Despedidas

En los últimos tres años he tenido que despedirme de varias amigas y amigos que se han mudado a otros lugares del país -o del continente- y ninguna vez ha sido sencillo. Apenas la semana pasada tuve que despedirme de alguien más, y nuevamente me di cuenta de que las despedidas no se vuelven más fáciles con el tiempo, ni con la cantidad.

Sin exagerar, despedirme de alguien con quien me llevo ha sido de las cosas más difíciles por las que he tenido que pasar, y todavía no sé bien cómo decir adiós porque las palabras no llegan cuando es hora de hacerlo. Siento que queda mucho por decir y que no puedes expresar todo lo que te gustaría expresar, y aunque haces tu mejor esfuerzo no parece suficiente.

La primera vez que me tuve que despedir de alguien no estaba lista, y creo que realmente nunca nadie lo está, ni quien se muda, ni quien se despide. Sabía que cuando pasáramos a universidad iba a tener que decirle adiós a personas cercanas a mí que se mudaban a otros sitios a estudiar su licenciatura, pero esa primera despedida fue previa a eso y no estaba “planeada” como lo estuvieron las siguientes ya que salimos de preparatoria, lo que complicó el prepararme para ello.

El periodo entre que te dicen que se va a mudar una de tus amistades y el día en que realmente se muda es duro, al menos así ha sido para mí; ya sabes que va a pasar y es un hecho, pero en lo que llega el día tratas de aprovechar el mayor tiempo posible que tengas con esa persona. Es extraño, porque no es como si antes no lo intentaras o quisieras igual, pero no estabas considerando el tiempo que quedaba, no se veía como una cuenta regresiva y no era una preocupación ese “tiempo restante”, pero tras enterarte, se vuelve una inquietud latente y sientes que en nada será el día en que le dirás adiós.

Con las despedidas he notado que pasa algo sumamente egoísta, que es el no querer que una persona se vaya, y me ha pasado cada vez que alguien se muda. Las personas a las que les he dicho adiós se han ido por estudios, trabajos, porque surgió la oportunidad y la tomaron, y me hace muy feliz verlas irse por algo que en serio quieren, por algo que anhelaban; pero, al mismo tiempo, esa parte que considero egoísta se manifiesta y odia saber que se van, porque no quiere reconocer que habrá un vacío que esa persona dejará. No hablo de un vacío en el sentido de “la persona se fue de tu vida y punto”, para nada, y me consta que no es así; es más un vacío de “sé que esta persona no está más en mi ciudad, que no la voy a ver en los lugares donde solíamos coincidir, que no voy a poder enviarle un mensaje un día y proponerle salir porque está a kilómetros de mí ahora”. Es un vacío que está, más que nada, por una separación geográfica.

Quiero poner énfasis en eso último, porque puedo decir desde mi experiencia que es principalmente eso, es ese estar en una punta y otra del país, del continente… y hasta ahí. Es un “no estar en el mismo sitio” antes que “la distancia impide que la relación que se tenía continúe”, porque obviamente cambian las formas de comunicación y contacto, pero la relación no tiene por qué debilitarse por una cosa como la distancia. Sí, ciertamente no veo más a esa persona (o no con la misma frecuencia), pero eso no significa que nos dejemos de llevar, de hablar, de contarnos un chisme, de platicar sobre nuestro día. La relación no es menos por la distancia, así como lo no es más por la cercanía geográfica. Si bien es un factor a considerar, no es un factor determinante en ninguna relación, ya que siempre y cuando las personas involucradas pongan de su parte y la hagan funcionar, lo hará.

Despedirse es horrible y no es nada fácil, y por más que te prepares para hacerlo nunca sabes con certeza cómo te sentirás cuando suceda. Obviamente puedes imaginar que la pasarás mal o que podrás manejarlo bien porque sabías que llegaría el momento, pero no hay nada seguro hasta que verdaderamente lidias con ello. El periodo posterior a la despedida es doloroso porque justamente estás afrontando un cambio en tu vida, estás en un periodo de ajuste y quizá atravieses por alguna o algunas de las “etapas de duelo” por ello mismo. Y está bien, es parte del proceso.

Sé que aún me quedan muchas despedidas más en mi vida, y de hecho en un par de meses sigue una más, pero no es más sencillo ahora a como lo fue la primera vez; sigue siendo algo triste y viene acompañado de lágrimas. Sé que, aunque me tome un tiempo acostumbrarme al hecho de que alguien que quiero se mudó, llegaré a eso con el tiempo; ya me ha pasado, y volverá a pasar. A la vez, sé que no por haberme acostumbrado dejaré de extrañar el ver y coincidir con esa persona, especialmente en situaciones muy concretas que me recuerden más a ella, y que tendré días el que me pese más ese hecho. Pero, sobre todo, sé que la distancia no tiene por qué ser un impedimento para que la relación siga.

Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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