Desfile pasado

El desfile del 16 de septiembre en la Ciudad de México siempre ha tenido una relevancia especial para mí. Siendo mi padre militar, ver las maniobras y el pase de vehículos blindados por la televisión era algo rutinario durante mi infancia. Sin ir más lejos: mi padre marchó frente al presidente durante algunos de estos el siglo pasado, por lo que es algo presente en mí desde la niñez. Es una tradición que ha tenido calado en mi familia y de la cual los militares sienten orgullo y apremio al participar o ver a sus compañeros hacerlo. De eso nadie tiene duda. Sin embargo, creo que este desfile militar es poco vigente al contexto político, pero, sobre todo, al social de nuestro país en la actualidad. Es por eso mismo que creo que el desfile militar en honor a la independencia no solo debe desaparecer, sino que el presidente López Obrador dejó una grandísima oportunidad de acabar con él en su primer año de gobierno.

La definición de la palabra desfile no nos dice demasiado de su historia: marchar en fila. Puede entenderse que, en origen, el desfilar se refiere al pasar o encaminarse en una o más filas. Ahora, si revisamos el origen del símil de esta palabra en inglés (parade) tenemos una historia un poco más clara: de origen francés y a su vez tomada del latín parare, el término en sí hace referencia a prepararse o alistarse, específicamente para la guerra. El desfilar entonces tiene un origen bélico que ha logrado colarse a otros ámbitos (desde desfiles de modas hasta navideños) pero que en esencia se mantiene: es una marcha que busca preparar a las tropas, a la población y al enemigo ante un conflicto inminente. Es avisar y demostrar fuerzas, de forma física, pero, sobre todo, psicológica en una población.

La historia de la marcha del 16 de septiembre no es ajena a las raíces beligerantes de los demás desfiles. En un inicio, se buscó conmemorar la entrada del Ejército Trigarante con 16 mil jinetes a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, consumando así la independencia de nuestro país. La entrada fue de forma pacífica y con un claro símbolo de liberación. Sin embargo, dicha procesión libertaria no sería conmemorada sino hasta muchos años después, con diferencia a los festejos relativos a la independencia que serían realizados ya formalmente en 1825 por Guadalupe Victoria. La conmemoración en sí fue variando a través del tiempo, teniendo marchas militares esporádicamente, con un objetivo claro: mostrar músculo frente a los opositores. El carácter triunfalista y libertario fue perdido en pos de un ejercicio para presumir y ostentar frente a los demás. Ya fuese frente a los conservadores o a los opositores de Porfirio Díaz, los desfiles militares (sin importar su número o fecha) servían para demostrar el poderío militar, entusiasmar al pueblo y debilitar anímicamente al enemigo. Fue justamente Lázaro Cárdenas quien instituye ya formalmente el desfile en la fecha ya tradicional, en un entorno de conflictos nacionalistas a nivel internacional y en ciernes de una segunda guerra mundial. Lejos está el génesis de aquel desfile trigarante y cerca está el objetivo actual: ser un escaparate del poderío militar del país y ser un medio propagandístico al fin de cuentas, siempre pasando lista ante una persona en concreto.

