El cuerpo que habito

Mi cuerpo es grande, mi cuerpo no es delgado, mi cuerpo es gordo, yo soy una mujer gorda y grande.

La línea anterior es importante para una mejor comprensión de la temática a tratar. No es lo mismo ser una mujer gorda que ser un hombre gordo:mientras que a nosotras nos mandan a hacer dietas y nos repiten que glorificamos y fomentamos la ‘’obesidad’’, a ellos les dicen que son unos genios pachoncitos y que huelen a ‘’jokeis’’.

Si me preguntan cuándo o a partir de qué se comienza a ser gorda no sabría qué responder, no existe un ‘’gordómetro’’. Sin embargo, con el tiempo he descubierto que me supe gorda al contacto con otros; desde el momento en que supe que mi cuerpo causaba incomodidad, desde que supe que mi cuerpo significaba un problema, y uno muy grande.

Fui una niña gorda toda mi vida, mi primer contacto con el mundo de las dietas fue a los 9 años, también el primer ‘’tienes que comenzar a cuidarte’’. Con el tiempo la dieta funcionó, descubrí que se llamaba ‘’plan alimenticio’’ y que servía para aprender a comery hasta podía comer chocolates los fines de semana, sin embargo, aun con varios kilos menos, en la escuela todavía me seguían llamando gorda, todavía se burlaban de mi cuerpo, de mis lentes, de mi aspecto, de mi intelecto, de mi existencia. No eran solamente mis compañeras y compañeros quienes hacían comentarios despectivos sobre mí, el personal docente también aportaba a los comentarios sobre mi apariencia. ¿Por qué la gente adulta gusta de hacer bromas y comentarios hirientes sobre el cuerpo de las niñas?

Nunca quise ser bonita, en casa nunca nadie me dijoque necesitaba serlo y mucho menos me dijeron que serlo dependía de las medidas que podía o no alcanzar. Mis preocupaciones durante la infancia eran solamente que mis hermanos mayores me dejaran jugar con ellos y con los vecinos durante las tardes, que se les olvidara un ratito que era más pequeña y que era niña, pero fuera de casa todo era totalmente distinto. ¿Por qué a las niñas nos inculcan la belleza desde que nos sabemos poseedoras de un cuerpo?

Mi vida escolar transcurr entre períodos de burlas y halagos hacia mi cuerpo, confirmaba cada vez másesa idea aprendida de que la gente bonita y delgada tenía el mundo ganado, que todas las personas querían estar con ellas. Ahora entiendo, pero no justifico ninguna de las actitudes y comentarios hirientes hechos y recibidos en ese entonces, durante la secundaria y preparatoria aun somos muy jóvenes y tontos como para interesarnos en algo más que lo físico y lo superficial.

De ser una niña gorda, pasé a ser la adolescente ‘’interesante’’ que leía, sabía cosas y que además tenía un cuerpo que valía a los ojos ajenos: piernas grandes y abdomen tonificado, brazos marcados, todo producto de años bailando, privación aleatoria de alimentos y horas y horas de gimnasio sin control. La gente me felicitaba por la pérdida de peso y siempre repetían que me aplaudían POR SALUD.

La salud en realidad nunca fue una razón para mí, yo quería ser bonita y que me lo dijeran, que me reconocieran algo mas que mis buenas calificaciones y lo buena persona que era (al parecer, esos son los únicas cualidades que una mujer gorda puede tener), las nutriólogas que frecuentaba apelaban solo a la pérdida de peso, cada sesión se resumía en aplausos por bajar o regaños y culpa por subir. Concebía mi validez en el mundo en razón de mi belleza, una belleza delgada que otorgaba una aparentefelicidad. ¿Por qué nunca nos dijeron que éramos válidas por existir y no por las medidas que cargamos con nosotras?

La relación con mi cuerpo ha sido tormentosa y llena de odio, de mí hacia mí misma, pero tambiénmuchísimo odio externo. Recuerdo ser niña y sentirme frustrada por no entrar en los vestidos que quería para mi cumpleaños, ser adolescente y nunca poder encontrar un brasier a la medida porque al parecer quienes hacen esas prendas de tortura, creen que todas tenemos una espalda y hombros chiquitos, los senos grandes y el torso delgado. Recuerdo muchísimo las horas entre tiendas tratando de armarme de valor para probarme un bikini, ese artefacto del mundo femenino para el que aparentemente se necesita un tipo de cuerpo que sea digno de portar tan pequeñas prendas.

Mi vida ha estado llena de subidas y bajadas de peso, nutriólogas que solo querían verme flaca: clases de danza eternas, gimnasios y 150 abdominales para calentar y 150 para cerrar las horas de entrenamiento, recomendaciones de dietas mágicas que nadie pidió, ofrecimientos de píldoras naturales ‘’para estar flaca en tu fiesta de 15 años’’, reconocimientos efusivoscuando dejé de tener panza y brazos grandes, recordatorios de que ya se me ve la papada, de que las piernas ya no tienen registro aparente de que alguna vez bailaba hasta 8 horas en un fin de semana.

Al día de hoy, todavía capto miradas invasivas cuando como una hamburguesa en público, y en generalcuando me pido comida con mucha grasa, esa comida que según la gente gordo-odiante, nosotras nos suministramos por vía intravenosa todos los días de nuestras vidas, es algo así como si pensaran realmente que desayunamos todos los días una pizza y helado y cenamos nachos extragrandes con una orden de chilli fries para acompañar. La realidad es que ahora me causa mucha risa porque se asume que las mujeres gordas no tenemos idea de alimentación,pero, a causa de llevar la mitad de mi vida inmersa en la cultura de las dietas me sé de memoria las tablas de equivalencias, me aprendí las marcas y productos que realmente son saludables, también me sé las calorías de muchísimas comidas, en algún momento estuve obsesionada con contar calorías.

En el camino aprendí a saberme acompañada, a saber que como yo, habían muchas niñas gordas lastimadas que se encontraban sanando aun siendo adultas. Encontré también, una nutrióloga increíble que me hizo entender el papel de la alimentación adecuada para poder funcionar y no ver a la comida como la enemiga ni como el premio. También conocí a una terapeuta maravillosa que me recuerda siempre que el cuerpo es un registro material y palpable de lo que estamos atravesando en cada momento de la vida, y finalmente encontré el yoga y a una maestra extraordinaria que me recuerda agradecerle cada día a mi cuerpo por las cosas que puede lograr y a entender el ejercicio físico como una manera de honrarme a y al cuerpo que me hace poder existir y coincidir en este plano material.

Mi peso nunca ha sido estático, he sido niña gorda, adolescente gorda, adolescente delgada, adulta flaca y luego gorda, y también menos gorda y luego mas delgada, pero la única constante en mi vida es que SOY gorda. No estoy gorda, lo soy, esto porque serlo no es un estado temporal, no soy una mujer flaca encerrada en el cuerpo de una mujer gorda, SOY una mujer gorda existiendo en un cuerpo de una mujer gorda.

A todas las niñas, adolescentes y adultas gordas quiero decirles que no están solas, nuestra valía no se basa en el nivel de ‘’belleza’’ que podamos alcanzar, aquí creemos y sostenemos que TODOS LOS CUERPOS SON VÁLIDOS, que las medidas no nos definen ni nos otorgan valor y que el discurso de algo tan preciado e importante como la salud no debería verse banalizado por el odio.

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A veces estudio derecho, a veces hago comunidad con otras mujeres.
Politizo, cuestiono y teorizo todo

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