El patriarcado no está por allá

Seguramente han visto circular este meme en redes sociales cada que hay algún problema o discusión entre personas que se nombran feministas. Desde la primera vez que lo vi me incomodó, aunque no entendía porqué, pero lo he pensado bastante y este 8M me parece importante compartirles porqué me parece tan problemático.

Una de las situaciones en las que más se usa este meme es cuando se toca el tema de la transfobia dentro del feminismo, porque siempre hay quienes denuncian los discursos de odio y se posicionan en contra, pero también quienes  — increíblemente — siguen sosteniendo y respaldando estos discursos. Ante este escenario, no falta quien postea este meme, como diciendo: “no se peleen, el problema no está acá, al patriarcado le conviene que estemos en conflicto”.

Y sí, cualquier rivalidad/riña entre mujeres es funcional para el patriarcado, pero habría que entender que el patriarcado no es una neblina abstracta que se posa sobre nosotres y mueve los hilos del mundo. Es un sistema social, político y económico que se sostiene y reproduce a través de nuestros cuerpos; nosotres acuerpamos al patriarcado, no voluntariamente en muchos casos, pero crecemos y somos moldeades por él a tal punto en el que no nos damos cuenta cómo lo reproducimos.

Los movimientos políticos de liberación buscan justo volvernos conscientes de eso desde diferentes ejes y tomar posturas activamente en contra de ese proceso de reproducción y sostén de un sistema que nos violenta. Pero rechazarlo no basta, decir “el patriarcado es malo” no evita que lo sigamos reproduciendo, más bien es un primer paso para tomar acción y pensar formas de resistir y construir desde un lugar distinto, entendiendo también que el mundo que nos rodea no cambiará de la noche a la mañana, lo cual implica seguir existiendo en espacios estructurados desde un lugar irremediablemente patriarcal. 

Y seguro se estarán preguntando: bueno, ¿y el meme qué? Y la razón por la que tomé esta pequeña desviación de nuestra tema principal, es que me parece importantísimo entender eso, que el patriarcado es un sistema que nos atraviesa a todes, no solamente está sostenido por aquellas personas que más se benefician de él. Si así fuera, sería considerablemente más fácil tirarlo, porque les más beneficiades no son la mayoría.

Esto mismo debe permitirnos comprender que, cuando yo, como mujer feminista, con todas las violencias que me atraviesan, me niego a reconocer los derechos de alguien más o atento contra su dignidad, estoy reproduciendo y sosteniendo al patriarcado, independientemente de sí también es un sistema que me violenta a mí.

Aquí es importante mencionar que no hay manera de despatriarcalizarnos al 100%, porque nuestro contexto siempre nos empujará, en mayor o menor medida, hacia dinámicas patriarcales. Todes nos equivocamos en el proceso de construir un mundo más justo, todes hemos ejercido violencias de las que en su momento no fuimos conscientes y reconocerlo también debe ser parte del proceso, porque no se puede alcanzar la perfección, pero sí la responsabilidad. Y ejercerla implica entender que nos vamos a equivocar y que, cuando suceda, debemos esforzarnos por encontrar la forma de hacer reparaciones y aprender, menos desde el juicio y más desde la consciencia.

Esto no se trata de hacernos sentir culpables y señalar, sino de entender que el feminismo, o cualquier lucha antipatriarcal, no tendría porque ser un bloque unido sin cuestionamientos ni riñas internas. Todo esfuerzo de transformación debería estar atravesado por una mirada crítica y profundamente comprometida con la justicia, incluso si alcanzarla conlleva un golpe para el movimiento. De lo contrario, sólo estamos instaurando un pacto patriarcal más, pero con otro nombre y distintes integrantes.

Transformar nuestra visión y forma de ser no implica simplemente entrar en contacto con ideas nuevas, aprender teoría o dialogar sobre las cosas del mundo que no nos gustan, implica también hacer un profundo trabajo emocional, entender de qué manera nos atraviesa la violencia que hemos vivido y, sobre todo, cómo nuestro dolor nos ha condicionado para reproducir o mantener dinámicas que también lastiman a otras personas.

Una lucha antipatriarcal busca desmantelar en nosotres mismes las lógicas que hemos aprendido del sistema, pero también eso se extiende a nuestros espacios. Se trata de confrontar amigues que hacen comentarios machistas, de negarnos a participar en dinámicas que crean rivalidades entre mujeres, de denunciar y activamente posicionarnos en contra de la transfobia y la putofobia, de reconocer nuestros privilegios y también problematizar lo que aprendemos de los mismos feminismos, sobre todo aquellos que han sido construidos por mujeres blancas y privilegiadas.

Creer que nosotres estamos “aquí” y el patriarcado está “allá” es ver todo desde una óptica muy reduccionista que no nos permite entender la complejidad de la estructura patriarcal, además que nos quita, convenientemente, la responsabilidad de analizar y cuestionar las formas en las que nosotres mismes paticipamos en este sistema. Este 8M es importante recordar que la transfobia, el racismo, la putofobia, la bifobia y cualquier otro discurso de odio, son patriarcales. Denunciarlos y posicionarnos en contra no es generar rivalidades “innecesarias” dentro del movimiento. Todo lo contrario, es la mínima responsabilidad que tenemos como parte de él, porque el patriarcado no está por “allá”, el patriarcado también está aquí, cerquita, y necesitamos reconocerlo para poder desarticularlo.

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