Carta para lxs viajerxs

Este artículo es un poco un agradecimiento, un tanto una carta, y sobre todo, pensamientos que se siguen deshilvanando en mi cabeza hasta el día de hoy. Quiero antes que nada, mencionar que este texto va dirigido una persona muy especial que estará emprendiendo un viaje dentro de muy poco. Laura si estás leyendo esto, espero que las palabras sean más exactas en demostrar lo mucho que has significado en mi propio viaje al encuentro de la reconciliación conmigo mismo.

Este texto como dije anteriormente también es una carta para todos las personas que en algún momento de su vida tuvieron que realizar algún tipo de viaje que requería recorrer una travesía en busca de mejores oportunidades de vida, para alcanzar alguna meta personal o para quienes han viajado a su inconsciente en búsqueda de respuestas a algún tipo de conflicto personal. A todos aquellos viajeros y aquellas viajeras que han tenido que desprenderse de todas aquellas emociones, afectos o personas que los dañaron para ir más livianos de equipaje. Ya sea un viaje con la única compañía de nosotros mismos o en compañía de otros u otras, siempre es una oportunidad para crecer, desarrollarnos y para ocuparnos de nosotros mismos.

La vida es dura con quienes creen en certezas. Uno termina después de cada viaje más seguro de que lo único cierto es la incertidumbre de vivir. Así como en un viaje pasan muchas cosas como perder un vuelo, que te roben pertenencias de tu equipaje documentado, o que hayan retrasos o viajes cancelados. Uno se sigue aferrando en que sus planes saldrán tal como lo tenía previsto en el principio. No importa que tantos riesgos uno haya anticipado, cuantas precauciones uno haya tomado o que decisiones uno haya tomado o no; nunca estamos listos del todo para recibir malas noticias, para afrontar una pérdida, para atravesar un duelo o para despedirse de alguien que podría ya no estar más con nosotros. A lo largo de la vida, uno va acumulando kilómetros de viaje, pero creo que muchas de las veces, uno no termina convirtiéndose en un viajero cauto, experto y libre de percances por más distancia de recorrido que lleve. Pero uno aprende a sobrellevar, a fluir con las incertidumbres y a ser más resiliente.

Nada es definitorio, nada es para siempre. Un viaje ciertamente no lo es. Todo es temporal, transicional, todo se transforma diría Jorge Drexler. El proceso de duelo es temporal hasta que aceptamos la pérdida y un viejo amor culmina para dar espacio a otro que termine por encontrar hogar en nuestro corazón, nos despedimos de relaciones que terminaban por restar y agregamos otras que nos permiten tejer redes afectivas más sanas.

Muchos viajes he atravesado con Laura, nuestros viajes se intersectaron en un mismo punto de encuentro y a partir de ahí hemos atravesado muchas cosas juntos: la universidad, alcanzado metas académicas y personales, hemos compartido historias familiares, los conflictos tratando de desprendernos emocionalmente de seres queridos y hemos tratado de alcanzar una mejor versión de nosotros mismos. Me acompañó cuando atravesaba el momento por el cual tuve que aprender a redescubrir mi orientación sexual. Un proceso que fue doloroso en aquel entonces, pero su amistad alivianó al darme su apoyo. Como yo, muchos de ustedes habrán atravesado viajes en compañía de personas muy queridas. Los viajes que más se disfrutan son cuando se tiene la mejor compañía, la de uno mismo y la de las personas con las cuales uno decidió compartirlo.

Sólo queda por agradecer a las personas con las cuales compartió uno tantos viajes tan personalísimos. En esta ocasión, a ti Laura, sólo me queda decirte que la distancia es sólo física, porque tu memoria, tu amor y tu compañía las tendré siempre conmigo. Para el lector que se tomó la molestia de leer este artículo, que es más una carta o una dedicatoria, gracias por tomar tu tiempo para leerme cada quince días de tu vida. Este es un viaje en el que nos acompañamos, a pesar de que tal vez no nos conozcamos, nos sentimos conectados gracias a la escritura.

-Al final de un viaje, si tenemos suerte, no volvemos a ser las mismas personas que la emprendieron-.

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Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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