Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. ¿Avance o retroceso?

Hoy, 17 de mayo, es el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia (IDAHOBIT por sus siglas en inglés). Si bien es el nombre oficial, en realidad debería ser Día Internacional contra la discriminación hacia personas de orientaciones sexuales, identidades y expresiones de género diversas o no normativas, o cuyos cuerpos varían del estándar corporal femenino o masculino, como refiere la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su Informe sobre políticas públicas con enfoque de derechos humanos, debido a las demás orientaciones e identidades que quedan fuera.

¿Cuál es el contexto de discriminación hacia personas LGBT+?

Hoy en día solo 14 entidades federativas de 32 cuentan con Leyes de Identidad de Género y 20 de 31 en las que es posible el matrimonio igualitario sin necesidad de un amparo. De acuerdo con el Observatorio de Personas Trans Asesinadas, se registran 528 personas trans asesinadas en México de 2008 a septiembre de 2020, siendo el segundo lugar detrás de Brasil.

Por su parte, el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio Contra las Personas LGBT+ en México, del 2014 al 17 de mayo de 2020, registró 209 casos de crímenes de odio en los 10 estados que contabiliza. De los 209 casos, el 53.6% eran de personas homosexuales, 30.1% sin información de su orientación sexual, 8.1% eran lesbianas y el 1.0% personas bisexuales. Vale la pena mencionar que el Observatorio considera que, por cada caso visible, hay 3 que no lo son.

Estos datos han sido recolectados y proporcionados por organizaciones de la sociedad civil, ya que en México no existen registros oficiales sobre crímenes de odio ejercidos contra personas LGBT+. Lo más cercano ha sido la Encuesta sobre Discriminación por Motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género realizada a 2,331 personas en 2018, aunque con muchas limitantes en su metodología.

¿Cuáles fueron los efectos de la pandemia en las personas LGBT+?

A lo anterior, hay que sumar el contexto de pandemia por el virus SARS-CoV-2 y el impacto diferenciado que ha tenido en personas LGBT+. Al respecto, en el informe: Impacto Diferenciado de la COVID-19 en la Comunidad LGBT+ en México, elaborado por Yaaj junto con el COPRED y la UC Santa Barbara, se puede apreciar cómo el contexto de pandemia ha pronunciado la situación de discriminación y violaciones a derechos de las personas LGBT+. De los datos proporcionados en el mencionado informe, las personas encuestadas señalaron como el espacio de mayor violencia, discriminación o ambas; la familia, seguida de las redes sociales o plataformas en línea y por último, los espacios públicos.

En temas laborales frente al contexto de pandemia, 7 de cada 10 personas LGBT+ perdieron sus ingresos en forma total o parcial, acompañado de un aumento en la explotación laboral y la reducción injustificada por orientación sexual, identidad o expresión de género. Además, el 52.5% de las personas LGBT+ tuvieron que salir a trabajar y no “respetar” la cuarentena, siendo en su mayoría personas trans. Esto también fue documentado por la CIDH, que menciona haber recibido información de que las mujeres trans y las trabajadoras sexuales tuvieron que continuar sus actividades aún con la pandemia, pues la exclusión social y la pobreza que les atraviesa se vio agudizada por ser su única fuente de ingresos. Hay que recordar que las personas trans ya vivían en contextos de exclusión y pobreza. Al respecto, la CIDH en su Informe de pobreza y derechos humanos en las Américas, enfatiza en que la discriminación y exclusión estructural del mercado laboral por orientación sexual o identidad de género, desencadena un ciclo sin fin de pobreza continua.

La agudización de la pobreza en personas trans y las dificultades de ejercer el trabajo sexual durante la pandemia, se tradujo en altas tasas de falta de vivienda. De acuerdo con el informe de Yaaj, de la muestra tomada, el 17.84% de las personas tuvieron que dar su vivienda y el 4.84% lo hizo por problemas relacionados a su orientación sexual, identidad o expresión de género y el 29.89% por la imposibilidad de solventar el costo de aquella vivienda. Esta imposibilidad de pagar los costos del alquilar las colocó en situaciones de vulnerabilidad, como la necesidad de migrar o, en el caso de algunas mujeres trans en la Ciudad de México, el ser desalojadas.

