El carruaje (británico) que se convierte en calabaza

Viernes 1 de enero de 2021. Esta es una fecha marcada en rojo en la mayoría de los calendarios (espero que en todos) dentro del gobierno del Reino Unido. Es el día en el que, citando a Boris Johnson, Primer Ministro Británico, “…seremos capaces de controlar nuestras propias leyes y nuestras propias aguas”.  En esta fecha se concreta aquella promesa electoral de David Cameron, misma que derivó en un resultado que nadie esperaba: el primer divorcio europeo. Tras tener un apoyo vinculante del 51.9 %, la suerte estaba echada: el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte dejaría de ser parte de la Unión Europea. Por si no fuera suficiente el plantearse una salida así, el peor de los escenarios terminó por concretarse: tras varias prórrogas a la fecha límite y varias rodaduras de cabezas de líderes británicos, finalmente es en esta fecha, fatídica o bendita, cuando el carruaje británico se vuelve calabaza; tal como lo votaron sus ciudadanos y ciudadanas años atrás.

Tratar de abarcar todas las causas y las potenciales consecuencias de un fenómeno así de inédito es algo imposible de hacer en tan pocas líneas. Lo que si debemos tener en cuenta es que el impacto será grande: las reglas del juego cambian. Quiero enfocarme, para efectos de practicidad, en cuatro aspectos que creo, en lo personal, que son los que se notarán con mayor efecto en la población británica. Aspectos que, de un día para otro, al primer minuto de año 2021, se verán cambiados de forma radical. Como si fuesen las cuatro ruedas del carruaje que, de un segundo a otro, pasan a ser simples grandes hojas de una calabaza.

La primera rueda que perderá forma es la que también es la directriz: el desacuerdo económico. Al día de hoy, no hay algún acuerdo que permita que las reglas ya establecidas en materia económica, específicamente en cuestiones arancelarias, se mantengan. Es, por lo tanto, un hecho que van a cambiar para regirse conforme a lo establecido por la Organización Mundial de Comercio. Del más básico chocolate belga a las hortalizas españolas, todo tendrá algún tipo de arancel o costo añadido por su importación. Se esperan colas y atascos inéditos en los puertos desde donde salen y se reciben mercancías. De un día para otro, se pasa de un mercado común a uno separado. Caos a la vista.

La segunda rueda que notará un cambio sustancial es la aparición repentina de fronteras duras. Por curioso que parezca por parecer un conjunto de islas, Reino Unido tiene fronteras terrestres con dos países: la República de Irlanda y el Reino de España. Dos fronteras que, durante décadas, han sido invisibles; permitiendo el libre paso de mercancías y personas. Ya no más. Al primer minuto de 2021, se necesitará pasaporte para cruzar a Gibraltar, ciudad que verá afectada su capacidad laboral al ver como miles de españoles que diario cruzan la frontera se ven obstaculizados al hacerlo. Lo mismo su provisión de bienes: tendrán que volver al antiguo modelo de recibir todo vía aérea o marítima, para evitar los aranceles que hace el traerlos por tierra vía España. 

El carruaje (británico) que se convierte en calabaza
Imagen vía Reuters

En el caso de Irlanda del Norte con la República de Irlanda, las cosas son más tersas, aunque aún inciertas. Afortunadamente, existe ya un acuerdo preliminar en donde se evita establecer una frontera dura, permitiendo que la situación actual de libre flujo permanezca. Sin embargo, de no alcanzarse acuerdo total, eso de nada sirve. Incertidumbre es lo que espera el primer día frente a las nuevas fronteras terrestres del Reino Unido, ya que, sin algún tipo de acuerdo previo, este escenario de caos es el que se ve más factible que ocurra.

La tercera rueda que va a cambiar es la que justamente tiene una roca atorada que le impide girar, atascando la calabaza sobre un gran charco de lodo: la pesca. Al estar en un mercado común, los barcos británicos podían pescar en aguas europeas, permitiendo a los barcos europeos pescar en aguas británicas. Sin embargo, con la salida británica, los permisos de pesca, así como las cuotas a las que podrían acceder las distintas nacionalidades de pescadores, son lo que mantiene las negociaciones sin poder moverse.

Finalmente, la cuarta rueda es, tal vez, la menos presente. Ahora, creo que es en la sombra, igual de relevante que las anteriores. Escocia llevó a cabo un referéndum respecto a su independencia en 2014. El “no” se impuso al “sí” por un 55.3 %. Sin lugar a dudas, uno de los argumentos fundamentales para mantenerse dentro de la unión británica era que, únicamente a través de ella, lograrían mantenerse dentro de la Unión Europea. Escocia es excesivamente europeísta. No es por ello sorpresa que el independentismo haya llegado a niveles máximos tras el anuncio del BREXIT. En 2021, una vez la carreta sea calabaza y los escoceses sientan lo que ya no es ser parte de Europa, el independentismo se encenderá de una forma nunca antes vista. 

Desde su inicio, el BREXIT no me ha parecido una buena idea. A cambio de perder algo de su ego imperial, los británicos han ganado muchísimo; sobre todo el acceso al mercado común europeo. La integración es lo que hace hoy en día grande a Europa y es también lo que le ha traído paz y bienestar. Difícilmente veo a un Reino Unido más próspero separado y alejado del vecino; menos en un ambiente rancio post-divorcio y mermado por el COVID-19. Me cuesta entender cómo, en vez de tener un carruaje, prefieran que en 2021 tengan una calabaza. Bueno, tal vez porque es calabaza, pero es de ellos. A ver cuánto les dura ese espejismo de independencia.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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