Guía de viaje

Quienes me conocen desde hace algunos años, saben el amor que siento por Latinoamérica: la fascinación de conocerla, entenderla, cantarla, contarla y recorrerla. Mis amigas y amigos más cercanos, al menos una vez en su vida, han tenido que aguantarme escuchando historias de dictaduras, movimientos sociales, luchas, datos curiosos, explicaciones infinitas de geografía y política, música y cantos folclóricos, así como anécdotas de viaje.

En los últimos años, la vida me ha regalado la oportunidad de conocer pedacitos de este continente, además de la tierra en la que nací: Guatemala, Cuba, Panamá, Colombia, Perú, Chile, Uruguay y Argentina, esta última un poco más.

Hoy, a unos días de terminar la travesía, escribo con el corazón lleno en el bloc de notas del celular, en un bus sobre la ruta Rosario-Buenos Aires, aquí, en el país al cual necesito regresar una y otra vez. En esta ocasión, quiero compartir con los lectores y lectoras, por si ahí hubiera alguien que entre sus planes esté venir a esta parte del sur, una ligera guía de viaje, de las cosas not for export (tango, chimichurri, Maradona, Bariloche), que pudiera resultar útil.

Argentina es mucho más que Buenos Aires, Bariloche y las cataratas de Iguazú. Posee 24 provincias agrupadas en las regiones de la Patagonia, la Pampa, el Litoral, el Cuyo y el Norte, todas ellas paisajísticamente y culturalmente muy diferentes entre sí.

Una parada indiscutible será Buenos Aires siempre. La Ciudad de la Furia rebosa de oferta cultural y recreativa, no hay manera de aburrirse en la capital. Camínala toda, muévete en subte, recorre la calle Florida y disfruta la sombra de los jacarandás de Plaza San Martín. Compra en el Ateneo todos los libros que no te alcance la vida para leer, disfruta la tarde en Puerto Madero, pero también detente a escuchar a los músicos callejeros. No pagues para ver tango en un teatro, ve a disfrutarlo en las esquinas de San Telmo o Caminito, pero también recorre la avenida que va de Congreso a Plaza de Mayo y ve un jueves a las 3:00pm a hacer la ronda con las Madres de Plaza de Mayo al rededor del obelisco. Ve a la ESMA o al Parque de la Memoria frente al Río de la Plata y documéntate un poco qué pasó ahí entre el 76 y el 83, entre la Noche de los Lápices, el Mundial del 78 y la guerra de Malvinas.

Sobre la marcha, no te sorprendas si ves que en el mismo puesto venden el pañuelo verde y el pañuelo celeste (el capitalismo siempre hace estragos. El día de ayer mi hija dijo que el capitalismo nos come y nos escupe).

Ve a un concierto, a una obra de teatro o a una exposición de arte en alguna galería. Y ya que hayas hecho todo eso, sal de Buenos Aires, vete y promete regresar, pero sal de la ciudad y ve al sur, a la Patagonia a ver las montañas y los grandes lagos, estaciones muy marcadas de primaveras y veranos cálidos, llenos de verdes y flores, de otoños dorados, de blancos inviernos. Encuéntrate con la resistencia de la nación Mapuche y con los nietos de inmigrantes.

De la región de la Pampa me quedo con la ciudad de Córdoba, con la universidad más antigua del continente, la peatonal y la cañada, las sierras y los ríos que nacen de ellas, la Villa General Belgrano que es un sueño de casas de madera, el Cerro Colorado, donde Atahualpa Yupankiescribía sus canciones, o la casa donde el Che Guevara vivió su infancia en Alta Gracia.

Ve a Mendoza, en la región del Cuyo, pasea viñedos, sube al Cerro de la Gloria a ver la puesta de sol tras la cordillera más larga del mundo, disfruta de una ciudad verde construida en pleno desierto.

De la región del litoral ve a Rosario, en Santa Fe. Adéntrate en el misticismo de los pescadores y su relación con el Río Paraná, no te dejes engañar por sus aguas turbias: una tarde en la costanera no tiene desperdicio. Escucha un Chamamé, uno de los géneros folclóricos más hermosos (fuente: yo), que tiene justo la cadencia del oleaje del río.

No dejes nunca de ir al norte. El norte argentino, colindante con Bolivia, es uno de esos lugares con una carga fuertemente espiritual. Encuéntrate frente al cerro de los siete colores y escucha el silencio. A caso, déjate acompañar por zampoñas y quenas. Descubre los colores del paisaje plasmados en los telares. El pueblo Aymara no construyó grandes templos, no los necesitaban al encontrar a sus dioses y a sus muertos en los cerros de colores. El primer día de agosto, celebran el día de la Pachamama con una ceremonia hermosa en las primeras horas de la mañana.

En cualquier lugar, disfruta del espacio público y de la gente disfrutando de él. Sal al parque una tarde, lleva una manta para sentarte y algo para comer. Contempla a la gente apropiándose del espacio que pertenece a todas y todos, tomando mate, conversando a las risas sin necesitar más que la compañía de los otros, de su perro o de un buen libro.

Mi corazón se regresa lleno de las flores celestes del jacarandá, la inspiración de Juana Azurduy, las canciones de Charly y Spinetta cantadas por la Negra, la esperanza de un pueblo que asume un nuevo comienzo con mucha memoria ysobre todo, amor de familia que nos ha elegido.

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

Soy psicoterapeuta, docente universitaria, cantora, feminista y mamá.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *