Me encanta Fleabag

“Me encanta porque es sumamente incómoda y porque, mientras la veo, nunca estoy segura de si quiero reír o llorar”. Esa es la frase con la que siempre explico por qué me gusta Fleabag cuando invito a alguien a verla. Nunca digo mucho más porque me gusta evitar los spoilers; sin embargo, este artículo es para explayarme sobre todas las razones y elementos que hacen que, desde mi perspectiva (la de una morrita de 23 años que no sabe mucho de cine ni de series, pero que ama sentarse a ver algo en la tele para disfrutar y olvidar la vida propia por un ratito) “Fleabag” sea una de las mejores series del mundo. Así que, si no la has visto, gracias por interesarte en este texto, pero por favor no lo leas aún; ve a ponerla en tu computadora, inviértele dos horas y regresa al YucaPost para fangirlear conmigo.

Primero, recapitulemos rápidamente. “Fleabag” es una comedia dramática británica CREADA, ESCRITA Y PROTAGONIZADA por la increíble Phoebe Waller-Bridge— que estrenó su primera temporada en 2016 y su segunda (y última) parte en 2019. Consta de 12 cortos capítulos únicamente y cuenta con un elenco impresionante, donde destacan actores y actrices como Olivia Colman, Sian Clifford y Andrew Scott. Desde 2016 y hasta la fecha, ha brillado entre premiaciones y nominaciones, principalmente en la entrega 71° de los Emmy (en 2019), donde ganó como mejor serie de comedia y donde Phoebe fue reconocida como la mejor actriz en serie de comedia.

Pero aquí la pregunta más importante es: ¿qué es lo que hace que “Fleabag” sea una serie tan buena y completa? Desde mi perspectiva, son cuatro los elementos los que agrupan todas las razones:

  1. La magia que genera el tener a personajes tan bien construidos.
  2. Los diálogos y las escenas que contienen temas importantísimos y que son retratados de una manera sutil bellísima. Sexualidad, anti-punitivismo, feminismo, amor y amistad.
  3. Los detalles de la producción.
  4. El final (no) feliz.

Vayamos uno por uno.

La magia que genera el tener a personajes tan bien construidos.

No hay duda, cada personaje que aparece en la serie —desde la protagonista hasta el hombre que se cruza un segundo con ella mientras caminan por la calle— tiene todos los elementos pensados, cuidados minuciosamente y abonando a que todo conviva de manera armoniosa (incluso dentro del caos de la historia) durante los capítulos. Pocas de las personas que aparecen en la serie tienen nombre; ni siquiera se menciona el nombre de la protagonista y, con el resto, nos referimos a la madrastra, al chavo guapo, al de los dientes, al hot priest, al señor del banco, etcétera, etcéra. Sólo conocemos el nombre del exnovio, Harry, de su hermana Claire y de quienes la rodean, Martin, Jake, Klare y Belinda. Y, aún así, pareciera que, fuera de eso, les conociéramos perfectamente y que, incluso, logramos involucrarnos en sus historias; no sólo desde sus actos, sino también desde la perspectiva de la protagonista, quien nos demuestra, desde su alto nivel de curiosidad, que analizar y reconocer las historias y actitudes de cada quien es algo que le interesa.

Empecemos hablando de ella, de Fleabag. Una mujer que se nos empieza presentando como sarcástica, muy sexual, con problemas económicos, que está atravesando por procesos de duelo muy fuertes por la pérdida de su mejor amiga y de su madre y que, además, pareciera no tener relaciones estrechas con quienes la rodean; ni con su novio (ex), ni con su familia, ni con quienes comparte su vida sexual. Fleabag se nos muestra, en un inicio, como alguien chistosísima y carismática, pero profundamente lastimada y sola desde la pérdida de Boo, su mejor amiga. Y, poco a poco, vamos viendo cuánto cariño tiene para dar, cuánto aprendizaje acumula a partir del interés y cuidado que procura tener con las personas (a pesar de sus miles de errores) y cómo, a pesar de su torpeza, sobrevive haciendo lo que puede con los recursos (tanto emocionales, como económicos) que tiene. Fleabag siempre da en el clavo con quienes ama; regalándole a su mejor amiga una mascota preciosa, confiando plenamente en que lo cuidaría; comprándole un vibrador a su hermana sexualmente frustrada; sabiendo lo importante que es la escritura de las canciones para su exnovio; diciéndole a Martin lo asqueroso que es; reconociendo las necesidades de su padre viudo; etcétera, etcétera. Fleabag se nos presenta como un personaje sumamente imperfecto, con miles de errores y de carencias, pero también con un montón de cualidades, virtudes y aspectos tiernos que, de alguna manera, sólo la audiencia (y el increíble coprotagonista de la segunda temporada) puede notar.

Además de ella, tenemos a personajes increíbles por todo lo que representan y en un espectro enorme de personalidades, donde, en un extremo se encuentra Boo —el ser más tierno y amoroso de toda la serie— quien, a pesar de aparecer únicamente como recuerdo del pasado, siempre brinda enseñanzas y risas con sus diálogos; y, en el otro extremo, a Martin —el hombre al que más he detestado de todas las series que he visto­— quien representa lo peor, desde la misoginia y el machismo, hasta la manipulación y violencia física y emocional. Y, pasando entre esos extremos, nos encontramos con Claire, un personaje sumamente complejo por todas las barreras que la conforman, pero un pilar gigante tanto en el desarrollo de la serie como en el de la personalidad de la protagonista; con el papá, tan torpe emocionalmente como sólo los papás saben; con la madrastra, interpretada por la reinota Olivia Colman, quien se encarga de demostrar lo que ser chingaquedito significa; con personajes menos recurrentes, pero importantísimos, como el hombre del banco, quien tiene una evolución preciosa durante la primera temporada; y, por supuesto, con mi favorito, el hot priest, quien le abona a la serie un toque de ternura, romanticismo y tensión sexual indescriptible y con el que es imposible no obsesionarse por todas las emociones intensas que provoca.

Los diálogos y las escenas que contienen temas importantísimos y que son retratados de una manera sutil bellísima. Sexualidad, anti-punitivismo, feminismo y mujeres, amor y amistad.

“Fleabag” habla de la sexualidad femenina desde una perspectiva poco explorada en las series de televisión, pues nos muestra a una mujer a la que vemos constantemente masturbándose, pensando en su próxima pareja sexual, tomándose “nudes” como parte de la rutina, compartiendo coitos sin ninguna expresión de satisfacción o excitación, pero estando ahí porque ningún otro lugar parece mejor, hablando de fetiches con personas mayores, deseando y sosteniendo relaciones sexuales “prohibidas” por hábitos religiosos, etcétera. Fleabag, desde el primer capítulo, nos habla sobre su sexualidad sin ningún tipo de tabú y, poco a poco, todo se vuelve menos incómodo.

A lo largo de la serie, vemos también fuertes críticas al sistema punitivo expuestas de una manera tiernísima e inmejorable. Por ejemplo, cuando el hombre del banco, en el lugar del retiro de silencio, le explica a Fleabag lo arrepentido que está, cuánto extraña a su familia y a su vida normal y cuánto daría por regresar a la rutina antigua con los nuevos aprendizajes. No sé ustedes, pero a mí esa escena me llena de esperanza y me recuerda que la “cancel culture” no es la opción. Otro ejemplo, y éste es quizá mucho más explícito y me encanta, es la escena en la que Fleabag le cuenta a Boo que a un niño de 11 años lo ingresaron al reformatorio por meter lápices con goma en el trasero de un hámster; Boo, sorprendida, pregunta por qué lo encerraron y argumenta que no debieron haberlo hecho, que necesita ayuda, que no es feliz, que alguien feliz claramente no haría eso y que, de cualquier manera, esa es la razón por la que se le ponen gomas a los lápices: porque la gente comete errores.

“Fleabag”, además, nos habla constantemente, aunque a veces de manera camuflajeada y otras muy explícitamente, sobre feminismo, sobre el dolor de las mujeres, sobre cómo transitamos los procesos, la juventud y la adultez. Y de esto hay muchas escenas que mencionar. No puedo no decir, por ejemplo, lo valioso que es que el primer episodio comience con la protagonista diciendo “we are bad feminists” y cómo nosotras podemos sentir una risita nerviosa que recorre el cuerpo provocando, al mismo tiempo y de una manera difícil de explicar, calma. O la grandiosa escena en la que Fleabag se encuentra en el bar con Belinda, la mujer exitosísima, y nos regalan uno de los mejores diálogos de toda la serie:

I’ve been longing to say this out loud —women are born with pain built in, it’s our physical destiny— period pain, sore boobs, childbirth, you know. We carry it with ourselves throughout our lives. Men don’t. They have to invent things like gods and demons… they create wars so they can feel things and touch each other… and we have it all going on in here. Inside, we have pain on a cycle for years.

He estado deseando decir esto en voz alta: las mujeres nacen con el dolor incorporado, es nuestro destino físico, dolor menstrual, dolor en los senos, parto, ya sabes. Lo llevamos con nosotras a lo largo de nuestra vida. Los hombres no. Tienen que inventar cosas como dioses y demonios … crean guerras para poder sentir cosas y tocarse entre sí … y nosotras lo tenemos todo aquí. Por dentro, tenemos dolor en un ciclo durante años.

