El arte contra Dios y el sinsentido

Existen obras creativas que por algún hilo invisible están perfectamente conectadas y en sintonía. Con esto no me refiero a conexiones justificadas de manera académica o rigurosa, sino a esas obras que parecen conversaciones perfectamente sintonizadas entre los artistas. En una de esas conexiones caí cuando terminé de leer el libro de Job del Antiguo Testamento y no podía dejar de pensar en Los heraldos negros del poeta peruano César Vallejo, en las canciones estilo Lamento de campo, o Field Hollers, y las canciones de trabajo afroamericanas de preguerra (ambos estilos antecesores del blues). La permanente insatisfacción humana y tres perspectivas sobre ella con relación a Dios es el hilo que une a todos estos textos.

La influencia de Job en Vallejo y los cantantes afroamericanos sureños puede parecer trivial, pues estos últimos eran cristianos devotos. Sin embargo, existe una conversación y conexión casi perfecta entre los tres que vale la pena explorar. Parecería que el libro de Job, que consta solamente de treinta páginas, auspició en el poeta y en los cantantes una veta pesimista que es muy propia de algunos enfoques del cristianismo. Lo digo así porque no hay otro libro en la Biblia que se sienta tan contemporáneo, personal, filosófico e incluso existencialista.

Para poner en contexto, el libro de Job nos narra la historia de este personaje quien, siendo un hombre muy piadoso y bueno, es puesto a prueba por Dios para demostrarle a Satán que no importa si el hombre bueno vive en desgracia, siempre será bueno. Por esa razón, Dios le da a Satán el control de la vida de Job con la condición de no matarlo. Así, sus ovejas son asesinadas, sus camellos robados, sus 10 hijas e hijos asesinados y él mismo es herido “con una llaga incurable desde la punta de los pies hasta la coronilla de la cabeza” (Job 2). La primera parte de esta historia establece que Job nunca pecó ni con palabras ni con acciones a pesar de todo lo que le sucedió; pero casi como en protesta a este final, algún autor de la Biblia prosiguió con otro estilo la historia a través de los llamados “Poemas de Job” también incluidos en la Biblia. Es aquí donde amigos del protagonista vienen a consolarlo desde países lejanos y él se quiebra y comienza sus lamentaciones famosas: “¡Maldito el día en que nací y la noche que dijo: Ha sido concebido un hombre!” (Job 3).

Ahora quiero delinear los paralelismos entre los textos y las canciones para que los entrecruzamientos entre ellos se muestren a sí mismos y a sus conclusiones. Lo primero que todos comparten son las demandas y quejas dirigidas directamente a Dios que vienen de un enojo visceral. Por ejemplo, en esta canción llamada Satisfy:

“I’ve never been! (Satisfy’!)

I’ve never been! (Satisfy’!)

When to the river, (Satisfy’!)

Been baptized, (Satisfy’!)

That didn’t make me! (Satisfy’!)

That didn’t make me! (Satisfy’!)”

 

“¡Nunca he estado! (Satisfecha!)

¡Nunca he estado! (Satisfecha!)

Fui al río, (Satisfecha!)

Fui bautizada (Satisfecha!)

Eso no me dejó (Satisfecha!)

Eso no me dejó (Satisfecha!)

Satisfy-Anne Williams

 

Las frases se repiten como con cansancio y la pronunciación del coro hace que su respuesta a la primera voz que dice “Satisfy!” suene igual que “Satisfied!”. El efecto que esto produce es que el que escucha puede sentir que la cantante le ordena a Dios, le demanda que la “satisfaga”. A la vez se puede escuchar la canción como un arrepentimiento de que ella nunca ha estado “satisfecha” como una condición propia y de pecado individual por el cual se siente desamparada.

Job y el poeta César Vallejo también se quejan ante Dios, le demandan explicaciones, le piden a Dios que satisfaga al mundo y se lamentan haber nacido: “Dios mío, si tú hubieras sido hombre, hoy supieras ser Dios” (Vallejo, 2014, p. 71). Ambos creen en Dios, pero con valentía y algo de temor se le piden respuestas y compasión humana. “[El hombre] Se parece al esclavo que suspira por la sombra, o al jornalero que espera su salario” (Job, 7). Y de manera perfecta, esta canción cantada por jornaleros afroamericanos del sur de Estados Unidos grita:

I be so glad when…when the sun goes down

 

You’ll never be worried when…when the sun goes down

Oh! My lord, yeah!

