El azar ontológico de Darwin o lo que es lo mismo; no todo pasa por algo

Durante los últimos meses, en el laboratorio en el que trabajo hemos estado preparando un artículo científico en donde analizamos las novedades evolutivas de los cerebros de diferentes animales. Si bien no es sencillo explicar en palabras claras y mundanas lo que concluimos de este estudio (y cuyo contenido no es el tema de este texto), sí me he encontrado con muchas personas cercanas interesadas en saber… pues… qué hicimos y para qué.

El artículo que preparamos habla de las innovaciones en el cerebro de los mamíferos con respecto al de los reptiles (tortugas, lagartijas y serpientes) y anfibios (ranas, salamandras y cecilias). Pero, ¿qué es eso de innovaciones evolutivas? Lo que me ha parecido más complicado de explicar de este artículo no ha sido qué son los subtipos neuronales, la Cresta Ventricular Dorsal anterior, la corteza entorrinal o el subículo del hipocampo (nada relevante en este texto, tranquiles), sino lo que es la evolución, qué es la selección natural, cómo ocurren los cambios y por qué estas innovaciones cerebrales no sucedieron con un fin específico.

Para introducir el tema y para aquelles despistades de la evolución, la estructura lógica de la teoría es la siguiente: 1) los organismos varían (aleatoriamente) y estas variaciones son heredadas (por lo menos parcialmente) por su descendencia, 2) los organismos producen más descendencia de la que puede sobrevivir y 3) en promedio, la descendencia que varía más dramáticamente en dirección favorable a los retos ambientales serán los que sobrevivan y se reproduzcan. Es entonces cuando debemos entender a la selección natural como la fuerza creativa de la evolución, ya que no funciona únicamente como el verdugo de les poco adaptades, sino que además moldea a les que se adaptan.

En general, la evolución es uno de los temas menos comprendidos por la sociedad en general. Y es que nosotres, como científiques, no hemos hecho una gran labor divulgativa. También creo que juega un papel fundamental la cosmovisión preponderante en el mundo (capitalista utilitarista) y religiosa (las cosas pasan por algo porque alguien o algo diseñó el Universo). Pero lo cierto es que la teoría de Darwin está basada en tres pilares que, si bien son fáciles de entender, el contenido filosófico radical ha hecho a la teoría difícil de digerir en la cultura occidental. Vayamos por partes; el primer punto establece que la evolución no tiene ningún propósito, el segundo punto establece que la evolución no tiene ninguna dirección y en el tercer punto, Darwin aplica una teoría materialista a su interpretación de la naturaleza. En este texto desglosaré únicamente el primer punto que, creo, es el más difícil de asimilar y en futuros textos abordaré los otros dos puntos.

Árbol de la vida, imagen de Lukas Gloor.

El primer punto–la evolución no tiene ningún propósito–es probablemente uno de los más difíciles de deconstruir en la sociedad moderna (acá un blog más científico). Es también el mismo sobre el cual hay más confusión por parte de la sociedad en general. Aquí se establece que las variaciones que ocurren en los organismos ocurren por azar (el famoso azar ontológico de Darwin). Aquí no hay una causa final que propicie el cambio, no existe un «para esto». Las aves no evolucionaron plumas y alas «para volar». Los ojos de los animales no evolucionaron «para ver» y las cortezas de los mamíferos no evolucionaron «para pensar». Más bien, cambios azarosos en los ancestros de los organismos modernos pasaron por azar y dichos cambios fueron seleccionados por alguna presión de selección específica al tiempo y espacio que dichos organismos habitaban. Estos mismos cambios fueron refinados con el paso tiempo. Pensemos en los ojos como estructuras cóncavas, surgieron múltiples veces en la historia evolutiva y eso ayudó a los organismos a identificar fuentes de luz. Con el paso del tiempo, dichas estructuras cóncavas se refinaron en lo que conocemos como los ojos. Tomemos un ejemplo más concreto.

