Reseña de La Más Draga 3: ¿La más racista?

Por Norman Monroy | @aendriago

Después de dos exitosas temporadas, regresa La Más Draga (LMD), el reality show que se trasmite cada martes a las 9 de la noche por YouTube y que muestra el talento Drag mexicano. 

Desde la primera temporada, LMD fue una promesa de diversidad, al incluir en sus participantes a mujeres cisgénero, personas trans, no binaries, y expresiones poco convencionales en este universo del Drag, como Bio-Queens y cuerpos no-hegemónicos. En relación con su similar en Estados Unidos, RuPaul’s Drag Race (RPDR), LMD apostó por un formato parecido, aunque tropicalizado. Cambió las queens por las feminosas y el lip sync battle por el reto de doblaje. Pero LMD no solamente consiguió crear una gramática adecuada a nuestro idioma, sino que también propuso retos como: la más alebrije, la más luchona, la más independiente o la más piñata; solo por mencionar algunos. Se rindió homenaje a figuras como Juan Gabriel, Thalia y las divas del Cine de Oro; así como también se representaron tradiciones como el día de muertos, trajes típicos y folklore religioso. 

La tercera temporada parecía no quedarse atrás, y digo que parecía, porque a lo largo de los primeros cuatro capítulos se fue asomando una polémica que no ha sido el tradicional salseo alrededor del show, sino: el racismo. 

Desde el segundo capítulo “La más prehispánica”, resaltó el body paint negro de la participante Aviesc Who, representando a Coatlicue, la diosa madre de la antigua Tenochtitlán. Surgió en la conversación el tema del black face, que es un tipo de maquillaje que comenzó a utilizarse en el siglo XIX para representar a las personas de color, algo evidentemente racista. Este tipo de maquillaje no es nuevo en el programa, ya que participantes de otras temporadas como las Red Rabbit Duo y Amelia Waldorf lo han utilizado, sin embargo, la polémica no prosperó ya que sus caracterizaciones responden a seres mitológicos y no a personas o algún grupo étnico. 

El tema comenzó a tomar más relevancia en este último capítulo, “La más famosa”, en el que las feminosas tenían que imitar a un personaje mexicano. Este capítulo fue una bizarra reminiscencia de programas como “Humores los comediantes”, “Sabadazo” y “Parodiando”, en los que se reproducen los más rancios estereotipos de la televisión mexicana. Desde personajes como María Félix e Irma Serrano, que representan la exaltación del clasismo y la soberbia, hasta otros como La India María que folklorizan y ridiculizan a los pueblos originarios. 

Reseña de La Más Draga 3: ¿La más racista?
Imagen vía La Más Draga

Después de la tradicional pasarela, de la que no hay mucho que resaltar, vino un incómodo sketch en el que cada uno los personajes simularon un programa de citas que -sinceramente- me pareció eterno y aburrido. Para entonces, el personaje de La India María, interpretado por Regina Bronx, ya había hecho gala de una serie de elementos problemáticos: la indumentaria, accesorios como la caja de cartón con una gallina adentro, el puesto de frutas montado en el piso y algunas líneas “cómicas” que decían cómo debería ser una “buena india”. No obstante, todo detonó en la ronda de crítica del jurado. 

Esta parte fue un extraño encuentro de paradojas. Por una parte, Johnny Carmona expresando que “hay cierto tipo de comedia que funcionó en los 70, en los 80, pero que desafortunadamente hoy lacera a un México que ya no quiere ser clasista, que ya no quiere ser racista”. Sentencia que fue la única chispa de prudencia en el panel, pero que pierde toda credibilidad después de que el mismo Carmona llamó “Pituca y Petaca” a Pepe y Teo en el camerino, y que esta crítica no fuese extensiva con los personajes de Chespirito del capítulo anterior, que abonan también al estereotipo de las clases precarizadas. 

Por otra parte, Carmona imposibilitado a continuar su argumento ante el desacuerdo de la jueza invitada, Maribel Guardia, se montó en la narrativa colonial en la que se representa a “nuestra gente” (como si fueran una pertenencia las personas indígenas) e infantilizándolas por su ternura e inocencia.  Rematando Bronx, diciendo: “esto para mí es mi pueblo, es mi rancho […] yo crecí con este tipo de personas”, como si esto fuera una licencia para reproducir una imagen que –en todo caso- es imprecisa, ya que la participante dice ser de una población tarahumara/pima, siendo que la India María es de origen mazahua. Lo último, confirmando la homogenización que persigue el relato nacionalista y folklorizante mexicano, al equiparar ambas culturas sólo por ser indígenas. 

Reseña de La Más Draga 3: ¿La más racista?
Imagen vía La Más Draga

Por si todo esto fuera poco, como cereza del pastel, la canción del reto de doblaje hablaba de “chacales”, una figura sexualizada de varones racializados que la comunidad LGBT+ ha adoptado y que, a todas luces, es también racista.  

Hasta este punto confieso que es bastante incómodo tener que señalar todos estos puntos, cuando tendría que hablar de los looks icónicos de las feminosas y lo increíble que hicieron sobre el escenario. Pero en esta ocasión, no sucedió y LMD -que nos tiene acostumbrades a volarnos la peluquita- esta vez no divirtió, ni aportó al debate. Desafortunadamente, esto no es solo un tropiezo a nivel de contenido, sino una desafortunada racha de traspiés a los que se suman una campaña de prevención del VIH que reprodujo estigmas sobre las personas portadoras del virus, así como retos semanales poco innovadores, repetitivos y muchas veces desangelados. 

LMD tuvo un tema importante en sus manos para señalar todo lo que estuvo mal con las interpretaciones realizadas. Pero el hecho de que la producción haya propuesto los retos, se haya autorizado la inclusión de estos personajes, así como -especulando- haya existido un guion a seguir para causar controversia, nos habla de que esto no se trata de un hecho aislado, sino de una serie de sucesos que nos demuestran que el racismo es estructural, se encuentra profundamente normalizado en nuestro hacer cotidiano, y que no se erradica cambiando estereotipos o modificando nuestras conductas y actitudes. 

El capítulo cerró con un corte abrupto, en la que la invitada Ricky Lips sentenció a ambas participantes que se fueron a reto de doblaje (Aviesc Who y Wynter) para ser expulsadas. Sin duda alguna, es evidente que -como todo show de realidad- se busca causar emociones en el espectador, pero que habría que reconsiderar dado el momento crítico en el que vivimos. Y si bien sabemos de los límites que enmarcan un programa de televisión, que no tiene la obligación de hacer pronunciamientos políticos, más que entretener, lo ideal sería que no abordara temas problemáticos que no sabe manejar. 

Como espectador, esperaría que el programa se apegara únicamente a entretener, algo que en esta ocasión no sucedió. Más que pensar en darle una oportunidad de redención, este agrio capítulo nos convoca a la reflexión, pero también -considero- debería apuntar a la reparación y evitar que vuelva suceder.

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