Día de los Derechos Humanos: Hasta que la dignidad se haga costumbre

Voy a elevar mi canto para hacerlos despertar

A los que van dormidos por la vida sin querer mirar

-Derecho de Nacimiento. Natalia Lafourcade

Si iniciara este texto con un “los derechos humanos cambiaron mi vida” podría parecer un tanto exagerado, pero no por eso sería menos cierto. La semana pasada fue el Día de los Derechos Humanos poco antes fue Día Internacional de las Personas Defensoras de Derechos Humanos, ambas fechas dirigidas a visibilizar la lucha por los derechos humanos, los logros y los retos, pero también una constante invitación a reflexionar sobre los mismos.

Desde la infancia nos hablan de que tenemos derechos como niñez, nos hablan de que como personas tenemos ciertos derechos de manera bastante lógica que incluso podría ser hasta intuitiva. Luego, en la universidad, podemos llegar a escuchar un poco más de estos “derechos humanos” desde una perspectiva más “formativa” o “legal”, y para quienes estudiamos derecho puede que su abordaje sea un poco más “teórico”. Pongo “teórico” entre comillas porque la realidad es que la educación en derechos humanos suele ser de muy baja calidad.

Pero los derechos humanos van mas allá de unos artículos enumerados, más allá de una serie de tratados internacionales que en algún momento firmaron representantes de los Estados, se tomaron fotografías y las celebraron en sus países correspondientes. Los derechos humanos son mucho más que eso, y es por eso que me atrevo a decir que han cambiado mi vida; los derechos humanos me han dado la bienvenida a un sueño colectivo de justicia social.

Cuando comenzamos a involucrarnos en temas de derechos humanos y comenzamos a tener lo que llaman “perspectiva de derechos humanos”, implica un cambio muy fuerte en nuestras vidas y en cómo nos relacionamos con los que nos rodea porque comenzamos a ponerle nombre y a identificar muchas problemáticas y violencias, tanto violencias que hemos recibido como violencias que hemos ejercido.

Pero esto no queda aquí porque justamente los derechos humanos nos mandan un mensaje muy importante: “otra realidad es posible”. Comenzamos a ver muchas cosas que están mal y somos cada vez más conscientes de las desigualdades, pero al mismo tiempo sabemos que existe un camino en el cual eso debe ser diferente, ese camino que nos guía a un mundo sin desigualdades, más justo y libre de violencia.

Para las personas que trabajamos en derechos humanos es muy común escuchar comentarios dirigidos a hacernos saber que estamos luchando contra sistemas muy complejos, y hacernos saber que no podemos cambiar el mundo. Y lo sabemos.

Sabemos que no vamos a cambiar el mundo, sabemos que no vamos a salvarlas a todas, sabemos que no vamos a acabar con la pobreza, con la corrupción, con el hambre, con la violencia, ectétera, etcétera. Lo sabemos, pero tenemos este sueño colectivo que nos da fe en que las cosas no siempre tienen que ser así, no tienen porqué seguir igual.

Los derechos humanos me han dado muchos momentos de frustración, tristeza e impotencia, pero también me han dado mucha fe, esperanza y amor. Me han rodeado de personas maravillosas que al igual que yo creemos que otra realidad es posible, que sabemos que el cambio no será inmediato, pero que vale la pena luchar por él, que podemos hacer las cosas de manera diferente y que otras formas de amar(nos) son posibles.

Reescribir toda la historia es difícil, pero estamos escribiendo una nueva y necesitamos hacerlo. Este año el tema del Día de los Derechos Humanos es “reconstruir para mejorar”, esto en el marco del COVID-19, recordándonos que la pandemia no creó desigualdades, esas desigualdades ya existían, la pandemia solo las visibilizó y agravó.

Fotografía correspondiente a la toma del Congreso del Estado de Puebla.

La primera invitación es reflexionar sobre el cómo hemos construido nuestra sociedad, pero sobre todo el cómo podemos reconstruirla, cómo podemos comenzar a hacer las cosas de manera diferente justamente para alcanzar eso que rezan muchos tratados internacionales: no más desigualdades, un mundo en paz, justo y sin violencia.

Y la segunda invitación es a sumarse a este sueño colectivo en el que vemos en los derechos humanos una herramienta para conseguir ese sueño, para construir un mundo sin violencia, en el que no haya ni una muerta más, donde la tierra y el territorio no se vendan, donde no haya fronteras, donde el orgullo sea loco, donde todas las familias tengan todos los derechos, donde no se sea demasiado joven o grande para la autonomía, donde todas podamos decidir sobre nuestros propios cuerpos y donde nadie corra peligro por defender derechos humanos.

 

“Por las que vienen

Por las que fueron

Va por contarlo

Todo de nuevo”

  • Julieta Venegas

 

Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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