No tener expectativas (Apuntes sobre la decepción)

Este texto es una serie de ideas, relativamente sueltas, sobre un mismo tema.
Así se vive el caminito de los cuestionamientos.
Una idea a la vez

A veces le cuento a mi psicoterapeuta de qué tratan mis artículos. Sobre todo cuando tuve que hurgar en mis adentros para encontrar el tema. Hace algunas sesiones le conté sobre el texto de la decepción.

No me considero una persona con expectativas. Al menos no con la idea que hemos llegado a asociar con el término. Las expectativas que yo me creo (de crear) son, de alguna forma, sobre mí. ¿Cómo va a ser mi interacción con la persona/situación que tengo frente a mí? Eso, a mi juicio, evita cargarle la culpa a la persona de enfrente y, por ende, evita las posibilidades de decepcionarme. O, al menos, las decepciones respecto de mí mismo son un poco más fáciles de negociar.

¿Por qué los deportes son diferentes? Porque no existe la posibilidad de crear expectativas sobre uno mismo. Todos los estímulos vienen de afuera. Todo depende de que otrx actúe como yo espero que actúe. De eso depende mi decepción.

El problema está (como decía en el artículo anterior) cuando asumimos que, en todas mis relaciones con otrxs, no debo crear expectativas sobre mí y menos asumir que otrx no tiene expectativas sobre mí. La interacción social necesita de más de una persona.

Las expectativas sirven, sí. Sirven para evaluar nuestras formas de entender el mundo, nuestro apego (o desapego) ante una idea o una persona, nuestro caminar por el mundo. La propuesta es dejar de ponerlo todo sobre otrxs y comenzar a mirar hacia adentro.

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Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

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