Dos formas (aparentemente) opuestas de salvar el planeta

A mediados de 1940, dos hombres se encontraron por primera y última vez en un terreno a las afueras de la Ciudad de México. Frente a ellos, se encontraba una parcela de trigo, moribunda y desnutrida por culpa de la roya, una plaga poco conocida hoy en día pero que es altamente contagiosa y responsable de mermar la producción e ingresos de miles de agricultores y causa de incontables hambrunas en todo el mundo. Ambos hombres, ecologistas para ese entonces, miraban el mismo campo, pero no compartían la misma visión. El primero veía oportunidad; terminaría desarrollando unas técnicas revolucionarias de modificación y mejoras genéticas llamadas fitomejoramiento que sentarían las bases para la agricultura moderna. El segundo veía un estrago, y es quien popularizó el término “capacidad de carga”: la idea que el medio ambiente solo puede producir cierta cantidad y si se sobrepasa ese límite, cosas malas empiezan a suceder.

Los dos científicos en cuestión eran William Vogt y Norman Borlaugh, y en su libro The Wizard and the Prophet (“El Mago y el Profeta”), el periodista Charles Mann hace un recuento de las vidas e ideas de ambos personajes para intentar contestar la que posiblemente sea la pregunta del siglo: ¿Es posible atender a una población en crecimiento sin causar una catástrofe global en el proceso? La respuesta de ambos personajes es que sí, pero su entendimiento de la relación entre humanos y el medio ambiente, al igual que las estrategias que proponen, más que estar en oposición, nos invitan a repensar cómo se ve un futuro sustentable para todes.  

Norman Borlaugh, el Mago, nació en una familia en situación de pobreza en Iowa en 1914 y, gracias a la invención del tractor Modelo F de Ford, pudo dejar la granja donde creció, estudió ciencias forestales y obtuvo un doctorado en patología y genética vegetal. Tras pasar unos años en la compañía de químicos DuPont, Borlaugh vino a México con la Fundación Rockefeller, donde desarrolló la tecnología que hizo posible la modificación genética de ciertos cultivos para volverlos más resistentes al medio ambiente y más productivos. El trabajo de Norman hizo posible la llamada “Revolución Verde”, salvando a millones de personas del hambre y valiéndole así un Premio Nobel. Consistente con su trabajo, Borlaugh veía en la tecnología y la innovación la respuesta para acomodar un crecimiento ilimitado en el planeta. El célebre agrónomo consideraba la afluencia, no como un problema, sino la solución: al grito de “¡Innovar!, ¡Innovar!, ¡Innovar!”, la idea es que podemos ingeniar soluciones para todo, incluyendo los límites del planeta.

William Vogt representa, por otra parte, el arquetipo de los Profetas. Vogt sirvió como director de la sección de conservación de la Unión Pan-Americana (hoy la Organización de Estados Americanos) y vivió un tiempo en Perú, donde trabajó para una compañía que vendía guano (popó de pájaro) como fertilizante. Durante este último trabajo, Vogt se convirtió al “ambientalismo apocalíptico”, convencido de que un crecimiento desmesurado inevitablemente llevaría a la humanidad a destruir los de por sí frágiles ecosistemas del planeta. El ecologista americano publicó en 1948 Road to Survival (“El Camino a la Supervivencia”), donde presentaba por primera vez los múltiples y pequeños cambios ambientales como parte de un problema global y advertía sobre una catástrofe inminente si seguíamos consumiendo como lo hacemos hasta el día de hoy. Vogt ofrecía una visión basada en límites, y su trabajo inspiró a otras académicas como Rachel Carlson, la madre del movimiento ecologista y autora de Silent Spring (“Primavera Silenciosa”), y autores como Paul y Anne Elhrich, quienes escribieron el famoso libro The Population Bomb (“La Bomba P”). Es fácil ver cómo las ideas y el pensamiento de William Vogt han informado cómo concebimos problemas como el cambio climático. Vogt pasó toda su vida sonando la alarma sobre la degradación al medio ambiente, advirtiéndonos sobre la devastación que el crecimiento poblacional causaría en el planeta, y exigiendo, implorando incluso, que redujéramos nuestro consumo y aprendiéramos a vivir en armonía con los ecosistemas de nuestro planeta. William Vogt nunca vio la afluencia como el logro más grande de la humanidad, sino como el problema más grande que enfrentaba nuestra especie y el planeta, mientras gritaba “¡Recorten su impacto, reduzcan su consumo!”, nos recordaba que el planeta tiene límites e infringirlos nos condena a todes.