Ahora, México no es ni mucho menos el único país del mundo con desfiles militares. Francia es uno de los países más conocidos por sus desfiles de este tipo, en especial por aquel que conmemora la toma de la bastilla, iniciando la Revolución francesa. Los tanques pasean por los Campos Elíseos y los aviones surcan los cielos de París. Sin embargo, el caso francés es realmente extraño en el conjunto de países con estas marchas. China, India, Corea del Norte, Rusia, Irán y Venezuela, entre otros, son países con grandísimos desfiles con coreografías imponentes y una clara muestra del armamento y poderío militar de cada uno. El despliegue busca siempre el ser apantallante y enviar una clara señal al extranjero de poderío y fuerza. Las marchas, desafortunadamente, casi siempre son un recurso de aquellos gobiernos autocráticos que justamente dependen del ejército para mantenerse. Son normales en países que se legitiman mediante la fuerza, reflejando una clara debilidad interna. ¿Por qué no existen desfiles de este tipo en Canadá, Portugal o Nueva Zelanda? Las democracias no suelen necesitar de estos recursos porque algo fundamental en ellas es la paz: no buscan la guerra ni el belicismo, por lo que tener marchas de este tipo y que desfilen frente a un líder es contradictorio a la esencia misma de la democracia. ¿A qué grupos está más cercano México? Tenemos aquí una ceremonia autoritaria heredada desde los viejos tiempos del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Teniendo claro el objetivo de los desfiles militares en México y el mundo, ¿por qué se siguen llevando a cabo aquí? Consultando a personas cercanas, las respuestas fueron varias: desde ser un medio de recreación para las familias, hasta ser una demostración del poder frente al narco. Me inclino más hacia la segunda. Si bien las familias de hace cincuenta años tenían como medio de ocio al desfile, hoy las opciones son ilimitadas gracias a la tecnología. Sin embargo, el escaparate es tentador para un gobernante. Se notó claramente en este desfile: pipas de gasolina, la Guardia Nacional, carros alegóricos de programas sociales, etc. El desfile siguió cumpliendo su cometido de ser una exhibición de músculo gubernamental y presidencial. Se sigue enviando la señal de que el poder militar está al mando del presidente y que este le apoya en todo de forma incondicional. Y justamente el llevar a cabo esta faramalla es algo en sí contrario a lo que el actual presidente promulga.

Vía: claroscuro

El desfile es costoso. ¿Cuánto? Difícil saberlo. Al hacer una búsqueda superficial en Google, no se encuentra ningún resultado. Estaría interesante hacer la solicitud formal a la Secretaría de la Defensa Nacional, pero, para los tiempos de este artículo, es inútil. Sin embargo, con un poco de sentido común, podemos notar que el movilizar a las personas, trasladar vehículos con su gasolina, alimentar al personal, alistar el espacio para el desfile, entre varias; tienen un costo y uno grande. El presidente afirma que busca ser austero y tener como objetivo destinar recursos ociosos hacia eliminar la pobreza y mejorar la calidad de vida de los mexicanos en peores condiciones. Ha cerrado guarderías, eliminado puestos de trabajo en el gobierno, “vendido” aviones y cancelado obra pública en este sentido. Creo que siendo coherente debería haber liquidado el desfile militar y usado realmente los recursos en favor de quienes lo necesiten. ¿Cómo dar a conocer sus programas sociales? El gobierno ya tiene a su alcance medios más eficientes que una marcha. ¿Cómo reconocer a los militares su labor por México? Ya tienen el día del ejército y el de la defensa heroica del Castillo de Chapultepec. Para festejar la independencia ya tenemos la ceremonia del Grito y antecedentes bélicos no tenemos como para hacer notar el poder militar (no estamos en el contexto de Corea del Norte). Tenemos entonces una tradición que debe analizarse en su razón de ser actual y en el costo-beneficio que trae. Cancelar el desfile sin duda sería una medida impopular, pero bien fundamentada, estaría en la línea coherente del proyecto de nación presidencial.

Al investigar un poco para escribir este texto, leí un artículo en donde se critica la decisión de Donald Trump de llevar a cabo un desfile militar en Washington D.C. el día de la independencia estadounidense. En un sentido no tan distinto al caso mexicano, afirman que el desfile es “… una señal de profunda debilidad e inseguridad nacional”. Las democracias verdaderas no necesitan de estos recursos militares. En un país con una enorme población en pobreza, creo que deberíamos plantearnos si los recursos dirigidos a mostrar el músculo militar y político del presidente en turno no podrían ser utilizados en algo mucho mejor para los mexicanos. Solamente cuando acabemos con estos ritos del siglo pasado lograremos ser el país demócrata que no necesita decir que está listo para la guerra, sino uno que está listo para sus ciudadanos. Si el presidente fuera coherente, el desfile debería haberse cancelado.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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