Cuando Twitter se vuelve cupido y ring de boxeo

-Alterado.

Desde hace unos meses, me volví fan de “Modern Love”, una serie de artículos que eran publicados en The New York Times que hablan del amor en sus distintas formas, colores, sabores, sinsabores; desde lo afectivo, lo sexual, matrimonial y desde la amplia diversidad que existe en el amor y desamor.

Llegué a Modern Love gracias a un artículo que me compartió una amiga, titulado: “Todo comenzó con un rompimiento maratónico”. Ahí comenzó mi hábito de leer esos grandiosos artículos, por eso quiero hablar sobre por qué ese en especial, generó impacto en mí.

Cuando leí ese artículo llevaba unos días de haber dejado de compartirme con quien conocí en Twitter y que llamaré para efectos de anonimato “Steven Tyler”, y aunque en ese momento no consideraba el rompimiento un suceso maratónico, más tarde lo fue.

La razón por la que Steven y yo dejamos de compartirnos fueron varias y complicadas: él era el primer hombre con el que yo me vinculaba; ahora me identifico como un hombre bisexual muy orgulloso de serlo, aunque eso implique vivir en lo invisible, en los estereotipos, en los constantes cuestionamientos y muchas otras cosas. Lo comento, porque fue el factor por el que no me sentí listo para tener sexo y tenía inseguridades personales que al final fueron el motivo de la ruptura.

Después de no haber aceptado que me hiciera sexo oral por sentirme aún inseguro por algo que había pasado entre él y yo, sucedió la ruptura. Básicamente me dijo que el no era mi súper héroe, que ya había tratado las inseguridades de sus parejas anteriores y que no estaba dispuesto a hacerlo conmigo. Que lejos de estar cerca de intimar, yo me alejaba y que yo no estaba listo para estar en una relación.

Si les soy honesto, sentí mucha culpa de no haber accedido al sexo oral y fue el motivo que yo me di por muchos días para tratar de explicar por qué Steven ya no quería estar conmigo. Gracias a mi “yo” del pasado, me encuentro desde hace bastantes meses en un proceso terapéutico y mi terapeuta me dijo algo que fue el bálsamo para esa culpa: la culpa, es la justificación sencilla que nos damos cuando no entendemos lo que sucede.

-Bueno, ya me desvié un poco.

Quiero retomar los motivos del rompimiento que Steven me dio y que en su momento respondí: nadie puede ser tu héroe o tu remedio a inseguridades profundas y personales, no busco eso en alguien con quien quiero compartirme. Esos procesos son personales y por suerte, los acompaño y busco sanar en terapia. Sí, no me sentía listo para intimar, pero si tu pareja lejos de acompañar con empatía lo hace desde la presión y la culpabilización, esos procesos se vuelven más lentos. Aunque la sociedad nos presione a lo contrario, los hombres podemos no querer tener sexo.

Mi rompimiento maratónico por desgracia no fue desde mi individualidad, lo acompañaron situaciones que hicieron más compleja la situación. Después del rompimiento decidí bloquearlo y desbloquearlo de Twitter para que no me siguiera y aunque muchas personas creen que hacerlo es infantil, para mí fue una decisión de amor propio y salud mental, pero ¿funcionó? No.

Steven tuiteó un par de cosas que hacían referencia indirecta a quién era yo y nuestra relación, le pedí que se detuviera, lo negó y ahí quedó. Sin embargo, unos días después volvió a tuitear, pero esta vez haciendo obvia la referencia a mí y el vínculo de un proyecto en el que trabajo. Para mí fue sentirme expuesto porque aún estaba en muchos clósets de mi bisexualidad y me voy a detener para desarrollar este punto:

Las personas con sexualidad diversa (LGBT+) en su mayoría -casi totalidad- pasamos un tiempo de nuestras vidas en un clóset con nosotrxs mismxs, otro con nuestra familia, muchos con nuestros diferentes amigos y amigas, otro con compañeros y compañeras del trabajo, familia extendida y casi que toda nuestra vida salimos de muchos más.