Ambos hombres murieron hace años, pero sus ideas y filosofías sobreviven hasta el día de hoy. Las y los discípulos de Borlaugh, quienes se identifican como Magos o Magas, o a quienes les gusta y apasiona la “magia” del desarrollo tecnológico ven “las posibilidades como inagotables y a los humanos como astutos administradores del planeta”. Para un Mago y una Maga, el crecimiento y el desarrollo económico son parte indispensable de nuestro desarrollo como especie y la clave para un futuro para todes. El Mago apuesta por la ciencia y la tecnología, convencido y convencida de que el ingenio humano es la clave para producir de manera sustentable. Si bien un Mago o una Maga reconocen que la presión a la que estamos sometiendo al planeta es insostenible, están seguros y seguras que podemos depender de la innovación para llevar progreso y prosperidad a la población global. Las y los Profetas no están tan convencidos. La perspectiva del mundo como algo finito y de nuestra especia como una limitada por su entorno hace que un o una Profeta valoren en vez la comunidad, la conservación y la conexión con la tierra. Las y los Profetas, a diferencia de las y los Magos, creen en y defienden la estabilidad y la preservación de nuestros ecosistemas como el objetivo más grande de la sociedad. En vez de ver al planeta como una caja de herramientas, “ven al mundo natural como la personificación de un orden general que no debe alterarse” [1]. Si bien alarmistas en su peor expresión, las y los Profetas nos ofrecen algo invaluable: una conciencia de los límites de nuestro planeta y un temor (sano) de qué pasará si los superamos

Es importante recalcar que la diferenciación Mago-Profeta no es un debate entre ciencia y anti-ciencia. Tanto Borlaugh como Vogt, al igual que todos sus adeptos, cuentan con respaldo científico y creen en el método científico y la investigación, la diferencia recae en los modelos que utilizan únicamente. Mientras que las y los Magos reconstruyen sistemas para reorganizarlos en nuestro beneficio, las y los Profetas buscan en vez, entender nuestro lugar en los sistemas planetarios y nuestro impacto en ellos. Puesto de manera sencilla: las y los Profetas buscan descubrir fronteras y limitaciones para que sean respetados, las y los Magos ven los límites naturales como desafíos a superar. En The Wizard and the Prophet, Charles Mann explora cómo estas perspectivas divergentes informan debates sobre la producción de energía y alimento necesarios para un planeta abarrotado, el manejo de recursos limitados como el agua y la tierra, y cómo lidiar con el cambio climático. Lo sorprendente de la investigación de Mann no es tanto el relato biográfico que presenta, sino la plétora de opciones, ideas, políticas públicas y estrategias que ambas perspectivas nos ofrecen.

 Al final, ni el libro de Mann ni el trabajo de ambos ecologistas deberían ser entendido como una decisión suma cero o absoluta. No se trata de un debate entre agricultura industrial y una agricultura variada. Ni de elegir entre reforestar o construir plantas nucleares para disminuir el dióxido de carbono en la atmósfera. Si bien Mann presenta al Mago y al Profeta como puntos opuestos, quizás es más apropiado verlos como puntos complementarios en un mapa de ideas. El trabajo de las y los Magos permite que los Profetas lleven vidas más sustentables y busquen estrategias dentro de los límites naturales que buscan proteger; el enfoque en soluciones de abajo a arriba y en las interacciones dentro de ecosistemas de los Profetas, por su parte, permite que las creaciones de los Magos sean más efectivas.

Originalmente pensaba terminar esta pieza preguntando con quién o cómo se identificaba el lector o la lectora. Sin embargo, hacer eso tal vez les llevaría a la conclusión (errónea) de que hay una respuesta correcta. Que es Borlaugh o Vogt quien tuvo la última palabra. Que es más importante innovar que restringir nuestras acciones. Quizá viceversa. En vez, esta es una invitación a que consideren el desafío que representa el cambio climático como lo que es: un problema complejo y perverso. Como tal, debemos empezar a hablar en plural, a discutir y considerar soluciones, así, con “s”, en vez de encerrarnos en el dogma mágico o profético que dicta que hay una única forma de entender el rol que juega el ser humano en el planeta Tierra.

[1] Mann, C. (2019). The Wizard and the Prophet: Two Remarkable Scientists and Their Dueling Visions to Shape Tomorrow’s World. Vintage.

Estudiante de Ciencias Políticas y Derecho Internacional en un Programa de Doble Titulación entre L'Institut d'Études Politiques de Paris (Sciences Po) y the University of British Columbia.

Obsesionado con el estudio del poder, me dedico a interpretar, evaluar y explicar eventos, patrones y estructuras de política.

Yucateco primero. Lo único que me gusta más que una buena conversación es un buen café

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