Como menciona la CIDH, el estigma y la discriminación hacia personas LGBT+ les afecta particularmente en este contexto a causa del COVID-19, pues la lucha contra la pandemia no se lleva en un plano de igualdad. Las personas LGBT+ son particularmente vulnerables a altos índices de pobreza, falta de acceso a la vivienda y de atención médica. En contextos como el estado de Yucatán, en el que se activó una restricción a la movilidad, se intensifica la desigualdad y la discriminación hacia personas LGBT+, como es el caso de las trabajadoras sexuales trans a quienes, con estas medidas, se les coloca en mayor vulnerabilidad a los abusos policiales, arrestos y detenciones arbitrarias.

A lo anterior, podemos sumar el contexto de violencia que viven las personas LGBT+ en redes sociales, el espacio público e incluso, grupos feministas radicales que se interponen en la lucha por la aprobación de Leyes de Identidad Trans. En una entrega anterior, escribí más a fondo sobre cómo nuevos grupos antiderechos constantemente ejercen violencia hacia personas LGBT+ en espacios públicos.

El régimen cisheterosexual no ha dejado de discriminar y castigar la existencia de las personas que no se ajustan a la norma, por el contrario, se ha actualizado. Desde otros frentes, desde nuevas “teorías” y con nuevos discursos. Las plataformas digitales de de servicio de transporte se pintan de arcoíris durante el mes de junio y muchos colectivos LGBT+ se benefician económicamente de eso, mientras algunos de sus conductores le niegan el servicio a Drag Queens y personas LGBT+, las discriminan y las ponen en una situación de vulnerabilidad dentro de sus automóviles. Los estados o ayuntamientos pintan sus edificios de colores mientras permiten transfeminicidios, inexistencia de políticas públicas enfocadas a personas LGBT+, nula participación en la toma de decisiones que les afectan y cuyos derechos someten a votos o consultas.

Se ha actualizado la forma en la que se refieren a los hombres no heterosexuales. Ahora a las maricas, los putos, los jotos y los maricones, no solo se les nombra así por hombres heterosexuales en contextos de deportes, espacio público, comidas familiares y la padre o madre que se entera que su hijo es homosexual o bisexual, sino también mujeres feministas.

El acoso de las trabajadoras sexuales trans no solo es en las calles, ahora otro grupo denominado “abolicionista” las persigue, estigmatiza, discrimina, insulta y silencia sus historias, vivencias y experiencas. Irene Valdivia escribió al respecto en este mismo espacio. Lo mismo sucede con las personas trans. Su existencia la cuestionan escritoras blancas y millonarias, la moral cristiana, el Estado, las personas cisgénero y el feminismo transexcluyente.

En el caso de las personas bisexuales, éstas no están presentes en los datos, pero sí en el cuestionamiento público de su existencia. Los hombres bisexuales son maricas falocéntricas y las mujeres bisexuales deben nombrarse lesbianas y negar relaciones afectivas, sexuales o sentimentales con los hombres.

Vía: TransActualUK

Lo que quiero decir, es que desde las manifestaciones en Stonewall en 1969, las personas LGBT+ no solo tienen que ir contracorriente en la garantía de sus derechos, sino que también se les exigen explicaciones y la defensa una y otra vez de su existencia. Vivir como maricas, vestidas, jotos, putos, tortilleras, bicuriosxs, lenchas, enfermxs y afeminados, es existir en un sistema que discrimina y violenta por desobedecer las reglas de un amo colonial, opresor y determinista. Sin dejar de lado que, desde la matriz de opresiones, no es lo mismo un joto blanco que un joto racializado.

Este día se deberían poner en el centro de la conversación nuestras necesidades y exigencias. En mi contexto, Mérida, Yucatán, solo una candidata a la alcaldía ha hablado y propuesto junto, y para personas LGBT+, ¿el resto? en silencio. Las vidas LGBT+ no están siendo protegidas, sus derechos no están siendo garantizados, la discriminación y violencia se ha actualizado a otros espacios, las vidas siguen siendo arrebatadas, las personas trans viven cada vez más precarizadas en un contexto de pandemia que vino a profundizar su situación y el Estado se limita a ondear el arcoíris e iluminarse de colores. Históricamente, ser persona no heterosexual, trans, no binarie o de la desobediencia sexogenérica, es tener en contra a todo el sistema en el que todos los días se lucha contra la discriminación que nos atraviesa por el hecho de querer ser posibles.

Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

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