Lo que el 2020 se llevó

Guardé mil días en un frasco de loción
Y hoy, toqué el liceo que me marcó
Y un día como hoy, hablé con Sara, le dije adiós
El poema y la caja – Siddhartha

Ningún año es igual al anterior. Ninguno. Pero algo nos ocurrió a todas y todos en nuestras vidas en éste particularmente: la experiencia de vivir por primera vez una pandemia.

Me gusta escribir sobre mi vida y mis procesos emocionales de aprendizaje, sobre mis vivencias personales y otras cosas. A veces las publico mediante el espacio que me otorgan en este blog y a veces me las guardo para mí y nada más. Éste es uno de los que sí deseo publicar, por lo que en este artículo abordaré a la brevedad lo que para mí significó este año bizarro.

Para efectos del anonimato, utilizaré el nombre “Sara” que utilizó Jorge Siddhartha en su canción El Poema y la Caja para describir una vivencia personal. En días pasados hablé con Sara y dije adiós a la construcción de una forma de relación humana que no estaba buscando, y lo mejor es que lo hice de la manera más responsablemente afectiva posible, algo que no aplicaba con total honestidad en mis relaciones humanas pasadas y que este 2020 me ha permitido aprender.

Este año comenzó mal para mí: sin trabajo, sin título universitario, terminando una larga relación de pareja y con muchas dudas, incertidumbres y crisis personales. De repente llega el mes de marzo y se nos viene una pandemia, y bueno, siempre pienso en las demás personas, pero no tenía cabeza ni energías para nada más que mis problemas personales.

Pensaba, ¿cómo voy a conseguir trabajo ahora? ¿cuándo será mi examen profesional? ¿seré lo suficientemente bueno para mi profesión y lo que la misma exige? ¿cómo se supone que voy a salir, distraerme, conocer gente nueva, si estoy intentando vivir mi duelo amoroso de la manera más sana posible? Mi única respuesta es que me sentía hundido.

Podría decir que no sé cómo ni dónde fue que comencé a trabajar tanto en mí como nunca, pero sí lo sé: comencé a ir a terapia, a abrirme más emocionalmente con mi papá, con mi mamá, con mis mejores amigos y amigas, con mi familia en general. Bajé 9 kilos y abandoné el sobrepeso que adquirí el último año, entre otras.

A decir verdad, también aprendí (o sigo aprendiendo) a estar conmigo mismo, lo cual no es lo mismo a estar solo. Creí que estar soltero significaba estar solo, pero en realidad es todo lo contrario: estoy más acompañado que nunca antes. ¿Por qué? Porque decidí bajar la guardia. Decidí bajar ese muro emocional que no me permitía abrirme con la gente que más me quiere por miedo a sentirme débil y vulnerable, por miedo a que me juzgaran o criticaran. Pero es todo lo contrario, una vez que comencé a nutrir mi red de apoyo, dícese amistades y familiares, me di cuenta de lo querido que me sentía y que esa red de apoyo siempre estuvo ahí para mí y nunca la supe aprovechar hasta ahora.

Con el paso de los meses he estado aprendiendo a ser yo mismo, a reinventarme, a proponerme nuevas cosas y a lograrlas. También he estado aprendiendo a ser mi propio refugio emocional, a cambiar actitudes que tardé en reconocer que estaban mal, que me hacían daño y que hacían daño a otras personas.

Y de repente, olvidé toda la mierda –que así interpreté en ese entonces- que me ocurrió entre finales de 2019 y principios de 2020, cuando aprobaron por unanimidad mi tesis y con posterioridad recibí en mis manos mi título universitario. La verdad es que han sido días muy gratificantes, pero no sólo eso: me di cuenta que en realidad mi percepción de lo mal que estuvo el 2020 fue errónea.

Sí, hubo pandemia, sí tuve un rompimiento de pareja, sí, no sabía qué iba a pasar con mi situación laboral y académica, y sin embargo, a estas alturas del mes de diciembre todo se ha ido acomodando para bien: me encanta mi trabajo y me está yendo increíble, he hecho nuevas amistades y reforcé muchas otras que ahora son más íntimas. También me he vuelto un poco más cercano con mi familia, pero lo más importante: me conocí como nunca antes pude hacer en 25 años que llevo en este mundo. 2020 fue mi año de crecimiento emocional.

Escribo y publico esto porque a veces recibo alguno que otro mensaje de personas que están viviendo procesos similares diciéndome que les sirvió bastante leer mi artículo: Oigan, sí se puede.

¿Qué va a pasar en 2021? QuiÉn sabe y no quiero saberlo. ¿Dije también que estoy aprendiendo a vivir más en el aquí y en el ahora?

 

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

Abogado, servidor público, activista en derechos humanos y fan del rock ochentero.

Escribo mis inquietudes personales y jurídicas en este blog.

3 respuestas a «Lo que el 2020 se llevó»

  1. Mi muchachón. Me encanta tú crecimiento personal, la identificación de los valores que motivan tu vida, el saberte querido y apreciado. TQM

  2. Wooow!!! Algo así viví hace 15 años, pasé por miedos, frustración, no se daba nada y finalmente, cuando decidí dedicarme a mí, tomando terapia y sanar, fué cuando decidí estar bien conmigo misma, y después todo se fué acomodando para bien 😃 tienes mucha razón…
    SI SE PUEDE!!!
    ME ENCANTÓ TQM Y TE ADMIRO

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *