Productividad desde el ser estudiantx

Para quienes siguen las publicaciones del blog, sabrán que mi colega y amiga Diana Pinto, escribió sobre la productividad en medio de la pandemia. En realidad, ya había pensado escribir al respecto y como sigo con la espinita, espero aportar algo también a la conversación.

Usualmente escribo acompañado de una taza de café, pero en esta ocasión decido hacerlo con una taza de helado y no puedo evitar pensar en que me siento como esa bola de nieve. Por la mañana me siento fresco (es la hora del día más fresca en Mérida), pero en cuestión de minutos y luego del desayuno, me derrito justo como mi helado en estos momentos. Así me siento, una bola de helado fresca que a lo largo del día no hace más que derretirse y perder su forma.

Cuando comenzó la cuarentena enseguida pensé: bueno, al menos podré leer mis libros pendientes, avanzaré con mi protocolo de tesis y resucitaré para mi asesor. podré ser más productivo haciendo home office, tendré tiempo de practicar yoga, ver mis series, jugar con mi perrhija y atender mejor el YucaPost.

Comencé lleno de metas y objetivos, todos desde el desconocimiento de la seriedad que tenía la causa de la cuarentena. En la medida en que avanzó la gravedad del Covid-19 en México, disminuyó mi estado de ánimo y por ende mi productividad. Me siento frente a mi computadora y simplemente las cosas no surgen. Eso, si logro sentarme frente a ella.

Durante estos días me ha sido difícil hacer las cosas que se espera que yo haga. Todas las de mi lista. Ha habido un par de días en los que me es imposible pararme de la cama y hacer cosas. Otros en los que mi mente se dispersa, concluye el día y no sé cómo pasaron las horas. Todo es confuso, el tiempo pasa y siento que durante esas horas no hice nada. Simplemente no me siento bien.

Estoy frente a mi lap y mi mente se sumerge en los tuits con información, en la situación económica de mi familia, en la de mis amigues, intento mantener contacto con mis amistades y la persona con la que me comparto, hago cosas de la casa, vuelvo a pensar en lo que pasa en mi familia y cómo esto le afecta, pienso en las personas que están pasándola peor, leo que hay gente sin un techo, sin trabajo, el presidente aumentando la ansiedad del pueblo, mi abuelita paranoica, mi abuelo necio de querer seguir trabajando, los problemas de mis relaciones cercanas, la economía, redes sociales y así al día siguiente.

Me siento saturado, sobrepasado, agobiado, cansado. Improductivo. No puedo pararme de la cama. No puedo teclear. No puedo leer sobre derechos sindicales cuando mi cerebro lo considera irrelevante en estos momentos. Derecho mercantil. Tareas de medios alternos de solución de controversias. Mil archivos de amparo por leer. Plazos.

Eso pasa por mi mente todos los días. Esos dos párrafos hacen corto circuito dentro de mí y no puedo pararme a cumplir con mis actividades. ¿Lo peor? No hay empatía. El sistema educativo invisibiliza la salud mental. Las profesoras y profesores nos obligan a ser productivxs. A que te pares, te sacudas y sigas con tu vida con normalidad. Sí, normalidad. Aun cuando nada es normal para nadie y el mundo nos envuelve en problemas.

Las profesoras y profesores nos hacen tener clases en sábado, mandar tareas todos los días (sin explicar el tema), ponen exámenes en pocos días, nos quitaron semana santa y pascua, “estamos atrasadxs, dicen”. Hay que ser productivos, otra vez.

¿Qué pasaría si el profesor o la profesora crearan canales de comunicación efectivos y activos? El sueño.

El sistema y lxs profesorxs están acostumbrados a que seamos sumisxs y serviles. Que nos digan rana y saltemos. Que, si toda la semana tienen que trabajar, cuidar a sus hijes, estudiar para su posgrado y calificar. Nosotras y nosotros estudiantes tenemos que entender. La docencia desde jerarquización del conocimiento. Desde el pedestal de autoridad. ¿A caso no podemos tener diálogo y crear acuerdos que nos beneficien a todxs?

Las personas estudiantes no estamos acostumbradas a expresarnos. También tenemos familia, algunxs tiene hijxs, algunxs no tienen dinero, no tienen internet, no tienen computadora, tienen un padre alchólico que no les deja trabajar en casa, hay violencia, depresión, espacio compartido e imposibilidad de concentrarte, cuidar a alguien, no poder pagar tus servicios básicos o terapia, o peor, no que no haya qué comer. El sistema deshumaniza y borra a la otredad. Desde nuestro privilegio exigimos productividad en las demás personas.

Ojalá la docencia fuera flexible, pusiera plazos razonables, preguntara si hay internet en casa, creara un canal de comunicación con el alumnado, fuera empático y respetara el fin de semana y vacaciones. Por salud mental, tenemos que marcar la diferencia entre semana y fin de semana. Porque mentalmente nos consume que el mismo espacio lo usamos para trabajar, entretenernos, llorar, descansa, estudiar y convivir en familia. Porque emocionalmente tenemos cargas. Porque sentimos que no podemos.

Llevo días sin poder dormir y sé que muchas amistades están como yo. Llevo días sintiendo culpa por no estar tecleando mi protocolo o investigando sobre derechos sindicales. Pero simplemente, no puedo. Haciendo coraje de que la docencia no perdona. Que no nos escucha. Que nos explota.

Platicaba hace unas horas con mi psicóloga, que no me ha soltado estos días. Y me decía que sí estoy siendo productivo. Que hacerme cargo de mi ansiedad, era ser productivo y esa afirmación me devolvió la paz que había perdido. Sí he sido productivo, pero no de la forma que el sistema de privilegios quiere que lo sea. Me he hecho cargo de mis emociones, de mis relaciones interpersonales, de mi familia con la que ahora convivo y había dejado de hacerlo. Practico yoga y si puedo avanzar un párrafo de mi protocolo o leído un paper de mi investigación, estoy siendo productivo.

Debemos dejar de sentir que leer libros, trabajar, cumplir con las tareas y llenar las expectativas de otras personas, es ser productivx, sobre todo en estas circunstancias difíciles, en las que nuestra vida cambió de un día para otro. Hacernos cargo de nuestras emociones, es ser productivx. Hoy más que nunca, hacernos cargo de nosotras y nosotros es prioridad. Ojalá, mis profesores y profesoras lo entendieran, lo acuerparan y lo empatizaran.

No nos podemos dar abrazos físicos, pero podemos dar cuidados y afectos que cuiden a la otra persona y la hagan sentir abrazada. Para hacernos cargo de lo académico o laboral, lo primero tenemos que hacernos cargo de nuestros afectos y emociones.

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Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

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