Y tú, ¿qué haces?

Esta es la pregunta por excelencia cuando llegamos a algún lugar nuevo y tenemos que introducirnos o ser introducides. La interacción es básicamente decir tu nombre y casi religiosamente sigue el “¿y tú qué haces o a qué te dedicas?”. Regularmente la pregunta está dirigida a saber qué haces para ganar dinero y/o experiencia, saber dónde está tu lugar en el mundo laboral; que no es lo mismo a definir quién eres o de perdida, conocer qué te mueve.

Per se no es que la pregunta esté mal, en lo personal jamás me había importado que me la hicieran o incluso hacerla cuando conocía a alguien nueva/nuevo. Sin embargo, esto cambió radicalmente cuando viví (vivo) el desempleo y la mudanza de país. Me di cuenta de lo frecuente que es dicho cuestionamiento y lo inquietante que puede ser responderlo. Recuerdo la primera vez que me hicieron la pregunta hace un año: estaba en una ponencia que tenía por objetivo compartir consejos para hacer networkingfuera de México, todes tenían en común ser de la misma escuela. Mientras comenzaba el evento y llegábamos a tomar asiento, había interacciones “simples” que invariablemente iniciarían con “¿cómo te llamas y qué haces?”. Yo iba acompañando a mi pareja, quien es parte de esa escuela. No había problema en que yo estuviera ahí, al contrario; sin embargo, de mis peores momentos de ansiedad los viví ese día. Recuerdo cuando al final de la ponencia dijeron que era momento de interactuar y “hacer networking”, todes comenzaron a ponerse de pie, yo tomé mis cosas y salí de ahí.

Después de haber hecho eso, me sentí fatal conmigo misma por no haber tenido control de algo tan “simple” y por haber huido, como nunca antes lo había hecho, de un episodio de ansiedad social. Para mí, cada vez que esto sucedía (porque ha pasado más veces de las que yo hubiera querido) era una maraña de respuestas que de alguna forma debían justificar la razón de mi presencia en tal lugar. Sentía que tenía que ganarme el derecho de haberme mudado y decidido comenzar un camino nuevo. Mi situación es la siguiente: mi esposo fue aceptado en el doctorado y le apostamos el todo por el todo, decidí renunciar a mi trabajo para hallar suerte fuera de México y juntos empezar una nueva vida lejos de todo lo que conocíamos.

Fue tal el nivel de ansiedad que me daba ir a reuniones que días antes no dormía y sentía que iba estallar de estrés. Comencé terapia y esto fue una de las principales cosas que decidí trabajar. Me di cuenta que en México tuve la necesidad de responder a esa pregunta en innumerables ocasiones y con decir mi posición y la empresa donde trabajaba bastaba. Yo odié uno de mis trabajos con toda mi alma, pero no me quitaba el sueño responder al “¿y tú qué haces?” porque sonaba suficiente, la gente quedaba satisfecha con la respuesta, o eso sentía yo inconscientemente. En realidad, era una persona sumamente infeliz con mi trabajo, pero tenía la sensación de que tenía un puesto laboral que respaldaba de alguna extraña manera mi día a día. Cuando terminé la carrera, me percaté que cada fiesta, reunión, llamada, lo que fuera… significaba una especie de pasarela de ver lo que cada uno estaba haciendo y en dónde. Aunque podías estar ausente del mercado godín, una respuesta de tipo “pero estoy en medio de un proyecto” o “estoy emprendiendo” era esperada.

Un buen día se me atravesó un post/historia de alguien en Instagram que decía algo así como: “qué difícil definirte sin tu trabajo”. Me quedé perpleja, fue como balde de agua fría. Recordé que, cuando tenemos que presentarnos en casi que cualquier lugar, el discurso va algo así: “Soy fulanx, tengo X años, estudié en X universidad, he trabajado de X en tal o cual empresa”. Siempre nos definimos con base en nuestros logros profesionales y/o académicos. Es más, revisen varias biografías de Twitter por ejemplo y se van a dar cuenta que es un listado de ello para varias personas. Ojo, yo no digo que no debamos presumirlos o que debamos ocultarlos, para nada. Su esfuerzo ha significado y basta de esta falsa creencia que quien muestra su trabajo es un fanfarrón. Lo que intento transmitir aquí, es que hemos abrazado al sistema al punto que creemos fielmente que somos donde trabajamos, somos lo que producimos, lo que estudiamos y los premios que hemos recibido por ello.

