Disidente

Recientemente vimos que la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) votó 4 a 1 contra un proyecto de sentencia para el caso del amparo en revisión 636/2019. El caso corresponde al rechazo del Congreso de Veracruz a una iniciativa de reforma que despenalizaría el aborto antes de las 12 semanas de gestación.

Si bien esta votación rechazó un proyecto de sentencia que consideraba, entre otras cosas, que el Congreso tenía una obligación de legislar para garantizar los derechos de las mujeres; este rechazo no significa que la SCJN ya haya tomado una decisión. Solamente significa que se escribirá otro proyecto de sentencia y se volverá a votar.

Pese a que la SCJN aun no resuelve este caso, muchos grupos contra el derecho al aborto han tomado esta votación como una victoria, aun cuando la votación giró entorno a una figura jurídica (omisión legislativa) y no sobre el derecho al aborto. Por otro lado, muchas colectivas feministas, defensoras de derechos humanos y mujeres, demostraban su tristeza e indignación por esta decisión, pero reafirmaban que la lucha continúa y que quizá no ese día, pero será.

Este tipo de noticias mueve muchos sentimientos en muchas de nosotras, porque entendemos y sentimos cómo estas decisiones nos atraviesan por ser mujeres. En medio de toda la ola de opiniones, mis pensamientos se dirigieron a las mujeres que imparten justicia, a quienes quisiera dedicar estar artículo.

El proyecto antes mencionado fue propuesto por un ministro y, si bien el sentido de la sentencia era proteger los derechos de las mujeres, también es cierto (y varias personas lo señalaron) este proyecto pudo haber sido más elaborado, es decir, se pudo haber reforzado con mayor argumentación su contenido.

Me parecería que, ante un caso tan importante, la dedicación y esfuerzo que se pone en la argumentación es fundamental, así como el trabajo de comunicación con otras y otros ministros. Hoy quiero compartirles un poco de dos mujeres que han dedicado su vida a luchar por la igualdad de género y quienes han representado un ejemplo para mí: Elizabeth Odio Benito y Ruth Bader Ginsburg.

Elizabeth Odio Benito es actualmente presidenta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, siendo la segunda mujer en presidirla. Es abogada con una larga trayectoria como académica y política, quien insiste en decir su edad de 80 años y es abiertamente feminista.

Ha sido un gran ejemplo de lo que significa trabajar con pasión y amor, y de la importancia de asumirse públicamente feminista. Antes de ser jueza en la Corte Interamericana, fue magistrada de la Corte Penal Internacional y del Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia, donde destacó por su insistente y firme trabajo respecto a la violencia sexual. Gracias a su insistencia, junto a Gabrielle Kirk (las únicas dos mujeres entre 11 miembros), en el caso Celebici, por primera vez una violación fue reconocida como crimen de guerra.

A lo largo de su trayectoria, ha insistido en la protección de los derechos de las niñas, adolescentes y mujeres, asumiéndose públicamente feminista. Esto último me parece sumamente valioso y destacable, hace unos años atrás la idea de asumirme públicamente feminista me generaba preocupación e incluso miedo, debido a la gran carga de estigmas que aun hay respecto al feminismo.

Por supuesto que ver a una mujer en un tribunal internacional viviendo su militancia feminista de manera pública, no solo representó motivación, también ha sido un recuerdo constante de la importancia de la representación feminista y del gran impacto que este puede tener en la impartición de justicia.

Durante la audiencia pública del caso “Mujeres víctimas de tortura sexual en Atenco Vs. México”, Norma Jiménez rendía su testimonio y mencionaba que, desde que había decidido denunciar los hechos de tortura sexual que vivió, su padre no le dirigía la palabra porque “estaba equivocada por denunciar”, fracturándose así su núcleo familiar.