En el siglo XIX en Inglaterra, las polillas de abedul (Biston betularia) eran predominantemente blancas. Dicho color era favorable ya que, durante el invierno, dichas polillas podían pasar desapercibidas en la nieve, evitando ser comidas por depredadores naturales. Una variante de dichas polillas era negra y, naturalmente, eran más fácilmente encontradas por depredadores. Sin embargo, con el inicio de la revolución industrial, los bosques de abedul se tapizaron de hollín, lo cual cambió la presión de selección drásticamente. En dicho contexto, las polillas de color blanco tenían una desventaja sobre sus compañeras negras, ya que las polillas negras se confundían con el negro hollín de las fábricas de Inglaterra. Con el paso del tiempo, la población se fue seleccionando. Las polillas negras sobrevivían en mayores proporciones, pasaban sus genes (y por lo tanto sus variaciones) a sus descendientes, y sus descendientes (predominantemente negros) serían más aptos que las polillas blancas. La selección natural habría moldeado a les más aptes y ejecutado a les que no lo eran.

Pero, ¿esto significa que las polillas deliberadamente decidieron cambiar a negro para sobrevivir y aquellas que no lo hicieron fueron más débiles? La respuesta es no. Un cambio azaroso–el color de la polilla–significó una ventaja adaptativa en un momento dado (siglo XIX), en un espacio dado (bosques de abedul de Inglaterra). No cambiaron «para camuflarse». El cambio existía, simplemente fue seleccionado en un contexto particular. Pensar que las cosas pasan por algo tiene una fuerte carga filosófica. Si la evolución pasará para algo, significa que hay una mano creadora que guía la evolución, y eso es completamente disonante con la estructura de la teoría en sí. Un azar ontológico inmediatamente rechaza la existencia de un diseño inteligente. Si las cosas pasaran por algo, entonces sí podemos hablar de un diseño inteligente, pero lo cierto es que los diseños de la naturaleza están lejos de ser perfectos.

Se me ocurren innumerables ejemplos de cosas que cargamos que no nos son útiles. ¿Por qué tenemos apéndice? Seguramente un diseño inteligente lo puso ahí para que se infectará y tuviéramos que correr al IMSS. ¿Por qué nos da cáncer? ¿por qué las ballenas tienen huesos de la cadera si no caminan en tierra? ¿Por qué tenemos un coxis si no tenemos cola?  Si la evolución tiene un propósito, hubo muchos cambios que parecen ser contraproducentes o irrelevantes para el organismo.

Pensar que existe un destino y que todas las cosas deben servir un propósito es un pilar fundamental de la sociedad occidental. Siguiendo la misma línea de pensamiento podemos decir que si el mundo muestra armonía y orden es únicamente como resultado incidental de les individues  buscando su ventaja propia–la economía de Adam Smith transferida a la naturaleza. El mito de la meritocracia; si las polillas sobrevivieron, es porque querían ser negras y le chingaron para no ser devoradas (ammm… no). La mayoría (sino es que todas) de las disciplinas al servicio humano siguen una razón de ser para obtener un fin–la economía, las ingenierías, la medicina. La concepción teleológica del mundo ha hecho que este primer punto de la teoría de la evolución sea casi imposible de digerir.

Muchas veces cuando nos pasan calamidades volteamos al espejo y nos decimos, «bueno, las cosas pasan por algo, seguro me corrieron del trabajo por algo». Y la verdad es que, por desesperanzador que suene… no es así. También pensamos que así Dios quiso o que es el karma o las energías que se están balanceando. Se nos inculca desde pequeñes que tenemos que tener un camino claro hacia un fin específico. Se nos dice que, si vamos a hacer algo o queremos algo, debe existir una razón. ¿Por qué o para qué te cortaste y pintaste el pelo? Pues nada más, quería y ya. La sociedad occidental nos ha empujado a pensar en términos utilitaristas. La realidad es que vivimos en un mundo en donde cambios azarosos han sido moldeados por la selección natural durante 3,600 millones de años. A veces las cosas pasan y ya está; puede hacer sentido o no en algún punto de la vida.

Él/He/Him. ¡Hola! Tengo 27 años y soy biólogo. Actualmente estudio un doctorado en neurodesarrollo pero me gusta salir del sofocante ambiente académico para platicar de ciencia para todes. Creo fielmente que les científicos nos debemos a la sociedad y este es mi humilde intento de divulgación científica.

Me interesan temas como la evolución, el desarrollo, la biología celular y la biología molecular, pero me interesa aún mas deconstruir las ideas deterministas herencias del positivismo científico.

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