Cumplir años en cuarentena

En alguna ocasión me hicieron la pregunta algo ociosade que si el fin del mundo estuviera cerca, ¿qué haría? Sin pensarlo mucho, respondí que una fiesta con toda la gente con quien quisiera disfrutar y compartir lo que queda. Y es que soy una persona en muchos aspectos gregaria: compartir en una reunión con gente querida la alegría de estar y las risas, pero también compartir en lo colectivo objetivos, luchas, consignas e indignaciones; en una marcha, por ejemplo, son momentos en donde siento la vida recorrerme.

Al momento de responder qué haría frente al fin del mundo, evidentemente, no pensé en la posibilidad de que éste sucediera en medio de una pandemia que nos obligara a muchas y muchos de nosotros con la posibilidad de llevar a cabo estas medidas al confinamiento y aislamiento.

Mi afinidad al moloch hace que mis cumpleaños sean algo muy esperado con cada vuelta al sol y no solo por lo inminente, sino por el gozo y la gratitud. No me importa ir sumando años a esta cuenta con fecha de caducidad, precisamente por eso: no son infinitos y están llenos de historias que valen toda la alegría. Cada año, encontraba la forma de organizar algo, mezclando grupos muchas veces con pocas afinidades entre sí (my day, my rules) y, como siempre, sintiendo que todo pasaba muy rápido y no pude compartir lo suficiente con las y los asistentes.

El año pasado en particular, lo recuerdo como un festejo que, desde su planeación, lo concebí como el momento en donde compartiría con mis amigas y amigos, algo que me apasiona tanto como la música, así que puse bocinas, mezcladora, guitarras, cajón y micrófonos sobre un pequeño escenario en el jardín iluminado por foquitos colgantes. Esa noche canté como hace mucho no lo hacía, canté con amigas y amigos, quienes también tomaron el escenario una vez que se soltaron un poco. Quiero pensar que hasta mis vecinas lo disfrutaron… un poco, aunque sea.

Este año pensé en repetir la hazaña. Lo pensé a principios de marzo, cuando muchas y muchos de nosotros creímos puerilmente que la normalidad (poco vulnerada en ese tiempo) regresaría el 20 de abril. Por supuesto, conforme iban avanzando los días de la cuarentena y aumentando las cifras de contagios y de lamentables decesos; conforme se hacían más evidentes la ausencia de medidas claras a nivel federal y la lluvia de medidas autoritarias a nivel estatal; las expectativas de un festejo multitudinario fueron desapareciendo, no sólo por inviables, sino por irrelevantes dentro del contexto que experimentamos.

Hoy completo 33 vueltas al sol e inicio el camino hacia la 34, en condiciones inesperadas y definitivamente nunca soñadas, pero no por eso tendrían que ser poco memorables.

Este día toca mirar hacia dentro de mí, primero, apreciar el recorrido personal a convertirme en quien soy a día de hoy. Este día es para recordar y releer las historias que me conforman y que he tejido con tantas y tantas personas que he amado y amo. Hoy, miraré también dentro de mi casa, el espacio-remanso-hogar, que hemos construido en equipo Memo y yo, junto con Lucía de un tiempito para acá, que en época de prisas, carreras y vida exterior saboreamos poco (conclusión a la que llegamos en estos días de encierro voluntario) y que ahora disfrutamos con tanta paz, preparándolo también para la llegada de nueva vida dentro de unos pocos meses.

A mi cumpleaños número 33 le faltará el abrazo de mi madre, padre y hermanos, pero seguro no sus mañanitas. Le faltará el abrazo de mi abuela Fefa, pero no sus bendiciones a la distancia. Es cierto, me harán falta abrazos, besos y muchos choques de copas, pero no le faltará la alegría, el gozo, la gratitud, la celebración a la vida que me mantiene vibrando en el mundo, la vida que llevo dentro y la vida que me continúa con fuerzas ahí afuera; el amor presente de mis amigas y amigos, la esperanza de que, todo aquello que me falte hoy, solo se está acumulando para derrocharse cuando sucedan todos esos reencuentros.

 

¡Feliz 5 de mayo!

Spoiler: nunca se sentó

 

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Soy psicoterapeuta, docente universitaria, cantora, feminista y mamá.

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