El gran costo

Durante los últimos años, hemos visto surgir alrededor del mundo gobiernos proteccionistas, reaccionarios al proceso globalizador. Estos gobiernos proteccionistas se contraponen –en acciones o en discurso– a la premisa liberal que establece que los países alcanzan un mayor crecimiento y desarrollo a través del intercambio comercial, especializándose en sus ventajas comparativas. Lo que buscan es, más bien, “proteger” a sus economías nacionales a través de mayores barreras frente al exterior y al libre comercio internacional. En relaciones internacionales, esta premisa se extrapola y se traduce en la teoría de que la comunidad internacional alcanza un mayor desarrollo (y paz) a través de la cooperación política y económica internacional.

Producto de la premisa liberal han sido los distintos mecanismos de contención internacional, de gobernanza global y de acuerdos multilaterales que tenemos hoy día. Ejemplos sobran: Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial, Tribunales Internacionales, la Unión Europea, entre otros. Sin caer en el simplismo, podemos decir que todos estos organismos surgieron en el siglo pasado, en la coyuntura en la que dominaba la premisa de que la cooperación es mejor al aislamiento (tanto económica como política). Sin embargo, lo que hemos visto en los últimos años es lo que Patrick Deneen describe en su libro Why liberalism failed: insatisfacción ciudadana frente al status quo y descontento con los sistemas políticos y económicos de distintos países.

Dicho lo anterior, ya no es extraño que Donald Trump haya decidido sacar a su país del Acuerdo de París, o que Jair Bolsonaro haya rechazado el apoyo económico que el G7 ofreció para el Amazonas, por mencionar algunos casos. Y es que cada quién podrá tener su opinión acerca de la cooperación internacional y de los sistemas de gobernanza global, pero es un hecho que el cambio climático es un problema que a la comunidad internacional vincula y que tiene efectos para toda la humanidad. Sin embargo, los gobiernos proteccionistas contraponen su soberanía nacional frente a esto, y piensan que utilizar fondos para la cooperación internacional en materia de cambio climático es una pérdida de dinero. Esto es muy peligroso.

Lo que quiero transmitir es que la reacción de los gobiernos populistas al descontento de la gente, amenaza con sacrificar cosas que salen muy costosas. Aquí igual entran los derechos y libertades, que también se ven amenazados. Sin embargo, centrándome únicamente en las consecuencias sobre el medio ambiente, es un hecho que cortar la cooperación internacional y violar los tratados internacionales que protegen zonas como el Amazonas, tiene consecuencias a largo plazo que no distinguen colores políticos.

Claro que los efectos negativos sobre el medio ambiente, no son únicamente producidos por la falta de cooperación internacional o por los recientes gobiernos proteccionistas. No. De hecho, las grandes industrias como la ganadera, la textil, entre otras, producen en masa y son responsables también del cambio climático. Sin embargo, es un hecho que el proteccionismo en materia de cooperación internacional frente al calentamiento global, acaba siendo muy contraproducente.

Hay problemas que no distinguen fronteras ni soberanías, y el cambio climático es uno de ellos. Anteponer los colores políticos a un problema de seguridad internacional como lo es éste, es sumamente peligroso. Es por eso que Deneen también propone que las democracias deben de reinventarse, porque en tanto el descontento de las personas no se vea corregido, los gobiernos proteccionistas populistas seguirán teniendo éxito y las cuentas las pagará toda la humanidad. El planeta es el gran costo de no cooperar.

Tengo 23 años, estudio Relaciones Internacionales y vivo en la Ciudad de México.

Me gusta leer, salir a correr con mi perrita y soy una apasionada de Mafalda. Mis temas de interés son: desarrollo en América Latina (pobreza, desigualdad, democracia y elecciones, derechos humanos), relaciones Norte-Sur y feminismos.

Aquí escribo mis opiniones y mis preguntas.
“Hasta que la dignidad se haga costumbre”.

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