Descubrir Ser No Binarie a Mis 20’s

Descubrir ser no binarie a mis 20’s a veces resulta muy conflictivo porque implica rememorar mi vida con nuevos ojos, con los ojos de alguien que sabe que mis experiencias no eran “raras” sino que tenían nombre o al menos que pueden comprenderse ahora desde una perspectiva más amplia a la que tenía hace unos años. A pesar de eso, siento que todavía no tengo los términos exactos para dar sentido a mis experiencias. Cómo llamarle a esa sensación cuando era niñe y me percaté de que no era como mis compañeros varones, que cuando comenzaron a crecerme los senos me di cuenta físicamente de la diferencia sexual y que me conflictuó demasiado. La marca del sexo en los senos plasmó la diferencia entre ellos y yo, entre aquello que la sociedad decía que yo era a partir de mi cuerpo y lo que yo percibía de mí. En esta sociedad la dimensión biológica del sexo está generizada, se categoriza a los cuerpos según los genitales y esto afecta más de lo que la gente cree.

Me pregunto cómo puedo nombrar aquella experiencia cuando era niña y me tapaba los senos con vendas porque no me gustaban, pero no era porque no me gustaran estéticamente sino porque sentía que algo no estaba bien en ese cuerpo que se estaba transformando. Ese sentimiento de incomodidad siguió por muchos años y por momentos pensé que era porque tenía que trabajar en mi autoestima porque eso era lo que me decían. Soy mujer y me debe gustar mi cuerpo de mujer. Pero yo no soy mujer, yo soy no binarie, pero eso nadie me lo supo explicar. Los pechos significaban la feminidad de la cual sentía que no formaba parte totalmente. Ahora me doy cuenta de que lo que me incomodaba era que por momentos no me gustaba ser percibida como “mujer”.

Ahora tengo 25 años y he encontrado maneras de entender lo que siento y percibo, pero creo que todavía faltan palabras para describir mi experiencia como persona no binarie. El lenguaje nos restringe y seguimos con un léxico sumamente binario. Algo de lo que me he percatado es de que ser no binarie normalmente se nombra como una existencia que se expresa desde la negación, es decir, desde aquello que no es. Se entiende que una persona no binaria es una persona que no se identifica como mujer ni como hombre, que es alguien fuera de esas categorías pero que puede transitar entre una y otra. “Ser no binarie es no ser mujer ni hombre” eso me dicen, pero yo no me siento como una negación de géneros sino como una persona que es todos los géneros o ninguno. Cuando me nombran desde la negación me siento como un no lugar sin nombre que está abierto a posibilidades pero que siente constantemente la necesidad de restringirse a categorías para que sea comprendido por otras personas. En esta sociedad occidental estamos acostumbrades a aferrarnos a cosas fijas, a tener categorías estables e inamovibles para dar sentido al mundo, pero este mundo -y con ello mi experiencia de vida- no es fijo e inamovible.

Antes de continuar, quisiera mencionar que considero que si existimos personas con estas experiencias y que nos identifiquemos como no binaries debería ser razón suficiente para que las personas asuman que existimos realmente. A lo que voy es que a las personas trans siempre se nos cuestiona nuestras vivencias y nuestra propia existencia. Sin embargo, las personas no piensan que si ya nos nombramos desde aquí es porque nuestra experiencia no es como la hegemónica, y, por lo tanto, la aparente estabilidad de un constructo binario entra en conflicto y eso no se debe ignorar. Si existimos las personas trans es porque realmente nuestra vida y experiencia de vida debe contar dentro del entramado social.

Quiero aclarar que esta es mi propia experiencia, y, aunque he compartido con diversas personas que se identifican como no binaries estas ideas y se han identificado, no es la regla sentir estas cosas. Digamos que la experiencia no binarie también sale de la búsqueda de universalización de la identidad. Cada persona lo vive desde su propia vida y eso no nos hace ser menos válides.

Ahora bien, algo que me ha ayudado para comprenderme como no binarie es entender el género como aquello que cobra existencia en el momento de su realización, es decir, no hay nada previo, sino que es en el momento en que se actúa. El género se conforma en la acción, es decir, no hay un antes de lo que muestro y actúo, sino que soy en tanto me expreso y actúo con este cuerpo que soy. Además, como diría Butler, este cuerpo nunca es totalmente mío, siempre estoy abierto a otros, expuesto a otros y a las condiciones sociales y políticas en las que me encuentro. La manera en cómo aparezco y cómo se me lee afecta mi autopercepción para bien o para mal y en esta relación dinámica entre miradas me voy conformando y transformando de diversas formas.

Podría decir que me vivo no binarie como alguien que juega con su expresión de género y formas de habitar el mundo con el cuerpo: maneras de hablar y caminar, gestos, ademanes, etc. Para mí, ser no binarie es estar en constante flujo entre géneros ya establecidos y otros llegando al punto de no ser ninguno. No obstante, el constructo de la feminidad y la masculinidad están dentro de mí y constantemente encuentro en ellos ecos de identificación de sentires y prácticas. Por momentos me acerco a lo que denominan como masculino, y, en efecto quiero ser un vato chido, asumir en mí la masculinidad que en mí puedo crear. En otros momentos, quiero aquello que se asume como femenino y lo siento en el cuerpo. A veces siento que salgo de todo y solo existo de la manera más neutra posible.

A veces me resulta difícil nombrar estas experiencias sin sentir que seré juzgade o malinterpretade. Además, otra de las cuestiones que se ponen en juego con respecto a mi propia identidad y la manera en cómo me expreso al mundo es que mi orientación sexual tampoco es la hegemónica y esto supone una intersección más que pone sobre mí presión sobre lo que debería o no ser, expresar y sentir. A veces es difícil salir de la presión social del género y sexo, vivir fuera de ello o al margen, estar en otro lugar cuando ni siquiera yo alcanzo a comprender muchas de mis vivencias. Hay días en los que siento impotencia al no poder cambiar mi cuerpo de la misma manera en que fluctúa mi identidad. Esto supone, no una lucha, pero sí un constante diálogo conmigo misme y con lo que soy, e implica buscar otras maneras de crear ese cambio corporal, aunque realmente no lo tenga.

Regresando a lo que mencionaba al inicio, el hecho de que mi género autopercibido no sea el mismo del que me dieron al nacer ha sido un proceso muy complejo y confuso. Como dije, por muchos años no tuve la posibilidad de nombrar todo esto que sentía. Por momentos no pude realmente comprender mis experiencias y aunque ahora considero que ser no binarie me ha permitido comprender ciertos funcionamientos de las normas de género de manera más amplia, estar situado al margen ha dolido en muchos aspectos. Los modos de inteligibilidad del cuerpo que cierran a las personas en ser hombre o mujer me han causado mucha confusión e inestabilidad. Así que darme cuenta en mis 20´s que soy no binarie es una experiencia un tanto frustrante, pero al menos estoy contente con ser lo que soy, aunque eso implique resistir y a veces esa resistencia sea pesada.

Ella/Elle. No binarie. Me gusta escribir y crear; amo el cine, los gatos y el café. Estudié Filosofía (FFyL-UNAM) y me interesa la filosofía política y la estética. Feminista marxista que en sus tiempos libres dibuja, lee y pinta. Me interesa hablar de movimientos sociales, comunidad LGBT+, neurodivergencia, cine, literatura y anticapitalismo.

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