Discursos que matan

A pesar de que este artículo nace de lo acontecido el sábado pasado en Estados Unidos, solo lo utilizo como referente de mi tesis central: los discursos de odio.

Hace unos días, un joven blanco de 21 años entró a una tienda de la cadena Walmart en El Paso cerca de la frontera de Estados Unidos con México, con un rifle de asalto y comenzó a disparar, dejando un saldo de 22 personas muertas y 26 heridas. El joven, luego de su crimen de odio, dijo: “mi objetivo era matar tantos mexicanos como fuera posible”. Se le atribuye también un manifiesto publicado en sus redes sociales con lenguaje de supremacista blanco y nexos con grupos de odio.

El presidente Donald Trump, desde su época de campaña electoral ha mantenido –como sabemos–, un discurso racista y de odio hacia los migrantes, personas latinas, musulmanes y prácticamente cualquier persona no blanca y heterosexual. A esos discursos que tienden a levantar a las masas contra grupos en situación de vulnerabilidad, se les han sumado -en diferente escala- el presidente de México y el de Brasil. Hablando únicamente de las cabezas de los Estados, porque en los cuerpos políticos de los tres países radican otros personajes que incentivan estos mismos discursos.

Vía: Pía Guerra

Desde el surgimiento de la figura Trump, se han destapado y envalentonado los grupos de odio en Estados Unidos. Los supremacistas blancos se creen amparados por una figura presidencial que encabeza su ignorancia racista. Es obvio, ellas y ellos mediante el voto, le dieron el poder.

El tiroteo en El Paso, los feminicidios, los crímenes de odio contra la comunidad LGBT+, la tortura, homicidio y comercialización de las personas migrantes y demás atentados contra grupos en situación de vulnerabilidad. No son nuevos, son grupos históricamente oprimidos, por lo tanto, no cabe la libertad de expresión. Los discursos de odio no son una opinión. La homofobia, el racismo, la misoginia, la gordogobia, la aporofobia y demás discursos que por medio de la ignorancia buscan oprimir y menoscabar la diversidad y los derechos de otras personas, no son una opinión.

Las palabras que utilizamos, lo que escribimos y la forma en la que lo hacemos; tiene una carga gigante en las y los receptores. A veces no somos conscientes de a quiénes perjudicamos o lo hacemos por una vía indirecta. Pero lo que decimos genera consecuencias en la otredad, podemos revictimizar, señalar inseguridades, potenciar la violencia contra una persona o grupo de personas y crear daños irreparables.

Tenemos que cambiar nuestras palabras, redirigir nuestros discursos y repensar nuestras opiniones. Dejar de hablar de los cuerpos ajenos, dejar de cuestionar la sexualidad de las demás personas, un lenguaje incluyente, un discurso humanitario y sensible hacia las personas migrantes, empaparnos con el lenguaje incluyente de las personas con discapacidad y sobretodo, ser empáticos con la otredad. Dejar de utilizar el lenguaje como un arma y empezar a utilizarlo para sanar y reducir las brechas de desigualdad.

Hay que detener el consumo, dejar de darle voz y vistas en redes sociales a estas personas que propagan el odio. Un silenciar, bloquear y reportar a personas como Mauricio Clark y el Frente Nacional por la Familia, Gerardo Noroña, Hernán Gómez, Chumel Torres, Donald Trump, entre otros. Exigir de nuestras y nuestros políticos un cambio de discurso. Detener el ataque contra la prensa y la oposición para sumarse en el progreso y reconocimiento de derechos de estos grupos en situación de vulnerabilidad.

La tragedia sistemática y racista en El Paso desgraciadamente consuma lo que siempre se ha dicho de los discursos de odio: matan.

 

Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

Una respuesta a «Discursos que matan»

  1. Te felicito Alex por manifestar tu opinión, necesitamos más jóvenes que apoyen la inclusión. Amor es Amor ! Ojalá que paren los actos de discriminación, es importante empezar desde nuestra actitud personal. Saludos!

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