Lo político de la ciencia ficción: Rod Serling y The Twilight Zone

En 1959, una nueva serie que cambiaría la historia no sólo de la ciencia ficción, sino de la televisión misma, llegaba a las pantallas estadounidenses mediante la cadena CBS: The Twilight Zone (TTZ), conocida en español como La dimensión desconocida. Se mantuvo al aire por cinco años, resultando en 156 episodios en un transcurso de cinco temporadas con relatos cargados de crítica social.

TTZ nació de la mente del escritor, productor y narrador Rod Serling, quien estaba también muy involucrado en temas políticos, no sólo en su vida fuera de pantalla, sino dentro de ésta. Sus experiencias como soldado generaron que se pronunciara abiertamente en contra de la guerra, tema que se puede notar en su trabajo, al igual que su compromiso con combatir el racismo, entre otros.

Previo a su icónica serie, ya era conocido en el entonces nuevo medio de la televisión. Durante los primeros años de este nuevo formato, quienes patrocinaban los programas con frecuencia fungían como personas editoras y censoras, algo que ocasionó que muchas de las ideas de Serling no pudieran ser llevadas a cabo si las consideraban “controversiales” —como la historia en la que pretendía abordar el asesinado y linchamiento de Emmet Till, un chico afroamericano de 14 años de Chicago— y que le hizo tener muchos choques con esta parte de la producción, llegando al punto de ganarse el apodo de joven enojado angry young man de Hollywood. La constante censura le hizo decidir tener su propio programa, pues ahí gozaría de mayor libertad artística para explorar temas que le interesaba tocar.

Cuando por fin consiguió eso último, tuvo que luchar arduamente para mantener el control creativo y dirección que tendría TTZ; optó por utilizar el subgénero de la ciencia ficción para narrar las historias que quería sin tantas trabas. Así, la serie de antología reflejó muchas de las experiencias del propio Serling, mientras que la ciencia ficción servía más como un vehículo que como un fin en sí mismo, poniendo el foco en problemas sociales, planteando preguntas morales y cuestionando a las audiencias.

A lo largo de los 156 capítulos —92 de los cuales Serling escribió— es evidente la postura política del creador, quien mediante historias contadas en media hora aborda temáticas tales como fascismo/nazismo, antisemitismo (influenciadas no sólo por sus vivencias en la guerra, sino también por venir de una familia judía), conformismo, racismo, xenofobia, censura, etc. Los guiones de TTZ contaban, además de la mano de Serling, con Charles Beaumont y Richard Matheson.

Rod Serling

Las historias no fueron siempre bien recibidas por la gente, como cabría de esperarse por los argumentos de los episodios. Rod Serling y el personal de TTZ recibía grandes cantidades de correos de odio, llegando incluso a los 4,000 únicamente por el episodio “He’s Alive”, que trata sobre un joven estadounidense nazi que empieza a ser aconsejado por un fantasma para atraer a más gente a su grupo y que se suscriban a sus ideales, y fue algo que a supremacistas blancos no les agradó.

Vi la serie en 2019, y me pareció aterrador lo actuales que se sentían los episodios, como si no hubiesen sido emitidos más de medio siglo atrás. En lo personal, los que más me marcaron en ese sentido fueron en los que denunciaba a los estados totalitarios y fascistas —como el capítulo que mencioné—; en ese entonces, Trump seguía en la presidencia de Estados Unidos, y al tenerlo como ejemplo tan cercano me fue imposible no relacionarlo con aquello que TTZ exponía; evidentemente, el fascismo no murió con el cambio de presidencia y continúa al alza en el mundo, por lo que desafortunadamente se mantiene vigente. Me llevó a una que otra crisis en la que cuestionaba qué tanto hemos “avanzado” como sociedad —que, claro, depende a quiénes les preguntes sobre la veracidad de esta declaración— como se suele escuchar en el colectivo imaginario, si un programa de los 60’s denuncia problemáticas fuertemente presentes hasta la fecha.

Para ejemplificar esto, dejo el epílogo de “He’s Alive”:

Where will he go next, this phantom from another time, this resurrected ghost of a previous nightmare – Chicago? Los Angeles? Miami, Florida? Vincennes, Indiana? Syracuse, New York? Anyplace, everyplace, where there’s hate, where there’s prejudice, where there’s bigotry. He’s alive. He’s alive so long as these evils exist. Remember that when he comes to your town. Remember it when you hear his voice speaking out through others. Remember it when you hear a name called, a minority attacked, any blind, unreasoning assault on a people or any human being. He’s alive because through these things we keep him alive.

¿A dónde irá después, este fantasma de otro tiempo, este fantasma resucitado de una pesadilla pasada –Chicago? ¿Los Ángeles? ¿Miami, Florida? ¿Vincennes, Indiana? ¿Syracuse, Nueva York? En cualquier lugar, en todo lugar, donde hay odio, donde hay prejuicios, donde hay intolerancia. Está vivo. Está vivo mientras existan estos males. Recuerda eso cuando venga a tu ciudad. Recuérdalo cuando escuches su voz hablando mediante otres. Recuérdalo cuando escuches un insulto, a una minoría atacada, cualquier agresión ciega, irracional, contra un pueblo o cualquier ser humano. Está vivo porque a través de estas cosas lo mantenemos vivo.

Y basta con leer unas cuantas noticias para comprobar que sí, efectivamente sigue vivo.

Hay mucho que decir sobre Rod Serling, y el legado que dejó con The Twilight Zone se mantiene luego de tanto tiempo (por ejemplo, Tower of Terror, una atracción de los parques de Disney, está inspirada en la serie y cuenta con una bienvenida dada por Serling a partir de material de archivo), y seguramente se prolongará por mucho más. Se ha convertido en un clásico de la ciencia ficción, y, a pesar de que ha tenido tres revivals (uno en 1985, otro en 2002 y el más reciente en 2019 con Jordan Peele como narrador y anfitrión), la original continúa siendo la serie.

Su tono irónico, acompañado de giros dramáticos, narraciones iniciales y finales, y demás elementos, hacen de The Twilight Zone una serie única. Las palabras del propio creador reflejan el espíritu de la misma al decir que “el papel de las personas escritoras es amenazar la conciencia del público. Debe tener una postura, un punto de vista. Debe ver las artes como un vehículo de crítica social y debe enfocarse en los problemas de su época”. La ciencia ficción (y la ficción en general) es y siempre ha sido, política.

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Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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