El fin del anacronismo español

Recorrer Berlín es hacer un paseo por la historia de la capital alemana: balazos en fachadas, edificios de estilo soviético y restos de su famoso muro impregnan a esta ciudad de un carácter histórico único. En mis viajes suelo buscar e ir a lugares poco comunes o que salen de lo típico en las guías de turistas, por lo que en esta ciudad decidí visitar algo que en mi mente pensé debería tener un peso histórico enorme: el búnker de Hitler. Puse en el celular la ruta y comencé a caminar, esperando encontrarme un entramado de sótanos en donde la historia sucedió vivamente y en donde el dictador nazi decidió acabar con su vida junto con la de algunos cercanos colaboradores. Resignado, también esperé a grupos solidarios con el führer, rindiendo algún homenaje. No podía estar más equivocado: en el lugar únicamente existe un estacionamiento y un letrero algo oxidado que indica que en ese sitio estaba el famoso búnker. Dentro de mi decepción, esbocé una sonrisa al saber que Adolf Hitler no tenía sitio de regocijo y de peregrinación al lugar de su muerte. Sin embargo, al extremo de la Europa occidental, sí que podemos encontrar un sitio de enaltecimiento con estas características a un líder fascista. Por ahora.

Originalmente, el conjunto del Valle de los Caídos fue pensado como sitio de descanso de aquellas personas que murieron víctimas de la guerra civil española. Obviamente, al ser un monumento construido por el franquismo, con iconografía franquista y una cesión de su control a la iglesia católica; es fácil entender que ese objetivo de memorial para todos estaba completamente sesgado hacia el bando vencedor de la guerra. En su construcción, se utilizó la mano de obra de presos políticos republicanos, los cuales aprovecharon la “oferta” de un día de trabajo por cinco de descuento en la condena. Con el fin de que el mausoleo fuera para “todos”, el gobierno trasladó miles de cuerpos republicanos ubicados en fosas comunes por toda España, mismos que fueron depositados sin control alguno en las criptas y en contra de lo que los familiares quisieran. Sin embargo, la cúspide del enaltecimiento al régimen fascista llegó con la muerte del dictador: el 20 de noviembre de 1975 muere, siendo sepultado posteriormente en el interior de la basílica muy cerca del altar. El dictador ahora yacía a los pies del monumento que a partir de ese momento era un mausoleo a su figura y tenebroso legado.

Muy lejos de su intento de objetivo inicial de ser un espacio reconciliador, el Valle de los Caídos se convirtió en un centro obligado de peregrinaje para aquellas personas seguidoras del franquismo y un símbolo imponente de que, aunque el caudillo estuviera muerto, bajo la enorme cruz de piedra, su legado permeaba aun en todo el territorio español. Cada 20 de noviembre, la basílica congregaba a tumultos de personas que acudían a una misa en memoria del dictador y en la cual añoraban las oscuras épocas, aún ya entrada la democracia española. Las imágenes de personas ondeando la bandera franquista y cantando el himno del dictador a pleno pulmón eran comunes. Era el punto de encuentro de ese franquismo que permitió la entrada de la democracia, pero asegurándose que su memoria perduraría por décadas en el futuro. Durante muchos años, el franquismo vivió impune, hasta la llegada de la Ley de Memoria Histórica en 2007.

La ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura fue publicada en 2007, como primer paso para llevar a cabo medidas para erradicar del espacio público y gubernamental los restos del pasado franquista que aún existían (existen) en España. Bajo la presión de la Unión Europea, la cual criticaba duramente la apología al fascismo que se respiraba en España después de décadas de democracia, esta ley comenzó su vigencia con un conjunto de puntos, a través de los cuales, un grupo de expertos dictaminó sería un buen comienzo para erradicar al fascismo español. Entre las medidas se encuentran el cambio de nombre a las calles y plazas, la exhumación de fosas comunes y reconocimiento de cadáveres de víctimas de la guerra, el apoyo económico a los condenados injustamente por la dictadura y, sobre todo, la conversión del conjunto del Valle de los Caídos de un mausoleo franquista a uno verdaderamente de reconciliación y fraternidad del pueblo español. Esto implicaba como primer paso el exhumar al dictador y llevarlo a otro sitio, eliminar la iconografía franquista y establecer las medidas necesarias de enseñanza correspondientes para constatar a quien visitara el sitio que este fue construido con el esfuerzo de prisioneros de guerra y así tratar de mostrar una versión objetiva del acontecimiento que dividió al país el siglo pasado. Poco de todo lo anterior ha sucedido.

Vía: Reuters

Unas cuantas calles fueron cambiadas de nombre. Se comenzó a reconocer a cadáveres desconocidos, pero miles siguen enterrados. Muchos escudos franquistas fueron erradicados y las misas/manifestaciones enaltecedoras del dictador fueron prohibidas. Hasta ahí. Poco después de la publicación de la ley en mención, el gobierno de izquierdas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) perdió las elecciones ante un Partido Popular (PP) de derechas y heredero político en la democracia del franquismo de antaño. El nuevo gobierno congeló toda acción de esta nueva ley e hizo caso omiso a toda recomendación del grupo de expertos. El franquismo siguió vivo y suntuoso durante todo el gobierno de Mariano Rajoy, apelando a una crisis económica que no tenía recursos para “dividir de nuevo a España”. Sin embargo, Rajoy fue removido tiempo después y entró de nuevo al gobierno la izquierda con Pedro Sánchez. Con ello, entre sus muchas propuestas, una sobresalía: exhumar al dictador de una vez por todas y dar avance a la Ley de Memoria Histórica.

El 11 de octubre cerró sus puertas el conjunto del Valle de los Caídos para no abrir sino hasta que el dictador sea reubicado. ¿La fecha? Incierta. El gobierno se ha puesto una meta de hacerlo antes del inicio de las campañas electorales para evitar politizar (más) la cuestión. Sin embargo, es inminente la exhumación y todos en España lo dan por sentado: tanto opositores como seguidores. Con ello, se da el primer gran paso para quitarle el simbolismo fascista que tiene el recinto y convertirlo ahora sí en un punto de reconciliación. El camino aún es muy largo y los tentáculos del franquismo aún persistirán en España por mucho tiempo, pero el sacar al dictador de su mausoleo es una movida enorme en este sentido de paz. Con ello, se terminaría con un lastre de vergüenza en Europa, en donde un país demócrata y moderno exaltaba con recursos públicos a su dictador previo, algo que ni en Italia, Alemania o incluso lo que fue Yugoslavia pasó. El anacronismo español está comenzando a terminarse. Más vale tarde que nunca.

 

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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