Reflexión sobre la vejez – Agente Topo

¿Ya vieron el documental chileno “El Agente Topo”? Les invito a hacerlo ya que es, en mi humilde opinión (y a pesar de amar con locura y pasión a los pulpos), el documental que debió llevarse el Óscar. Lloré y me reí todo el tiempo, era un vaivén de emociones. Si ya la vieron, les dejo esta entrevista que no se pueden perder, pues complementa muchísimo este gran proyecto. Trataré de no dar muchos spoilers, porque en realidad quiero platicar más sobre la vejez en general. Que al final, todes hacemos eso a diario, ¿qué no?

Vemos en un montón de gente de mi edad el PAVOR de llegar al tercer piso, el que la vida adulta ya llegó para quedarse, pánico que nos digan “señore”. Pareciera que la juventud es literal de 0-29 años de edad. Todo lo que se promociona allá afuera es sobre ser y permanecer joven. Ojo, de una les digo que no tengo un problema con las cirugías estéticas de ningún tipo, ustedes háganse lo que gusten y deseen; sin embargo, sí me cuestiono mucho las que veo que son para impedir el envejecimiento. No es por poner categorías simplistas de “bien y mal”, sino porque siento que nos han metido muchos miedos; entre ellos, el de vernos “viejes”. No se habla mucho del proceso de envejecer, es un tema tabú. “Nunca nos preguntan sobre el viejo que queremos ser”- Maite Alberdi.

Y es que piensen, ¿no les ha pasado que hay gente con la que hablan y que todo lo que añoran es su vida de jóvenes? Adultes de 30-50 que viven frustrados en ser siempre un alma joven porque aparentemente sólo la juventud se puede divertir, sólo la juventud vive. Es más, hasta porras se echan si saben qué onda con les chaves hoy en día y más aún si les pueden llevar el ritmo (sea lo que eso signifique). Porque, de alguna manera, hemos determinado qué cosas sí puedes usar, escuchar, vestir, amar, odiar en ciertas edades.

Seguro se han topado con infinidad de cuentas que suben videos de coreografías o trends en TikTok con alguien joven y luego alguien de edad replicándolo, tal vez con algo de menos gracia o dominio. No digo que siempre sea el afán de burlarse, pero muchas veces eso termina pasando. ¿Cuántas veces no sale el “ya siéntese señora”, o el “ahí están sus tías”? Porque hay que destacar que, hasta para este tema, sale la misoginia. La burla va en femenino. Es más, si un don está obsesionado con verse joven, a veces hasta se los aplauden. Para las mujeres es un tema particularmente complejo: se nos dice que nos ponemos flácidas, que aquellos “atractivos físicos” se caen, que viejas no nos van a querer, que si nos operamos somos vanidosas y si no lo hacemos es porque no nos interesa ya cómo nos veamos.

No digo que yo soy la experta, acá deconstruida de este tema a mis 27, más bien creo que, a medida que leo más de esto, me doy cuenta que urge hablarlo más. Con este tema me puedo seguir hablando de la belleza y demás, pero mejor me voy a centrar en hablar sobre todo lo que este innegable – tal vez no consciente – temor de vernos y sentirnos “viejes” (lo pongo entre comillas, porque es la palabra más común, aunque posiblemente no la mejor) termina por conseguir: discriminación y olvido para les adultes mayores.

Ilustración: @efftheiragingstandards

Según los últimos datos publicados por el INEGI el 25 de enero del 2021, en el 2020, en todo México, la edad promedio de la población aumentó a ser de 29 años, mientras que en el 2010 fue de 26 años y en el 2000 de 22 años. Se estima que en México viven más de 15 millones de adultes mayores; es decir, aquelles que tienen 60 años o más. En el 2000, les adultos mayores eran sólo el 7% de la población y ahora representan un 12%. El 69.4% presentan algún tipo de discapacidad. Según la CONAPRED, el 16% de les adultos mayores sufre de abandono y maltrato. “El aislamiento de les ancianes es cada vez más latente en una sociedad inmersa en una creciente competitividad y caracterizada por procesos de deshumanización en muchos sentidos.”

No vengo a arrojarles mil estadísticas, quiero que reflexionemos sobre aquelles adultos mayores que no están en condición de cuidar de elles mismes. Muches, si tienen el goce de contar con una familia cariñosa que vea por elles, tienen una buena parte resuelta, tal vez no forzosamente del lado económico, pero sí del afectuoso. Otres, viven solos y como pueden, otres recurren a asilos u otras residencias para el cuidado del adulto mayor.