Ante estas palabras, Elizabeth Odio se dirigió a ella y dijo “Norma, las mujeres nunca nos equivocamos cuando peleamos por nuestros derechos”. Esa parte de la audiencia estuvo circulando varios días por redes sociales, ese momento no solo representaba el efecto reparador que puede tener una audiencia pública, también eran palabras que se dirigían a todas las mujeres.

Igual quisiera mencionar a Ruth Bader Ginsburg, actual jueza de la Suprema Corte de Estados Unidos, la segunda mujer en alcanzar este cargo. También conocida como RBG, se ha vuelto un ícono en Estados Unidos.

Ha sido llamada “una desgracia para la Suprema Corte”, “antiamericana”, “malvada”, “que no tiene respeto por las tradiciones ni la constitución”. Esto, debido a su trabajo en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Como abogada litigante comenzó a desarrollar estrategias para que, a través de casos específicos, se fueran estableciendo precedentes. En el caso Frontiero V. Richardson, su primer caso ante la Suprema Corte, ella buscaba que consideraran que la discriminación en razón de género debería abordarse en sentido similar a la discriminación racial; aunque ganó ese caso, no fue aceptado este argumento.

Sin embargo, ese fue un argumento que decidió repetir muchas veces, y poco a poco se fue abriendo paso, como ella diría “el cambo real, el cambio duradero, sucede un paso a la vez”. Años después Ruth Bader iba a ocupar un puesto en la Suprema Corte, misma corte que durante años la vio avanzando caso por caso.

Como jueza se hizo popular debido a sus votos disidentes, un voto disidente es aquel en la que no solo se vota contra lo establecido por la mayoría, también se exponen las razones de porque no se está de acuerdo. Y citándola:

“(los votos disidentes) se dirigen al futuro. No es fácil decir ‘Mis colegas están equivocados y yo lo haría de esta manera’, pero los mejores (votos) disidentes se convierten en opiniones de la corte y gradualmente, a través del tiempo, estas perspectivas se convierten en las dominantes. Ahí está la esperanza del disidente: no es escrito para el ahora, es escrito para el mañana.

Ilustración: BIJOU KARMAN Vía: The Atlantic

Además de esto, creo que los votos disidentes de Ruth Bader han tenido un efecto muy importante, nos ha demostrado la importancia de decir que no estamos de acuerdo con algo, de creer lo suficiente en nuestros conocimientos y en nuestros argumentos como para decir “yo disiento”.

Como mujer en el mundo del derecho fue bastante fácil darme cuenta de que mis opiniones y las de mis congéneres tenían una reserva. Reserva que no tenían los comentarios de los hombres. Ruth Bader también lo sabía, pero nunca dejó de hablar, y no solo manifiesta su desacuerdo, también elabora fuertemente sus argumentos para demostrar porque tiene la razón.

Para mí, ver a mujeres como Ruth y Elizabeth no solamente genera inspiración, también genera esperanza, la esperanza de que hay un lugar para nosotras en esos tribunales, la esperanza de que ese argumento que hoy nos rechazarán algún día será ley.

En muchas ocasiones podemos sentir desesperanza, que pareciera un camino muy largo en el que nos estamos enfrentando contra un sistema enorme, pero he encontrado la esperanza en las mujeres que admiro. Juezas como ellas dos, abogadas litigantes como las que promovieron el amparo del inicio, abogadas que me han compartido su conocimiento y quienes han sido muy importantes para mi crecimiento, y en mis contemporáneas, con quienes he crecido y he visto crecer.

Me hubiera encantado mencionar a una mujer de la SCJN y, aunque aun no sabemos en qué se resolverá el caso de Veracruz, creo que algún día podremos ver más mujeres luchando por otras mujeres en este tipo de espacios, y urge. Así que, queridas abogadas feministas, no se rindan, tenemos mucho camino por delante, pero no estamos solas.

“No pido ningún favor para mi sexo. Todo lo que pido a nuestros hermanos es que quiten su pie de nuestros cuellos” –Sarah Grimbé, abogada abolicionista.

Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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