ha dado incentivos para intentar cosas nuevas y no tener miedo. Estos ojos miel también nos hacen sufrir, pero gracias a ellos nos convertimos en quienes somos. Y siempre habrá un pedacito de ellos en nuestro interior, y viceversa. Antes pensaba en esta idea del amor de estar con una persona por varios meses, luego años, y luego toda la vida. Todo de una manera secuencial. Pero la realidad no es así. A veces la vida te pone en el camino a ese ser humano que más necesitas y del que necesitas aprender, aún cuando no sabes que es así. Y el tiempo es limitado. Hay personas que solo deben compartir momentos de nuestra vida por un corto tiempo pero eso no las hace menos preciadas. Tal vez incluso deberíamos quererlas más.

Ojos miel. Sé que te apenaba cuando pensaba de ti como algo más. Pero espero sepas que para mí, siempre estarás presente. Sí, tal vez a veces soñaba despierta contigo (aún lo hago) pero recuerdo que jamás será algo recíproco. ¿Recuerdas el último, sin saberlo, abrazo que te di? No te diste cuenta, pero lágrimas cayeron por mis mejillas pues entendí lo rápido que se acabaría nuestro tiempo juntos. Esa noche también te pregunté qué sería lo que nunca olvidarías de mí y me contestaste que sería mi sonrisa. Si supieras lo mucho que deseo volver a verte para sonreír tanto que me duelan los cachetes.

Ojos miel, espero algún día tener el valor para enseñarte esta carta. Aún guardo aquellas postales para escribirte todo lo que siento. No sé que pasará más adelante, pero tu recuerdo siempre estará aquí conmigo. Lo más raro es que ahora siempre siento tu perfume a donde sea que vaya, no sé si eso sea algo bueno.

 

T, te quiero mucho.

Y una última cosa, usa más seguido esa chaqueta roja que te ves muy bien con ella.

 

 

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