Despedidas y amores

Un texto de amor a las amistades que crecen, se mudan, cambian, se quedan o se van. A elles que les debo tanto de lo que soy y de lo quiero ser, de lo que sueño, abrazo y deshago de mí. Cada temporada de la vida viene con aprendizajes, descubrimientos y cambios; parece imposible que nuestras personas queridas nos acompañen en cada una de ellas de la misma manera que lo hicieron en la anterior. Escribo por las amistades que se trasformaron en otras o que se convirtieron exclusivamente en recuerdos.

En mi experiencia, las amistades más profundas se han consolidado desde la cotidianidad: una intimidad especial en la que se puede comentar todo y donde la ansiedad tiene momentos en los que se desvanece. Cocinar, platicar y planear juntes me ha permitido conocer a mis personas favoritas a lo largo de la vida. El encontrarnos en el día a día nos deja vulnerables y comparte, a veces sin palabras, qué tan salada nos gusta la comida, qué bebemos cuando necesitamos abrazos, qué pensamos de otras personas y, también, qué soñamos, qué pensamos de la muerte, cómo es el mundo que imaginamos, dónde nos duele y qué nos hace reírnos a carcajadas. Las respuestas a estas preguntas, como las personas, van e irán cambiando. A veces es difícil darles seguimiento cuando el encuentro es más esporádico y menos rutinario, pero después de vernos en lo profundo puede no ser imprescindible.

En este momento de mi vida estoy rodeada de despedidas y puedo vislumbrar que se aproxima una nueva etapa con mis personas especiales. Con algunas de ellas nuestra amistad se ha transformado en muchos momentos: adioses, desacuerdos y experiencias. Con otras es la primera vez que nos enfrentamos al cambio y hay más incertidumbre sobre cómo será el desenlace. Por esto mismo, pienso mucho en las amistades que ya llegaron a un fin, que nuestros caminos se fueron alejando y la nueva rutina, la distancia o simplemente el crecimiento dieron lugar a un cierre: un último café juntes, un último cumpleaños, un último secreto. Ahora que me despido hay de dos: amistades con las que nos vamos con la tarea de redescubrirnos en una nueva etapa o simplemente agradecidas por lo que ya tuvo lugar. Estas posibilidades desencadenan en mí muchos sentires —agradecimiento, alegría, tristeza, incluso enojo o culpa— y me parece importante intentar dar lugar para sentirlos todos.

Agradezco de elles la confidencialidad, la consideración y la gentileza que guarda el recuerdo, pero también reconozco gratamente la nitidez que en su momento tuvimos para soltar, para seguir creciendo hacia donde soñábamos o nos hacía sentido. Así me encontré con los “hasta prontos” que ahora parece serán eternos y que, en su momento, correspondían a la transformación que requerían dichas amistades. Y no fue siempre soltar, también hubo momentos compartidos de resiliencia y escucha, diálogo y acompañamiento que permiten recordar con tanto cariño lo que ya no es. Nos regalamos mutuamente herramientas y caminos para ser mejores escuchando, acordando y decidiendo en futuras situaciones.

En cuanto las otras amistades que han perdurado transformándose en nuevas formas, agradezco el cuidado que escucha con versatilidad, mirarnos y reconocernos a lo lejos hace posible caminar juntes a tanta distancia: apapacharnos vía whatsapp, elegir las palabras correctas para festejar o acompañar el agüite, tener certeza de que nos queremos incluso sin hablar en meses, siempre con la posibilidad de encontrar puntos medios y nuevos horizontes.

Ten, I. (2020). Borneo camphor trees (Dryobalanops aromatica) demonstrating crown shyness in the Forest Research Institute Malaysia. NATIONAL GEOGRAPHIC. photograph. Retrieved from https://www.nationalgeographic.com/science/article/tree-crown-shyness-forest-canopy

En ambos tipos de transformaciones reconozco que las amistades más profundas y cercanas consisten en comprender que nos une algo más que hablar por teléfono, más que ir por café, más que contarnos chistes; nos une mirarnos y quienes somos. Nos reconocernos como personas imperfectas con dolores y sueños, que no seremos mañana lo mismo que somos hoy y está bien, porque en el mundo caótico y complejo, la amistad se trata de ver, sentir y actuar en consecuencia. A veces tocará que una forma de amistad dure años y años, pero también habrá temporadas que durarán solo un par de días.

Si tuviera que definir a la amistad con una palabra, sería “mirar”. Agradezco a mis amigues por enseñarme en la práctica un amor profundo que observa, cuida, escucha y acompaña, por permitirme conocerles y también por saber tomar distancia cuando es momento. Hasta pronto y hasta siempre a las personas más queridas, que el movimiento nos permita seguir encontrándonos, transformándonos y mirándonos a lo lejos.

Hola, soy maria sin acento y escribo mi nombre en minúsculas, me gustan las personas y por eso estudio ciencias sociales. Cuando era pequeña quería ser astronauta, pero luego me encontré con la inmensidad en la diversidad de las personas que habitamos la tierra y mis sueños se fueron transformando. Me apasionan los temas que se relacionan con la infancia, la vida libre de violencia, la diversidad cultural, la economía y otras formas de reproducir la vida.

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