Deseo ser madre, pero no quiero serlo

[…] en la maternidad, lo que está en juego es el destino entero de la pequeña, y, desde que empieza a presentir sus secretos, su cuerpo se le aparece odiosamente amenazado.

El segundo sexo, Simone de Beauvoir

(Trad.: Juan García Puente)

En mi última consulta con la ginecóloga me enteré que tengo dos miomas intrauterinos. El año pasado era solo uno, pero en muy poco tiempo ha crecido un centímetro y, para rematar, ahora tiene un pequeño vecino. Por si no lo saben, los miomas son tumores fibroides, normalmente no cancerosos y, al menos en mi caso y por el momento, no necesitan tratamiento, pero sí observaciones anuales.

Los miomas se pueden presentar en varias áreas del útero, pero los que están dentro pueden causar ciclos menstruales más abundantes, prolongados y dolorosos, pero eso no me alarmó tanto como cuando la doctora me señaló los posibles problemas de infertilidad. Sé que por mi crianza, por ser mujer, romantizo mucho a la maternidad. El feminismo ha sido lo único que ha permitido reestructurarme síquicamente, de intentar separar mis propios deseos, mi propio «valor» como mujer, de los que la sociedad me instauró —y sigue  instaurado—. Me he atiborrado la cabeza de lecturas sobre temas que rodean a la maternidad como, por mencionar a algunas autoras: Contra los hijos, de Lina Meruane; Nacemos de mujer, de Adrienne Rich; Linea Nigra, de Jazmina Barrera; Tienes que mirar, de Anna Staborinets; Mientras las niñas duermen, de Daniela Rea; Dentelladas de tigre, de Lucia Berlin, y aunque me siento mejor preparada, aun así no es sencillo tomar una decisión sobre cómo actuar ante ese gran leviatán que es la maternidad.

Desde que tengo memoria estuve convencida de que sería mamá, pero conforme fui creciendo me di cuenta que, batallaba más y más para justificar ese deseo, llegando a ser ridículo de tan ilusorio. Sé que nunca dejaré de desear ser madre, pero no quiero serlo en este mundo. Este mundo que, a mí parecer, me ha arrebatado la posibilidad. Es como si yo no hubiera decidido por mí misma, sino que las circunstancias decidieron por mí. Y no, no quiero «arreglármelas y salir adelante de algún modo», como algunas personas me dicen que ocurre con la crianza, de eso no se trata, se trata de que me rehúso a ser madre a menos que las cosas, por algún milagro, no se estén yendo en picada.   

«Lo más grave que podría suceder es que no logres quedar embaraza y, si tu cuerpo lo llegara a conseguir, sería considerado de alto riesgo. Los miomas también podrían adelantar el parto. Tenlo muy presente, especialmente después de que cumplas los treinta y cinco», dijo mi ginecóloga.    

Este año cumplí treinta y uno. No tengo casa propia ni un trabajo estable. En Nuevo León, el estado donde vivo, ni siquiera está asegurado el suministro de agua potable y el derecho al aborto sigue siendo ilegal. Mi familia materna —porque la paterna no está en el mapa— apenas y se puede sostener por su cuenta; creo que la mayoría de mis conocidos así vive: al día. Y aunque tuviera los medios para poder criar a otro ser humano en mi país, con una ojeada a las noticias mundiales tengo para saber que no me atrevería a hacerlo. La crisis económica y medioambiental nos auguran un futuro muy incierto. La maternidad es solo una cosa de la larga lista de cosas que el mundo entero me ha quitado.

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No me malinterpreten, tampoco se trata de criminalizar a las personas que deciden criar en estas circunstancias, aquí el mayor culpable es el sistema capitalista que no lleva a cabo ninguna acción política por el bienestar de la gente. No somos egoístas por ser madres, ni tampoco si no lo somos, lo que sí debemos hacer es expresar nuestras exigencias. Algunas personas elaboran licencias para vivir su deseo de ser progenitores, se esfuerzan por tener solo uno o por criar ciudadanos conscientes que podrían ayudar a cambiar las cosas, pero desafortunadamente no es mi caso. No me atrevo a lanzar esa moneda, a vivir con la contrariedad entre saber que la ciencia prevé todo muy mal y aún mantener la esperanza de que el futuro de alguna forma estará bien. Mi obstinación no me traicionará. 

Así como existe el duelo hacia la mujer que una era antes de la maternidad, ¿también existirá el duelo hacia la madre que una nunca pudo llegar a ser? No digo que sean procesos equipares, pero en ambos casos apenas se están rompiendo los tabús. 

Y sí, me duele mucho aceptar el hecho de que no seré madre y creo que hasta necesitaré ayuda profesional para poder procesarlo. Agradezco al menos poder contar con ese privilegio. 

No todas las mujeres están eufóricas con su maternidad, ni tampoco lo están todas las que no lo son. A mí me hubiera encantado criar junto a la persona que amo, vivir todas las experiencias que trae consigo y que veo, viven algunos de mis conocidos. Me parece que, incluso entre las feministas, este tema suele representarse como una dicotomía bien marcada: o se desea o no se desea ser madre. Por eso quizá a veces nos sentimos muy confundidas por no sentirnos totalmente felices con nuestra situación, como en este caso donde lo deseo, pero a la vez siento la obligación de no hacerlo.  

Trato de consolarme con la idea de que existen muchas maneras de maternar (adoptar, acompañar a las infancias de mis parientes o amistades), pero no me termina de convencer. Ese no era mi deseo. Es horrible no saber si esto se trata de una idea impuesta o si son mis propias aspiraciones. Es horrible que en este mundo sea más viable obligar a una niña abusada a parir, que cortarle o ligarle las trompas a una mujer de treinta y uno. Nuestra situación es hipócritamente festejada cuando es coherente con la tradición heteropatriarcal, sea esta razonable o no.

Y lo peor del caso es que, mientras los hombres pueden ser padres más allá de los cuarenta si así lo desean, nosotras correríamos un grandísimo riesgo. Tenemos ese famoso «reloj biológico» pisándonos los talones. Mejor no hacerlo; no me perdonaría que otra persona tenga que vivir en una especie de distopía por una decisión que tomé a partir del miedo, del apuro por ser madre. Mejor usar los recursos, luchar por mejorar mis propias circunstancias y las de quienes ya están aquí. 

En el texto del día, Renata Allen comparte una reflexión sobre el deseo de ser madre, y cómo esta decisión se construye a partir de la salud, la cultura, la historia específica y el apoyo real para tal responsabilidad.

Me interesa la gente y las diversas formas artísticas con las que se expresan. Procuro aprender y crear desde la empatía. Soy feminista y licenciada en Letras Hispánicas. Actualmente vivo en Regiolandia con mis gatos.

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