Considero que no hablamos lo suficiente del tema y no fue hasta que me sucedió todo lo anteriormente mencionado que recapacité sobre el proceso que, aún incompleto, me falta por recorrer para aprender a definirme por quien soy sin el trabajo que desempeño. Un trabajo rara vez llega a ser eterno; puestos y empresas cambian, la sociedad cambia, los contextos económicos cambian, une misme cambia. Hoy nos gusta tal cosa, mañana quién sabe, en unos años puedes darte cuenta que lo que estudiaste y donde has estado no es lo que quieres hacer el resto de tu vida. Y vengo a decirte que ¡SE VALE!

Creo que nuestra existencia demanda que seamos todo menos estáticos y estáticas, me rehúso a aceptar que tengo que definirme por la nunca certera decisión de carrera que tomé cuando tenía 19-20 años o por los trabajos que he tomado que, además, algunos llegaron cuando más necesitaba el dinero y resultaron ser excelentes opciones, pero sin duda fueron oportunidades que se presentaron y tomé sin la convicción de que eso era lo que realmente deseaba. No tengo pruebas, pero tampoco me quedan dudas de que las etiquetas encasillan y son limitantes. Desde pequeñes aprendemos a interiorizarlas y hacerlas propias sin la mínima posibilidad de ser inamovibles. Cuando alguien decide mudar de carrera, de ideas, de amigues, de gustos… resulta para todes los espectadores, como algo digno de ser criticado y juzgado. Resulta que hacer algo del estilo es impensable, inmaduro hasta cierto punto. Pero ¿por qué? Como cada quien decida definirse es cosa de cada une.

Se vale cambiar, se vale recapacitar y modificar los siguientes pasos a tomar. Definitivamente es mucho más fácil hacerlo que decirlo, es más fácil para mí echarle porras a cualquiera que a mí misma cada que me entran las dudas y la ansiedad. No quiero dejar pasar la oportunidad de resaltar que entiendo que a veces une no puede simplemente sentarse a pensar y elegir, a veces las circunstancias exigen que se tome el primer empleo que pague lo suficiente, nos guste o no. Hoy gozo de un privilegio, del cual estoy muy consciente, que me permite tener mis necesidades cubiertas y repensar qué hacer con mi vida.

Es evidente que hay eventos para todo y que el networking es de suma importancia en nuestra sociedad, al final, se le puso un nombre mafufo (diría mi mamá) al hecho de relacionarnos con los demás. Hay momentos para hablar más de trabajo y hacer una red de contactos, pero en lo personal, me gustaría que a la par habláramos de lo que nos apasiona, lo que nos mueve. ¿Qué tal? Tal vez soy abogada y me gusta mi trabajo, pero también soy pintora y disfruto discutir sobres tales temas, me mueven tales o cuales ideales, amo caminar y leer; me considero empática, risueña y soñadora. Y tal vez mi vida no la define mi trabajo, la definen un montón de cosas más, que sin ellas yo no podría ser yo.

No les voy a mentir, aún me cuesta mucho imaginarme en un evento donde sé que la pregunta va a surgir invariablemente, pero hoy me siento más tranquila sabiendo que he hecho un mejor trabajo de introspección, un trabajo que me permite saber que yo no soy mi trabajo y que tengo derecho a definirme en mis propios términos, bajo mis propias condiciones y en mi propio tiempo.

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Ella/She/Her. Sí, Daniella con doble "L", me gusta que me digan Dan.
Eterna apasionada de cuestionarme todo. Desaprender y reconstruir no me parece sólo válido sino también, necesario.
Soy feminista, instructora de zumba, me encantan los tatuajes y los pulpos.
¡Ah! También soy Licenciada en Negocios Internacionales, pero me gusta escribir principalmente sobre temas sociales.

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