El tabú del petróleo mexicano

Los libros de historia nos han enseñado, desde la primaria, la epopeya del petróleo y su trascendencia en el país. Lo cierto es que México sí ha llegado a tener grandes reservas de este recurso, incluso al grado de ser considerados un Estado petrolero. Los descubrimientos de yacimientos mexicanos han tenido una enorme repercusión, en principio para los ingresos federales. Por ello Pemex ha sido una empresa que, bajo la administración gubernamental, ha aportado utilidades, producción, energía y trabajos para prácticamente todo México. Todo lo anterior, aunado a un cierto grado de nacionalismo (en general a raíz de 1938, año de la expropiación petrolera), ha provocado la tendencia inexorable de poner en el oro negro un sello de identidad.

México, ¿país petrolero?

Después de modelo económico basado en la sustitución de importaciones, la producción petrolera del país adquirió una enorme importancia para la hacienda pública. En términos puntuales, México sí fue un país petrolero, pues a partir del descubrimiento del yacimiento de Cantarell en los 70, las exportaciones del petróleo marcaron diferencia con todos los demás bienes nacionales. Según datos del Banco de México durante el último tramo de la década de 1970 y principios de los 80, los ingresos petroleros tuvieron crecimientos verdaderamente impresionantes.

Sin embargo, a pesar de que los ingresos petroleros han continuado una tendencia a la alza, la realidad es que, hoy en día, según la Ley de Ingresos del 2019, los ingresos petroleros solo aportan 9% del total de ingresos federales. Así mismo, las exportaciones de este recurso han comenzado a tener un menor porcentaje en la balanza comercial del país, a tal grado de que, actualmente, nuestra economía ya no depende del petróleo.

Ahora, vale la pena analizar si lo anterior es bueno o malo. Claramente, desde una óptica un poco nacionalista, la disminución de la aportación de los ingresos petroleros en nuestro presupuesto y el hecho de que nos hemos vuelto un país importador de crudo, podríamos caer en el supuesto de que la estructura energética del país está mal planeada.

No obstante, también vale la pena analizar la otra cara de la moneda, es decir, el porqué es bueno no depender del petróleo. Para ello es importante recordar que, como todo bien escaso, su precio está determinado por la ley de la oferta y la demanda, lo cual a su vez nos da una clara muestra que las utilidades de una empresa petrolera estarán oscilando en la incertidumbre y, para un país, depender de ingresos petroleros es, cada día, una decisión menos inteligente. Por un lado, empresas productivas del Estado, como Pemex, encuentran un entorno en donde el riesgo provoca que se busquen fondos para cubrir pérdidas por bajos precios del insumo (a través de los conocidos instrumentos financieros llamados hedges). Por otro lado, las fluctuaciones y distorsiones en el mercado del crudo internacional podrían poner fácilmente a una economía en quiebra por cálculos mal estimados (tal y como le ocurrió a México en 1982).

Con los argumentos vertidos no queremos decir inmediatamente que la aportación de Pemex a la economía de México sea negativa, sino que, como todo mercado, tiene sus imperfecciones y para ello es importante la regulación.

La reforma energética

La entrada de la que ha sido la reforma más polémica de los últimos años, la reforma energética, acaparó un espacio grande para el análisis del mercado petrolero en el país. En primer lugar, vale la pena mencionar que este proyecto ya había sido implementado con similitud en Noruega, por lo que su discusión y configuración en México estuvo basada en el desarrollo de este país y su empresa del Estado que produce petróleo (Statoil). En segundo lugar, este proyecto nunca buscó (como muchos anunciaron) una venta del petróleo a los extranjeros, sino una asociación de Pemex con empresas privadas (nacionales o extranjeras) para poder compartir riesgos y beneficios.

El verdadero valor de la reforma energética surge de la incorporación de Pemex en un modelo de economía mixta, pues a raíz de este hecho, el monopolio estatal ahora tendrá que pasar a un esquema de competencia en donde no solo se beneficiara con mayor productividad, sino que la posibilidad de asociarse con terceros le abrirá la puerta para buscar mejores proyectos de exploración, extracción y producción.

En los últimos días, el gobierno entrante se ha pronunciado por los malos resultados que ha dejado esta ley, sin embargo, las recientes decisiones que ha tomado el presidente Andrés Manuel López Obrador sobre mantener la oportunidad de inversión de la iniciativa privada, demuestra que, si bien el marco de infraestructura de Pemex necesita tener un enfoque más preciso, las formas de asociación que introdujo la reforma energética son un buen esquema para hacer crecer una empresa productiva del Estado.

Fuentes 

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/El-costo-de-la-dependencia-del-petroleo-20180829-0140.html

http://www.banxico.org.mx/SieInternet/consultarDirectorioInternetAction.do?sector=9&accion=consultarCuadro&idCuadro=CG8&locale=es

http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LIF_2019_281218.pdf

 

 

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Rodrigo Núñez, 21 años.

Estudiante de economía en el ITAM y derecho en la UNAM, coordinador del área de transparencia del Centro de Estudios Alonso Lujambio y asistente de investigación del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
Escribo sobre economía, derecho e historia.

Me interesan los deportes y la política.

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