Vemos, además, a lo largo de los capítulos, muchísimas muestras de amor; tanto con la relación “peculiar” que tiene con su hermana y su papá, como con los lazos que va creando con el hot priest. El último capítulo de la serie, a mi parecer, es eso: un homenaje al amor en todas sus versiones. Lo vemos con la plática súper honesta que tiene con su papá antes de la boda, en la que él le dice:

I love you, but I’m not sure that I like you all the time.

Te amo, pero no estoy seguro de que me agrades todo el tiempo.

y en la que platican sobre su mamá, sobre cómo tiene dos hijas que lo aman y respaldan en sus decisiones y donde él le explica cómo cree que ella es la que mejor sabe amar de toda la familia, razón por la cual encuentra todo tan doloroso. (Bellísimo, ya sé). Vemos, además, el amor entre hermanas cuando Claire le dice que ella sería la única persona por la que correría en el aeropuerto y cuando Fleabag la ve con unos ojitos de sorpresa y ternura impresionantes. Y, por supuesto, lo vemos en el diálogo del hot priest durante el sermón de la boda:

Love is awful. It’s awful. It’s painful. It’s frightening. It makes you doubt yourself, judge yourself, distance yourself from the other people in your life. It makes you selfish. It makes you creepy, makes you obsessed with your hair, makes you cruel, makes you say and do things you never thought you would do. It’s all any of us want, and it’s hell when we get there. So no wonder it’s something we don’t want to do on our own. I was taught if we’re born with love then life is about choosing the right place to put it. People talk about that a lot, feeling right, when it feels right it’s easy. But I’m not sure that’s true. It takes strength to know what’s right. And love isn’t something that weak people do. Being a romantic takes a hell of a lot of hope. I think what they mean is, when you find somebody that you love, it feels like hope.

El amor es terrible. Es terrible. Es doloroso. Es espantoso. Te hace dudar de ti mismo, juzgarte a ti mismo, distanciarte de las otras personas en tu vida. Te vuelve egoísta. Te hace raro, te hace obsesionarte con tu cabello, te vuelve cruel, te hace decir y hacer cosas que nunca pensaste que harías. Es todo lo que todos queremos, y es un infierno cuando llegamos a ahí. Así que no es de extrañar que sea algo que no queremos hacer por nuestra cuenta. Me enseñaron que, si nacemos con amor, la vida se trata de elegir el lugar correcto para ponerlo. La gente habla mucho de eso, que siente bien y que, cuando se siente bien, es fácil. Pero no estoy seguro de que sea cierto. Se necesita fuerza para saber qué es lo correcto. Y el amor no es algo que las personas débiles hacen. Ser romántico requiere muchísimas esperanzas. Creo que lo que quieren decir es que, cuando encuentras a alguien a quien amas, se siente como esperanza.

Yo me quedo con que el amor no es algo que hagan las personas débiles. Y, por si todo esto fuera poco, “Fleabag”, además, nos enseña sobre el amor, compromiso, responsabilidad y ternura que la amistad implica (con todo y los errores que podamos cometer) y pienso que no hay mejor escena que lo describa que cuando Fleabag, después del funeral, le dice a Boo que no sabe qué hacer ni dónde poner todo el amor que sentía por su mamá. Esta escena, de por sí fuertísima por todo el duelo tan doloroso que implica, termina siendo rematada, de nuevo, con una línea preciosa en la que Boo le dice que ella tomará todo ese amor. Desde mi percepción y memoria, esa es la mejor escena de mejores amigas que haya visto en la televisión y la manera en la que se entreteje con el dolor por su mamá y con la tristeza que siente por la pérdida de Boo hace que todo se conecte de una manera ultra delicada. ¿A dónde llevó Fleabag todo ese amor si ya ninguna de las dos estaba?

Los detalles de la producción.

“Fleabag” brilla por todos los detalles que la conforman. No hay duda, Phoebe es una genia. Empezando, quizá, por lo más característico: Fleabag rompe con la cuarta pared desde el primer minuto de toda la serie. Esto no sólo hace que mueras por conocerla más, sino que también crea una especie de complicidad intensa con la protagonista. Y es que incluso nos declara como sus amistades en un episodio de la segunda temporada, cuando está hablando con su psicóloga. Dicho acompañamiento que tenemos con ella se vuelve esencial a lo largo de los 12 capítulos, donde logramos ver sus verdaderas emociones y pensamientos y, con ello, comprenderla mejor y empatizar con sus procesos. Entendemos que no es una morra egoísta y que mucho menos es insensible; es alguien atravesando por muchísimos duelos al mismo tiempo e intentando sobrellevarlos. Logramos conocerla mejor que nadie. Logramos sentir su dolor, frustración y cansancio. Logramos incluso, seguir queriendo apapacharla cuando la serie toca su punto más oscuro en el último capítulo de la primera temporada. Logramos entender por qué quiere a quien quiere, por qué le gusta lo que le gusta, por qué utiliza el sarcasmo como herramienta emocional y un largo etcétera. Y en la segunda temporada logramos, además, sentir el enamoramiento junto con ella, alegrarnos por lo que está viviendo, desear con todas nuestras fuerzas que sea feliz y correspondida. Y, finalmente, logramos sentir como si nuestro corazoncito también se rompiera con ese “it will pass…”. A lo largo de las dos horas que en total dura “Fleabag”, pasamos por emociones intensísimas gracias a que la protagonista, de principio a fin, nos invita y permite vivirlas con ella.

Y ahora, una de las cosas que más fascinantes me parecen de la serie: ¿cuándo empieza a cambiar/disminuir esto de la cuarta pared? Precisamente cuando la relación con el hot priest comienza a volverse más íntima. No sólo porque él es el único personaje que nota “ese algo raro” que Fleabag hace (lo cual es otro nivel de intimidad), sino también porque ella cada vez nos necesita menos como espectadores y amistades. Poco a poquito nos va soltando (hasta que nos deja en el último minuto de la serie). Y ¿QUÉ ONDA CON TODO LO QUE CAMBIA CUANDO EL HOT PRIEST APARECE? Pasamos de tener escenas con más de 6 ángulos que cambian rapidísimo entre sí, una y otra vez, a verles a estas dos personitas de frente, sin cambios y con menor prisa. Cambia la música, cambian los colores, cambian las expresiones. Y me parece impresionante y lindísimo notar tres cosas: 1) la primera temporada en la que todo es caos, tristeza, dolor, duelo, etcétera nos prepara para recibir emociones mucho más amables en la segunda. 2) Fleabag mejora muchas cosas de su vida personal antes de conocer al hot priest; su negocio va avanzando, ella se siente más tranquila y, aunque su situación familiar no es la ideal, lo va solucionando poco a poco, creando lazos mucho más estrechos con las personas que quiere. 3) Cuando todo con el hot priest se vuelve más cercano, el piso en el que ella se encuentre es mucho más firme y fértil para permitirse sentir emociones que no había experimentado y, sinceramente, es precioso ver cómo el amor hace su chamba coloreando todo de manera más bonita. E insisto, todos los detalles nos indican eso, desde las actuaciones y los diálogos, hasta los ángulos, la rapidez, la iluminación y la música de fondo.

El final (no) feliz.

“Fleabag” nos enseña mucho sobre el amor; tanto que hasta nos indica que éste no siempre es suficiente ni lo puede todo. Y ahí radica mucho de la belleza de la serie. Es sumamente incómoda y dolorosa porque es sumamente real, tanto como su protagonista; tanto como que hay estructuras y sistemas enormes detrás de nuestras decisiones; tanto como que el amor, a pesar de ser precioso, también es doloroso y cuenta con matices; tanto como el hecho de que, a pesar de que dos personas se quieran y atraigan física y emocionalmente, esto no siempre bastará. Me cuesta imaginar una escena más románticamente dolorosa que una en la que una mujer —después de tantos procesos difíciles— le declara su amor a un hombre y éste le responde un “it will pass” (ya pasará) … ¿cómo? ¿después de todo lo que se construyó en los capítulos pasados? ¿después de toda la tensión sexual acumulada y desahogada? ¿después del discurso magnífico de la boda? Dios seguro quedó contento, pero yo, como espectadora, quedé destrozada. Y, como si fuera poco, Fleabag también me abandona, me pide que no la acompañe. ¿Cuántos ciclos se cierran con esta última escena? Seguimos con el detalle de la cuarta pared, pero esta vez, a pesar de todas las emociones que la protagonista nos compartió, ella decide seguir avanzando sola. Y sí, por eso el final es perfecto. Y sí, también por eso es perfecto que no haya más temporadas, a pesar de lo mucho que me enoje o duela quedarme sin más de mi serie favorita. De nuevo, no hay detalle casual en Fleabag.

“Me encanta porque es sumamente incómoda y porque, mientras la veo, nunca estoy segura de si quiero reír o llorar.” Esa es la frase con la que siempre explico por qué me gusta Fleabag cuando invito a alguien a verla. Pero hoy además añadiré que me encanta porque, en dos horas, logró resumirme un montón de aprendizajes sobre la vida y me apapachó de una manera que no esperaba. Me encanta Fleabag. Me encanta Phoebe. Me encanta el precioso hot priest. Y me encanta pensar que el arte, las series, las emociones, pueden trascender de maneras tan impresionantes cuando, en vez de romantizarse o maquillarse, se presentan de manera cruda, demostrando así que la ternura y la empatía no están peleadas con los errores, con el dolor y la frustración.

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Tengo 22 años, soy feminista y estudio Economía en El Colegio de México.
Me encantan las ciencias sociales, aprender sobre desigualdad y cuestionar todo desde lo estructural y sistemático.
Creo firmemente que todo aquello que se hace desde la empatía resulta mejor.

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