Pretend It’s A City: Nueva York y sátira de la A a la Z

“Mi ira se debe a que no tengo poder, pero estoy llena de opiniones”.

-Fran Lebowitz, Pretend It’s A City.

El 2021 empezó con un estreno único en Netflix. En dirección, Martin Scorsese volvió con su primera serie limitada: Pretend It’s a City. La serie tomó forma en siete episodios de un documental que siguió a la autora y humorista, Fran Lebowitz, mientras ella dio un conjunto de conferencias, entrevistas y opiniones sobre Nueva York y sus propias experiencias en la ciudad. Filmada poco antes de estos tiempos pandémicos, Pretend It’s A City capturó una esencia parecida al libro En esto creo de Carlos Fuentes. Aunque la premisa de la serie vende su sinopsis alrededor de las reflexiones de una autora muy ingeniosa y divertida sobre Nueva York, Pretend It’s A City también reflejó las opiniones de Fran Lebowitz sobre varios temas culturales y sociales en la realidad contemporánea de Estados Unidos: el concepto de bienestar físico en el siglo XXI, la brecha generacional entre Baby Boomers y Millennials, íconos culturales del siglo XX, rentas inaccesibles y gentrificadas, los conceptos de arte y talento, entre otros. En pocas palabras, Pretend It’s A City es un monólogo que descansa en su humor y, aun así, no es un stand-up; su dirección y sus detalles elevaron la calidad de la serie limitada para convertirla en una obra cinematográfica de un tipo casi incomparable. A pesar de que la serie esté enfocada en las opiniones frecuentemente controversiales de una sola persona, ¿Pretend It’s A City merece ser visto? Por su impacto, sí. Aunque el humor de Fran Lebowitz no es siempre apropiado o universal, sí cumple el wit, o el ingenio, con el cual Lebowitz es descrita a lo largo de toda la serie. Además, Pretend It’s A City, con sus escenas y capturas de un Nueva York sin COVID, le dio una imagen distinta a Netflix sobre el símbolo neoyanqui de la Gran Manzana: mostró una ciudad, sin romantización, inmersa en una cultura de trabajo, riqueza desigualmente distribuida, intelecto y cotidianidad.

En un nivel personal, hubo dos aspectos de la serie que me parecieron particularmente fascinantes. En primer lugar, yo soy de la Ciudad de México. Nací ahí y he vivido en la CDMX toda mi vida. A lo largo de toda la serie, es evidente que las opiniones de Fran Lebowitz intentan describir a Nueva York con crudeza y sin idealización. Particularmente, el primer episodio de la serie está dedicado a que Fran Lebowitz describa todo lo que le molesta de la ciudad. Por eso, la serie en sí se llama Pretend It’s A City: es una referencia a un fragmento de una respuesta que Lebowitz dio en una entrevista. Según Lebowitz, les neoyorquines necesitaban pretender que Nueva York es una ciudad; necesitaban caminar por las calles y considerar que había más gente a su alrededor, en vez de estorbar para preguntar direcciones, tomar fotos o detenerse en medio de la calle para interrumpir el paso de les demás. De ahí, Lebowitz aprovechó el primer episodio de la serie para manifestar un Nueva York más hostil; con un sistema de transporte público no funcional, una historia de gobiernos e infraestructura negligentes, rentas excesivamente altas que sus habitantes apenas logran pagar, un movimiento inexplicable de cómo les neoyorquines logran caminar por la ciudad sin salir lastimados e, incluso, una asociación controversial de olores con la gente que usa el transporte público. Mientras Lebowitz realizaba su monólogo sobre un Nueva York cómico y realista, no pude evitar asociar su descripción con la manera en la que la Ciudad de México era día a días antes del COVID. Al andar todos los días por la ciudad, yo lo encontraba como una experiencia muy surreal que cumplía con muchas características de la descripción neoyorquina de Lebowitz. El ruido, la fugacidad, la presencia de gente chantajista en las calles: Pretend It’s A City fue impresionante para mí, porque me hizo ver que, más allá de la admiración imperialista que el mundo pueda tener por Nueva York, es una ciudad grande que cumple un estilo de vida como muchas otras. Como la Ciudad de México, Lebowitz desenmascaró Nueva York como una ciudad sujeta a un surrealismo guiado por trabajo, la fuerte combinación de las culturas que la habitan y la desigualdad causada por la gentrificación y el modo de vivir capitalista moderno.

En segundo lugar, la serie funciona —para sus espectadores— como un anecdotario de la amistad entre Fran Lebowitz y múltiples figuras culturales e intelectuales de Estados Unidos. El hecho de que Lebowitz esté contando sus opiniones y experiencias bajo la dirección del mismo Martín Scorsese no fue suficiente para Pretend It’s A City. Aunque Fran Lebowitz no sea la autora o humorista más reconocida del siglo XX, la serie sirvió para demostrar que es un figura intelectual muy célebre de Nueva York desde los años 70. Amistades con personajes como Toni Morrison, Charles Mingus, Duke Ellington; rivalidades con el mismo Andy Warhol; entrevistas con Alec Baldwin y Spike Lee; salidas al Studio 54 y a luchas de Muhammad Ali: la serie es un acercamiento muy interesante a la historia de Nueva York y a recuentos sobre el arte legendario que ha distinguido a la ciudad en el último siglo.

Sin embargo, más allá de Pretend It’s A City en particular, creo que hay un único problema con basar la premisa de un trabajo analítico y reflexivo en su humor. Algunas veces, las observaciones de Lebowitz son muy impresionantes y pertinentes, como sus opiniones sobre el blanqueamiento del movimiento #MeToo y el ejercicio físico en Estados Unidos. Otras veces, su humor puede parecer demasiado al tocar algunos temas delicados, como el olor de las personas que usan el metro o les escritores comunistas. En general, el humor no es el análisis más empático porque ridiculiza un punto de vista contrario y puede cruzar un límite de discurso. Pero, de todos modos, Pretend It’s A City es una única obra de arte dentro del trabajo de Martín Scorsese. Con sus introducciones y créditos, las escenas que acompañaron los monólogos de Fran Lebowitz hicieron un gran trabajo en hacerle honor a el cariño que su público le puede tener a Nueva York. Así, Pretend It’s A City mantiene una descripción realista con una cinematografía muy estética de cada momento retratado en la serie. Y, mientras tanto, Fran Lebowitz le da vida a sus opiniones y la hacen parte de una moderna cultura neoyorquina.

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Tengo 21 años y estudio Derecho en el CIDE. No escribo porque sepa algo en específico; lo escribo porque me interesa mucho saberlo. Mis intereses principales son de sociedad y música, pero intento aprender todos los días de todo lo demás.

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