¿Día de la bandera?

Según el Gobierno de México, el 24 de febrero es el Día de la Bandera. Un símbolo que nació en tiempos de Agustín de Iturbide –para demostrar los derechos de (¿) religión católica (?), Independencia de España e igualdad entre castas–; la bandera ha adquirido una representación liberal de un discurso histórico que enaltece la figura del Estado mexicano como una Nación de la cual sentirnos orgulloses como mexicanes. El mismo Gobierno de México describe la bandera con un significado actual de “esperanza”, “unidad” y la “sangre de nuestros héroes”, y la protege como una “expresión auténtica de nuestros orígenes, así como del deseo de fortalecer el sentido de identidad nacional, como país independiente y soberano”. ¿Pero es posible unificar a más de 126 millones de personas bajo un único discurso nacionalista?

La Constitución define a las personas mexicanas como aquellas que están casadas con una mexicana, tienen carta de naturalización, nacieron en territorio mexicano –incluyendo las embarcaciones del país– o tienen padres mexicanos –incluyendo a padres y madres naturalizades–. Sin embargo, ¿eso significa que aquelles que cumplan los requisitos constitucionales tienen que respetar los símbolos patrios de México? Según la Suprema Corte de Justicia en 2005, sí. En 2002, el poeta Sergio Witz escribió y publicó:

Yo / me seco el orín en la bandera / de mi país, / ese trapo / sobre el que se acuestan / los perros / y que nada representa, / salvo tres colores / y un águila / que me producen / un vómito nacionalista  […]/ yo, natural de esta tierra, / me limpio el culo / con la bandera / y los invito a hacer lo mismo: / verán a la patria / entre la mierda / de un poeta..

–Sergio Witz, La patria entre mierda.

 El poema La patria entre mierda causó gran controversia que incluso vinculó a Witz a proceso. ¿Debería un mexicane tener la libertad de expresarse así de un símbolo patrio? Esa fue la gran pregunta que incluso llegó al Pleno de la Suprema Corte. El poema de Witz causó que los límites del derecho a la libertad de expresión entraran en conflicto con el bien jurídico tutelado de la dignidad de la Nación. El voto mayoritario de la Corte argumentó que la dignidad de la Nación tenía que protegerse y, aún más, era castigable para cualquier persona que hiciera una falta al bien jurídico tutelado, de acuerdo con el Artículo 191° del Código Penal Federal:

Al que ultraje el escudo de la República o el pabellón nacional, ya sea de palabra o de obra, se le aplicará de seis meses a cuatro años de prisión o multa de cincuenta a tres mil pesos o ambas sanciones, a juicio de juez.

Código Penal Federal.

Hubo tan sólo dos ministros –Jesús Silva Mesa y, no muy sorprendentemente, José Ramón Cossío– que arguyeron en contra de proteger la dignidad de la Nación como un bien jurídico tutelado. Según los ministros, la libertad de expresión debía de considerarse “uno de los pilares de una nación democrática”, que debía incluir, en este caso, la capacidad de la ciudadanía mexicana para criticar –e incluso blasfemar– los fundamentos del honor del patriotismo mexicano. Sin embargo, el amparo contra Sergio Witz fue negado y el voto mayoritario de la Corte lo obligó a continuar en proceso.

El caso es relevante porque trajo en cuestión cuál es el mensaje implícito de rendir honores a la bandera, difundir la historia de los símbolos patrios y de unir a toda la población de un país bajo la misma identidad. En este caso, significó explícitamente que, sin importar sus circunstancias, cada mexicane debe de respetar el Estado mexicano y su discurso simbolista; honorarlo y usarlo como un rasgo identitario. Si no, ese mexicane merece un proceso penal como castigo. Sin embargo, ese Estado no protege a todes de la misma manera; homogeneiza comunidades autónomas bajo un discurso de mestizaje y paternalismo, impone el español sobre sus múltiples lenguas y no siempre garantiza eficiencia en sus instituciones para contrarrestar algunos de los problemas más grandes del país: los feminicidios, las desapariciones, la desigualdad, la violencia y la corrupción dentro de sus sistemas políticos.

Como lo escribió la reconocida autora, Yásnaya Elena:

La gran trampa de los Estados modernos es que, a golpe de ideología nacionalista, nos han hecho creer que, además de Estados, son también naciones. Las naciones, entendidas como pueblos del mundo, no son necesariamente Estados. Bajo la falsa equivalencia Estado-nación subyace la lógica y el funcionamiento del mundo actual, que genera categorías en principio insostenibles, […] como “cultura mexicana”, cuando los mexicanos (es decir, los pertenecientes al Estado mexicano) hablan lenguas agrupadas en doce familias lingüísticas radicalmente distintas entre sí y pertenecen a más de sesenta y ocho naciones con diferencias culturales muy marcadas. México es un Estado, no una nación. México es un Estado que ha encapsulado y negado la existencia de muchas naciones. La constitución mexicana es bastante elocuente en cuanto al establecimiento de esas equivalencias cuando enuncia que “la nación mexicana es única e indivisible”. Si realmente lo fuera, no sería necesario decretarlo.

–Yásnaya Elena, Nosotros sin México: naciones indígenas y autonomía.

Al final, parecería que el Estado obliga a venerar sus símbolos patrios, no para enaltecer la identidad de sus ciudadanes frente al mundo, sino para adquirir legitimidad y poner el bienestar de sus gobernades como justificación para hacer cumplir su propia agenda y sus propios intereses, a pesar de entrar en conflicto con las diferentes realidades y necesidades dentro de este país.  Y de paso, el Estado agarra los logros y las realidades de cada uno de sus ciudadanes y miembres para fortalecer su identidad frente a un mundo dividido por la misma figura del Estado-Nación. Bajo estas premisas, la bandera mexicana no sólo simboliza un orgullo nacional, sino también líneas, fronteras, creencias y valores que se imponen sobre otras realidades y exhortan a defenderlas ante conflictos bélicos. Así que, ¿la bandera debería ser celebrada este 24 de febrero? Más allá del nacionalismo mexicano histórico, la bandera no debería honrarse de manera canónica. También, debería abrirse a convivir con las identidades que niega y las identidades que van más allá del Estado mexicano.

 

 

Él/He

Tengo 21 años y estudio Derecho en el CIDE. No escribo porque sepa algo en específico; lo escribo porque me interesa mucho saberlo. Mis intereses principales son de sociedad y música, pero intento aprender todos los días de todo lo demás.

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