Crónica de una despedida

-Pola

Si hubiera sabido que nuestro último beso iba a ser de esa forma, quizá no hubiéramos comenzado.

Y qué digo nuestro, quizá solo fue suyo, eso nunca lo sabré. La noche en que terminamos era un viernes, después de un día en la universidad, actividades y trabajo. Justo después de la ya tradicional cena de los viernes.

Nos sentamos en el restaurante de siempre, pedimos lo usual, nos miramos, hablamos, reímos, pero hubo un silencio, nos miramos y ambos sabíamos qué estaba pasando. Algo había cambiado. Yo seguía amándole con locura, el ya no. Pero supongo que esas cosas pasan, el amor se acaba o quizá nunca lo fue, y es que creo que el amor es unilateral, no podíamos sentir lo mismo. Ahora que miro atrás, creo que esa fue su mayor muestra de amor y respeto, soltarme cuando sabía que no teníamos futuro juntos.

Y vale la pena contar esta historia de amor, no solo por todo lo que me dio y lo que le di, sino porque así son estas historias, agridulces, pero con increíbles y hermosos momentos, y vale cada palabra. Cuando todo comenzó, yo era la chica de la sonrisa rota en camino a ser la mujer de la frente en alto, saliendo de una relación destructiva y violenta, con una persona que ejerció violencia física, psicológica y sexual contra mi persona, pero que, afortunadamente, en ese momento ya no estaba en mi vida.

Sin embargo, reponerse de una relación así no había sido fácil, y todavía me encontraba en el proceso de aceptación de lo sucedido, de auto recuperación, entendimiento y construcción de amor propio. Él, se encontraba en el término de una relación de años, que posteriormente me iba a enterar que también había sido violenta para él. Considerando estos dos escenarios, y mi resistencia a iniciar una nueva relación es que nuestro noviazgo no empezó en seguida.

Y espero esto no les confunda queridos y queridas lectoras, no lo “utilicé” para reponerme, o para sanar, yo ya me estaba sanando sola, él solo fue un acompañante al final de ese proceso. Él se acercó, comenzó a frecuentarme, hablarme, me invitó a salir y fue en ese momento que dije que no tenía interés en salir con nadie, y él mirándome a los ojos me dijo que lo respetaba y que quería darme el tiempo que necesitara.

Y así fue, de principio a fin, tan respetuoso y cariñoso…

Ahora que quiero escribir una supuesta gran historia de amor, me doy cuenta de que de grande no tiene tanto. Que cuando nos sentimos tristes, quizá solo magnificamos e idealizamos algo.

Sí, él fue un gran hombre, amable, cariñoso y respetuoso, y sí, yo lo amé con locura, lo admiré y él a mí, lloré mientras me hacía el amor, mientras leía las palabras más hermosas que alguna vez me habían escrito. Lloré cuando me abrazaba por detrás y me veía desnuda en el espejo, mientras me decía lo gloriosa que era, cuánto me amaba y me daba un beso de esos que te roban el alma.

Fue el hombre que me enseñó a querer como se quiere a un gato, respetando espacios, necesidades, pero siempre estando ahí. Y ahora que no está, no me queda nada más que agradecer su presencia en mi vida, recordar esos momentos y lugares en los que fui inmensamente feliz. En los que me miró como si fuera lo más importante en el mundo. Y no puedo culparlo por eso, no puedo decir que todo fue una mentira, porque se sintió real. Yo lo sentí real.

Incluso ese último beso, en el que escurrían las lagrimas por mis mejillas, sabiendo que aquel hombre maravilloso no me amaba, que ese que fue tan cariñoso y respetuoso ya no quería seguir teniendo una relación conmigo. Y lloré frente a él, le dije que lo amaba, y el me abrazó con la misma fuerza que lo hacía cuando lloraba por el mundo, porque en ese momento yo sentía como alguien tan importante para mí se iba.

Después de despedirnos, agradecernos por todo lo aprendido, nos miramos a los ojos, tomó mis mejillas y me besó, diciendo que sintió ese beso, que salió de su corazón. Nunca sabré exactamente porqué, y creo que no quiero saberlo, pero fue una buena despedida. Y así, entre llantos, risas, agradecimiento y un beso que quedó grabado, fue como le dijimos adiós a ese amor que no pudo florecer, aun cuando estuvo rodeado de cariño, respeto y compañerismo.

Y así, con estas palabras y un último cigarrillo, le digo adiós a él, abrazo su recuerdo como algo precioso, algo afortunado en mi vida, para dejarlo ir. Para estar libre de recibir lo que venga y recordar con cariño lo que fue.

 

 

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