El posgrado es un trabajo (y estoy cansada de fingir que no)

La escuela donde actualmente estudio mi posgrado tiene una regla que estipula que sus estudiantes no pueden recibir más de X cantidad de financiamiento al año que venga de becas o dinero que tengan sus asesores para proyectos. La lógica detrás de esta regla es que se piensa que poner un límite superior (también hay un límite inferior) al dinero que les estudiantes reciben, generará una comunidad donde les estudiantes estén en condiciones de igualdad, entendiendo igualdad como que todes quienes recibimos dinero de esas fuentes de financiamiento tengamos un ingreso similar.

Pero bien escribió George Orwell que en condiciones aparentemente de igualdad siempre “hay unes animales más iguales que otres”. Esta regla asume que les estudiantes somos similares o que al menos vivimos en igualdad de condiciones. Nada más lejos de la verdad. La regla ignora, al menos, lo siguiente:

a) Les estudiantes internacionales (es decir, quienes no somos ciudadanos de ese país) pagamos el doble de colegiatura al año. Por ejemplo, yo al año pago más o menos 10,000 dólares canadienses en colegiatura, mis amigues que son locales, pagan alrededor de 5,000.

b) Les estudiantes son personas con vida fuera de la escuela, muchas veces tienen hijes, parejas, y/o asumen las labores de cuidado emocionales y materiales de otres personas en su familia, como sus papás, mamás o abueles.

c) Hay estudiantes que reciben ingresos fuera de las becas. Hay gente que tiene que trabajar medio tiempo. Hay gente a la que su familia les da dinero. Hay gente que paga renta. Hay gente que es propietarie de casas. Hay gente para las que sus becas son su única fuente de ingreso. Hay gente para las que las becas/dinero de proyectos son sólo una fracción del ingreso que reciben.

d) La gente tiene diferentes gastos. Hay personas que viven con su familia o que no pagan renta en donde viven. Hay gente que tiene que alimentar a más de una persona. Hay gente que tiene gastos de salud fuertes. Hay gente que tiene deudas que pagar.

El kinder y el posgrado. Comic “El posgrado es como el kinder” por Jorge Cham phcomics.com

Asumir que todes les estudiantes tenemos preocupaciones/compromisos/experiencias similares invisibiliza la diversidad inherente a cualquier grupo humano. Invisibiliza las diferencias de clase, género, raza, cultura que existen entre el estudiantado, y, por lo tanto, lejos de crear condiciones de igualdad, acentúa las diferencias y genera que las experiencias de estudiar un posgrado sean diametralmente diferentes (y muchas veces de una manera injusta) para una de las fuerzas de trabajo más importantes, pero también más minimizadas de las universidades donde se realiza investigación: la gente que estudia los posgrados.

Permítanme desarrollar esta idea: quienes estudian un posgrado participan en proyectos, muchas veces son quienes se encargan de obtener datos, de realizar experimentos, de hacer entrevistas, de colectar muestras, de actualizar bitácoras… Toda esta información se convierte en la carnita que se usa para escribir artículos, los artículos científicos son escritos por estes estudiantes y sus asesores y asesoras, luego estos artículos se publican y si todo va bien, unos meses o años después esos artículos son citados. Imaginemos un o una investigadora que tenga 4 alumnes, ahí de menos va a sacar cuatro artículos (a cada estudiante le toca nomás uno). Entonces el número de artículos y el número de citas que un o una investigadora obtenga, depende del trabajo de sus estudiantes. Y no es que haga menos el trabajo de asesoras, de editar, de guiar y toda esa cantidad enorme de trabajo que significa ser un asesor o una asesora decente, pero lo que sí es bien cierto es que elles también se benefician (y un montón) de la chambota que realizan les estudiantes de posgrado.

Sin embargo, este trabajo no se reconoce como tal. Creo que esto puede deberse a varias cosas, como que no se les paga un salario a les estudiantes, si no, una beca. Estas becas, por ejemplo, en México, son casi el triple al salario mínimo para maestría y un poco más de 3 salarios mínimos para el doctorado. En el país donde vivo, por ejemplo, alguien ganando el límite inferior que impone mi escuela gana 14 dólares la hora, y alguien ganado el límite superior gana 18 dólares la hora, el salario mínimo en el estado son 11 dólares la hora, y de ese dinero al menos un tercio se usa para pagar la colegiatura, ¡a la misma institución que te da esa beca!

Entre las actividades que hacen las personas estudiando un posgrado están: tomar clases, leer artículos y hacer revisiones de bibliografía, desarrollar un proyecto, hacer toma de datos, analizar información, escribir artículos, ser asistentes de materia, calificar tareas, preparar seminarios, exposiciones, y muchas veces trabajar más de 40 horas a la semana. Creo que llamar beca en lugar de salario al dinero que reciben les estudiantes no sólo invisibiliza el trabajo que realizan, si no hasta lo infantiliza, no en vano he escuchado muchas veces a gente decir “ay pues que padre, les pagan y sólo por estar estudiando”. Ajá, no sólo es estudiar, es un trabajo.

No quiero que con esto se deje de lado que realizar un  posgrado es un privilegio, y que definitivamente hay ventajas económicas y culturales que tiene un papel importante. Sin embargo, también creo que es importante señalar las desventajas internas que ocurren dentro de las universidades, ya sea por la desigualdad de condiciones entre el alumnado, los salarios (o ausencia de), las dinámicas de poder que hay entre profesoras y profesores y sus alumnes. Bajo la idea de que somos meramente estudiantes, no contamos con derechos laborales por el trabajo que realizamos, no hay una forma de organización o grupo dentro de las universidades que nos respalde y proteja de abusos de poder, problemas financieros, o crisis personales, no, porque, al fin y al cabo, solo estamos estudiando ¿no?

Creo que organizarnos entre estudiantes, y empezar a luchar por nuestros derechos como trabajadores y trabajadoras nos podría dar muchas ventajas, al final no tenemos nada que perder excepto que nuestros artículos, tenemos en cambio el mundo por ganar… ¿o cómo era?

Soy una mujer proletaria y anti-patriarcal. Mi comida favorita es el pozole. Hubiera querido ser amiga de Engels. Mi trabajo está enfocado en la diversidad biocultural y la ecología política. Creo que compartir ideas y sentires colectivamente es una fuente fundamental para la creatividad, la aceptación y la justicia social. Me gusta nadar, echar el chisme, cocinar, bailar, leer, y echar la chela. Mi cerveza favorita es la Patito (de Mérida, Yucatán). Dónde están los ladrones (1998) me cambió la vida. Mi escritor favorito es Alejandro Dolina.

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