El castillo pirotécnico: un discurso de identidad nacional

Cuando era niña solía invadirme una gran nostalgia en la víspera del regreso a clases. Sobre todo cuando, en el marco de la fiesta del pueblo, corría a la azotea de la casa de mis progenitores para sentarme en uno de los pretiles a ver cómo el cielo se llenaba de colores. Me era inevitable no sentir un nudo en la garganta y, en algunas ocasiones, ponerme a lagrimear. El resplandor en el cielo me introducía a un trance que me hacía darme cuenta que concluía un ciclo de mi vida.

Todos esos cuentes que yo veía eran la parte final de todo un espectáculo pirotécnico en el atrio de la iglesia, al cual, jamás fui hasta este año. La famosa quema del castillo, según Mario Mota Martínez, tiene lugar en nuestro territorio alrededor del siglo XVI. Un referente es la llegada de Gaspar Zúñiga y Acevedo (noveno virrey de la Nueva España). En esta ocasión la quema, un tradición peninsular, se realizó después de la danza de mores y cristianes, en la cual les cristianes debían de proteger la torre de les turques. La estructura fue hecha de petates pintados y la iluminaron con antorchas de ocote. La tradición se transformó y en España, a partir del siglo XVII, la quema de castillo se volvió un espectáculo independiente a la danza de les mores  y les cristianes.  Así mismo, en el siglo XVIII la danza dejó de interpretarse por les peninsulares y desapareció de la Ciudad de  México. Sin embargo, continuó siendo replicada exclusivamente por las comunidades mestizas e indígenas circundantes.

Iconografía

En la contemporaneidad el castillo pirotécnico me parece que se vive como un gran espectáculo visual. La estructura del artefacto está compuesta por diversas figuras acomodadas cual si se tratase de un retablo, o bien un altar de iglesia [Figura1]. Cada una de las imágenes tiene su momento para brillar cuando el fuego toca sus cuerpos y desencadena los brillantes colores producto de la pirotecnia. El espectáculo alcanza su cúspide, y enciende los ánimos del público, cuando en plena puesta en escena las figuras comienzan a moverse, sobre todo en círculos.

Arrobanosoyyo. Castillo-retablo. 2022. Fotografía digital.

Durante el transcurso del acto me dio la impresión de que las otras imágenes además de Santa María de la visitación tenía una razón de ser más allá que el azar. En la esquina inferior derecha de la foto encontramos la representación de una abeja, las cuales, en las moralizaciones de los bestiarios medievales las presentaban como un ideal de la comunidad y del trabajo. Supuestamente, las abejas además de ser sumamente trabajadoras vivían en comunidades, donde cada integrante tenía un rol específico y sus leyes se basaban en la costumbre. En caso de que alguna no respetara las normas tenía que autoinflingirse la muerte.

Los ejemplos no acaban ahí, en el segundo cuerpo, según mi interpretación, la presencia de un avión y un helicóptero está relacionada con una nueva característica que atraviesa el territorio donde se llevó a cabo la fiesta, y que ahora forma parte de su identidad. Es decir la aparición de una nueva ruta aérea. A finales del 2021 en razón de poder realizar más operaciones de vuelo debido a su incremento por la creación del nuevo aeropuerto de Santa Lucía, la “paz” de la comunidad fue interrumpida, lo cual, causó mucha conmoción por la contaminación acústica.

Arrobanosoyyo. Santa María de la Visitación. 2022. Fotografía digital.

En el caso de Santa Maria de la visitación, la patrona, la festejada, la más ajuareada, su localización nos hablaba de su presencia como corazón del espectáculo. Además de que la copia de su imagen estaban a la misma altura donde se habría puesto la cabeza de Cristo si imaginamos una cruz en la composición. Me resultó curioso que en la misma calle central, pero un cuerpo abajo, fueran colocados elementos de la naturaleza que simbólicamente remiten a la femineidad: una flor que tenía inscrita una luna en el centro. Tal disposición trae a la memoria la transposición de signos prehispánicos en cristianos durante la época virreinal. Así como el argumento del sincretismo cultural que da lugar a la nación mexicana.

             Por si  el discurso no fuera ya  lo suficientemente evidente, en el remate o la parte alta  del castillo, como acto final —en lugar de lo que todes pensamos que sería una canastilla que saldría volando— se abrió ante nuestros ojos una flor con los colores de la bandera mexicana. La cual, al igual que la flor que se encontraba en la calle central del primer cuerpo estaba haciendo alusión tanto al logo de la alcaldía como a la palabra prehispánica que describía el territorio: Xochimilico, o bien chinampas de flores.

Alfredo Zalce. Cuauhtémoc y la historia. 1951. Museo Regional Michoacano, Ciudad de Morelia. Imagen obtenida de:https://lugares.inah.gob.mx/es/museos-inah/museo/museo-piezas/9221-9221-cuauhtémoc-y-la-historia.html?lugar_id=406

Dado que es el primer castillo pirotécnico que veo de principio a fin no estaría segura de afirmar que en la iconografía de todos los castillos pirotécnicos de comienzos del siglo XXI ha estado presente un discurso de identidad. Sin embargo, sí podría decir que me parece curioso que en la cultura visual estén presentes mecanismo de configuración de identidad cultural muy semejantes a los que se utilizaron durante el muralismo mexicano. Época en la cual el estado, después de la revolución mexicana, buscaba legitimares discursivamente apelando a lo que “somos” (o elles dicen que somos) les mexicanes, así como al pasado prehispánico (el estado de naturaleza antes de que llegar el mal del que nos van a salvar). ¿Por qué vuelve a ser importante poner sobre la mesa la maquinaria productora de identidad nacional?

Para concluir, solo me queda aclarar que con esto no quiero decir que las personas no vaya a ver los fuegos artificiales o los castillos pirotécnicos, pues desde mi experiencia lo efímero del espectáculo visual fue embelesador y gozoso. En todo caso, además de compartirles mis inquietudes, es una invitación a pensar qué nos están diciendo las imágenes que están a nuestro alrededor.

Bibliografía:

https://revistas.inah.gob.mx/index.php/antropologia/article/view/3602/3486
https://bestiary.ca/beasts/beast260.htm

Mis pronombres: ella/ she. Vivo en CDMX. Estudié Historia del Arte en la UNAM que está en Morelia. Soy una feminista entre feminismos. Me gusta caminar y tomar fotos.

Investigo sobre la vida cotidiana y la cultura material en el virreinato de la Nueva España. Me interesa el poder de la cultura material sobre las personas. La crítica feminista a la Historia del Arte me cría.

Aquí escribiré mezclas entre feminismo, cine, [h]arte, filosofía, política y lo que se vaya atravesando en mí existir en la cotidianeidad.

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