Me alegraré tanto cuando…cuando caiga el sol

Tú nunca estarás preocupado cuando…cuando caiga el sol

¡Oh! ¡Dios mío, sí!

 

I Be so Glad When the Sun Goes Down-Ed Lewis

Sin embargo, junto con este sentimiento, en las obras analizadas también hay un intento de búsqueda de la propia culpa, muy en sintonía con toda la idea cristiana de lo “pecaminoso” de la existencia humana. De esta manera, canciones como (Ain’t) Nobody’s Fault But Mine hablan de que, si no se es suficientemente piadoso, si no se lee la Biblia, si no se sirve a Dios, la pérdida del alma es culpa de uno mismo:

I gotta God that I can serve,
I gotta God that I can serve,

If I don’t then my soul’ll get lost

Ain’t nobody’s fault but mine

Tengo un Dios a quien puedo servir,

Tengo un Dios a quien puedo servir,

Si no mi alma se perderá

No es culpa de nadie, solo mía

 

(Ain’t) Nobody’s Fault But Mine-Milledgeville Georgia Singers

Asimismo, los amigos de Job traen a la discusión la idea de que “El hombre engendra su propio castigo, así como en las nubes hace estallar el águila el rayo” (Job 5). Luego Job acepta el argumento, al menos en parte, “Pero, ¿realmente soy bueno? ¡Ni yo mismo lo sé! ¡La vida no tienen sentido!”.  Por su parte, César Vallejo se siente impostor, se siente culpable de su existencia: “Yo vine a darme lo que acaso estuvo asignado para otro […] / Yo soy un mal ladrón…A dónde iré!” (Vallejo, 2014, p. 58)

Césa Vallejo

Hasta ahora vemos dos partes de la conversación: una dura exigencia a Dios que luego se transforma a un sentimiento de culpa propia por alguna razón inasible. Sin embargo, existe todavía un tercer y último sentimiento que se ven en estas obras y que es la catarsis de la angustia humana de la que tanto hablan. Con ello me refiero a la expresión humana por sí misma y, como consecuencia, el arte. Por eso Job y Vallejo escriben poéticamente, y los afroamericanos oprimidos cantan. “[Dios] no es un hombre como yo, para decirle: Comparezcamos juntos en juicio. […]. Puesto que es así, yo hablaré a solas conmigo sin tenerle miedo” (Job 9).

Es la liberación humana a través del lamento y la expresión que nos alivia y acompaña en la angustia de la existencia. Dios (o la idea de algo absoluto) es tan total que no comprende al hombre, quien vive días que para Dios son un soplo, como dice Job. En la expresión es donde el hombre se regocija de tener un espacio propio de comprensión solamente humana y toma ventaja. Por esa razón, Vallejo declama: “Ya no llores, Verano! En aquel surco / muere una rosa que renace mucho…” (Vallejo, 2014, p. 27). Incluso el autor rechaza aquella idea tan absoluta de la pureza para quedarse con su poesía y su expresión: “Pureza amada, que mis ojos nunca / llegaron a gozar. Pureza absurda!” (Vallejo, 2017, p. 32).

Sin embargo, donde se refleja mejor este goce de la vida en la expresión a pesar del sufrimiento es en el cantar afroamericano y en especial en esta canción góspel. Los artistas cantan, bailan y aplauden:

This Little light of mine,

I’m gonna let it shine.

Everywhere I go,

I’m gonna let it shine.

God give it to me,

I’m gonna let it shine

Esta pequeña luz mía,

La dejaré brillar.

A todos lados que vaya,

La dejaré brillar.

Dios me la dio,

La dejaré brillar.

 

This Little Light of Mine-James Shorty & Viola James

El arte se vuelve rebelión contra el sinsentido y contra el más absoluto de los sentidos, el Dios inalcanzable. La expresión, el lamento de la existencia, es el intermedio donde juega el humano; ya lo dijo Job en la Biblia: “Por eso, no quiero callarme, sino que expresaré la angustia de mi espíritu y haré que escuchen la pena de mi alma” (Job 7). Por eso hay que hacer arte.

Fuentes:

Proselitista de que lo humano es crear. Me gusta Juan Rulfo, el ruso, el cine y el blues. La política (me) importa y escribir también. “Al que obra mal, se le pudre el tamal”.

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