El problema es que Steven creía que el hecho de que él y yo saliéramos a espacios públicos y nos besáramos o tomáramos de las manos, era estar completamente afuera del clóset y no era así para mí. En realidad, sólo lo sabían mis amigas y amigos más cercanos. Nosotrxs decidimos qué hacemos público e incluso dentro de lo público podemos mantener cuestiones privadas como el hecho de que en lugares físicos pudiera besarme con el, pero que en mis redes sociales no lo hiciera de conocimiento.

Posteriormente tuiteó más cosas sobre mí e hizo evidente cuando le comentó a una persona que tenía muchos vínculos de amistad conmigo, que habíamos tenido una relación, siendo nuevamente expuesto sin mi consentimiento. Luego de eso, Steven publicó un excelente artículo acerca de su salida del clóset, desde sus espacios y su familia con lo difícil que era y los retos que representó. El problema es que leerlo me llenó de coraje. Mientras hablaba de lo difícil que era estar en el clóset, a mí me sacaba del mío, a mí me presionaba en un proceso que sólo yo debía manejar.

Al enterarme del artículo, decidí hacer un tuit (estando él bloqueado) desde la denuncia social que para mí representaba —aunque ya había hecho un par de tuits sobre lo mal que está sacar a las personas del clóset— en el que básicamente decía que alguien que había sacado a dos personas del clóset escribió un artículo sobre lo difícil que era salir del clóset pero que lo hizo sin empatía.

Su reacción fue publicar un hilo en Twitter en el que no sólo negaba el haberme sacado del clóset, la otra mitad del largo mensaje era hablar mal de mí de forma agresiva y violenta, además, me mandó el hilo por Whatsapp iniciando con: me tomé la libertad de contestarte, pero ya que me tienes bloqueado no lo puedes ver. Quería esperar a que alguien te hiciera conocedor de lo que puse, pero me aseguraré de que lo sepas por mi parte (el hilo).

Mi reacción a lo anterior sí fue de impacto, pues su mensaje era bastante violento y buscaba herir, así que decidí tuitear que el vato al que hice referencia en mi tuit anterior se enojó y que dijo que sólo había sacado a una persona, no a dos. Lo peor vino cuando Steven tuiteó en reacción a eso con mi nombre, mi perfil de Twitter, el nombre del proyecto en el que trabajo y más comentarios agresivos.

Realmente yo ya no sentía nada por él. En lo último que hizo (formalmente exponerme y sacarme del clóset), me sentí en crisis, me sentí envuelto en una pelea infantil y que mi proyecto se veía manchado por una cuestión personal que no tenía nada que ver con el conflicto. Sí, Steven fue un proceso complicado en el que por mucho tiempo lloré, extrañé, me culpabilicé y sentí que el precio del amor no valía el del desamor.

Ahora, como la chica del artículo del que comencé hablado, tengo dudas sobre si nos enamoramos de las personas o de la forma en la que nos hacen sentir. Tengo que admitir que me costó aceptar que haberle dicho no al sexo o no estar listo no era mi culpa y que, el hecho de que pudiera acceder a tenerlo, solamente me hubiera metido a un ciclo de violencia del que hubiera sido complicado salir.

Aun estoy en búsqueda del amor verde, no romántico, empático y responsable. Sigo preguntándome si vivir el amor verde con alguien vale la tormenta que puede llegar al terminar. Durante esta búsqueda conocí a alguien más —era mi crush— y aunque no funcionó para él, me sanó de formas que no tiene idea y me hizo recuperar el amor compartido. No me mal interpreten, no fue un clavo que saca a otro clavo. Siempre estará a diez pasos y creo —junto con mi terapeuta— que las personas cuando nos compartimos, nos curamos y también nos lastimamos de maneras que no nos damos cuenta de forma inmediata. Aunque ahora no quiero ninguna relación afectiva, estoy explorando otras formas de compartir(me) y sanarme, formas libres de violencia.

 

 

 

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