Y es aquí donde les quiero contar por qué me inspiró tanto el documental y mi experiencia a escribirles esto el día de hoy. Yo hice buena parte del servicio social de mi carrera en asilos que, si mal no recuerdo, todos eran privados, de diferentes niveles, pero privados al final. Mi servicio social consistía básicamente en visitar un número de horas los asilos los días sábado para pasar, con quien quisiera, un rato. Podíamos sólo platicar, jugar cartas o lo que hubiera, leer; en fin, pasar un tiempo agradable con elles, porque la realidad es que la mayoría están abandonades. No es sólo que se les pueda olvidar si les visitan o no, sino que simplemente no lo hacen. Mucha gente prefiere pagar por tenerles ahí y que “vivan bien” a cambio de nunca verles.

Nunca voy a olvidar a una señora en un asilo que me relató toda la vida ocupada de su único hijo para explicarme por qué nunca la visitaban (yo jamás pregunté). Me contó que viajaba mucho y que casi nunca estaba en el país o por lo menos en la Ciudad. Yo estuve con ella un ratote cuando ¡oh sorpresa!, va llegando el hijo a verla y era mi vecino de puerta. Cabrón. No puedo explicarles el sentimiento de impotencia. Ustedes se preguntarán que por qué no le dije nada. Yo no iba ni podía cambiar la realidad de la señora. Eso es algo que nos repetían mucho los coordinadores: van a ver cosas duras, feas incluso, pero no se pueden meter. No fue sólo ella, fueron muchísimos los casos y, por supuesto, sólo hablo de los que presencié. Incluso había gente que podía perfectamente valerse por sí misma, pero ya les habían metido ahí.  (Y sí, ya sé que no todes les adultos mayores son lindes, ni todes tal vez fueron personas decentes. No se me vayan a quedar ahí.)

Maite Alberdi, la directora de Agente Topo lo dice muy bien en una entrevista que dio: “Yo no creo que sean personas que le tengan miedo a la muerte, porque la muerte está bastante incorporada en su cotidiano. […] Para mí, el tema que los asfixia, el tema que los aterra, es la soledad.” Si bien, ella retrata y habla de una realidad en Chile, donde las tasas más altas de suicidio son de mayores de 80 años, creo que bien podemos hablar de ello en general.

Vía: Semana.

Sergio, el protagonista del documental no sufre ningún tipo de abandono por parte de su familia; sin embargo, convive con el que sufren sus compañeres en la casa geriátrica, y eso es suficiente para sentirse completamente abatido y desconsolado.

Quiero invitarles a reflexionar el abandono y, muchas veces, el maltrato que sufren tanto de su familia como de la sociedad. Se les trata con condescendencia como si tener una cierta edad te hiciera inútil. Existe hasta un proceso medio infantilizante. Tal vez no es con mala intenciones siempre, pero ¿por qué asumir por alguien más lo que puede y no puede decidir? Recordemos que elles, salvo una enfermedad que imposibilite cualquier toma de decisión, también tienen autonomía sobre elles mismes. Entiendo perfecto que cada situación es compleja y no todo es tan fácil como suena.

Hoy, realizo voluntariado virtual con adultos mayores donde también se trata de lo mismo: pasar un buen rato. Mi experiencia actual es con una mujer, la cual no se casó, no tiene hijes, su familia y amigues cercanos ya no viven más con ella. Me contó que vivió la vida que quiso, la vida que deseó para ella y que fue muy feliz, pero que hoy, la soledad le quita todas las ganas de vivir. Mi supervisora dice que no es que solucionemos sus problemas, venimos principalmente a escucharles, pero no les voy a negar que a la fecha me parte en mil pedacitos. En esta situación tan particular donde no hay nadie que pudiera siquiera acompañarte, ¿qué se hace?, ¿acaso sus decisiones entonces no fueron las mejores? La realidad que enfrenta la obliga a replantearse muchas cosas y la verdad, a mí también me hace meditar muchas otras.

Sé que nuestras vidas están llenas de cosas, compromisos, tareas, entregas, amigues, parejas, ocio; pero no nos olvidemos de elles. Sus vidas no son las de antes, su gente se está yendo, elles se están yendo también. Para muches, son sus recuerdos los que les dan paz día a día y está bien escucharles cuantas veces sea necesario. Sean pacientes y empáticos.

Recuerdo mucho una frase de un personaje de Coco, Chicharrón, cuando antes de desvanecerse a causa del olvido, dice: “me mueven mis recuerdos”. Todes vamos para allá, todes merecemos respeto y trato digno, que no se nos olvide.


Les quiero recomendar seguir la cuenta en IG de @psicpaularomero, quien es una Psicogerontóloga y quien tiene un extraordinario contenido.

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Ella/She/Her. Sí, Daniella con doble "L", me gusta que me digan Dan.
Eterna apasionada de cuestionarme todo. Desaprender y reconstruir no me parece sólo válido sino también, necesario.
Soy feminista, instructora de zumba, me encantan los tatuajes y los pulpos.
¡Ah! También soy Licenciada en Negocios Internacionales, pero me gusta escribir principalmente sobre temas sociales.

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