(Des) Seguridad Social

Sin temor a equivocarme, la noticia más relevante con la que iniciamos el año, a nivel nacional, fue el desabasto de medicamentos para el cáncer en las instituciones públicas de salud en México. Un hecho que venía dándose desde meses atrás y que, dada la desesperación misma de la situación, ganó relevancia al llevarse a cabo bloqueos y enfrentamientos durante protestas entre padres de niños con cáncer y la policía. Me pesa escribir con tal naturalidad el que sean padres de niños con cáncer quienes se manifiestan por la ausencia de un medicamento para sus hijos. De ese nivel debe ser la desesperación.

Hace dos días, surgió la noticia de que la a Suprema Corte aclaró una diferencia de tesis entre tribunales federales, lo que provocó un recorte del techo de pensiones a diez salarios mínimos para aquellos que están en la zona de transición entre el esquema antiguo del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el actual de Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORES).  Con este hecho y el anterior, quiero exponer el terrible momento por el que pasan las instituciones de seguridad social en México. Son dos noticias, aunadas a otras relevantes, como la desaparición del Seguro Popular, que exponen la crítica situación en la que se encuentra la población mexicana en justo dos áreas de vital importancia para un ser humano y que suelen dejarse para luego, al no ser consideradas preocupaciones de corto plazo: la enfermedad y la vejez. Esta situación, aunada a un desinterés por estos temas es la receta perfecta para el caos institucional en el país.

Empecemos por lo básico: ¿cómo es la seguridad social en México y en otros países? Antes, hay que definir lo que es la seguridad social. Esta se define como la protección que una sociedad proporciona a los individuos y los hogares para asegurar el acceso a la asistencia médica y garantizar la seguridad del ingreso, en particular en caso de vejez, desempleo, enfermedad, invalidez, accidentes del trabajo, maternidad o pérdida del sostén de familia. Básicamente, son aquellas prestaciones que el Estado otorga a un individuo en todas aquellas situaciones en las que uno mismo no pueda valerse en el día a día.

Bien, en el caso de México, tenemos un sistema mixto. Si bien la seguridad social implica muchos rubros, por simplicidad me enfocaré únicamente con los de salud y retiro en vejez. Empecemos con la salud. En México, uno puede acceder a servicios públicos de salud por tres vías: trabajando en un órgano estatal con acceso al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), cotizando mediante un empleo privado o por sí mismo en el IMSS; o mediante el actual Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI, ex Seguro Popular) para todos aquellos que no coticen en los casos anteriores. En teoría, toda la población está cubierta, ya sea de forma pública o privada. Sin embargo, el sistema es deficiente tal como lo reveló el caso del desabasto de medicamentos.

El sistema médico público está sobrepasado y obliga a la población, en muchos casos, a obtener recursos de donde pueda para ser atendida en una institución privada. Dos experiencias cercanas me hicieron ver dos facetas del sistema actual que me dejaron claramente decepcionado: 1. Las instituciones mexicanas públicas de salud no pueden con su encargo y las personas más afectadas son las de menos recursos, al tener que endeudarse para atenderse en privado o morir. 2. En el sector privado, la persona es vista ve como mercancía y ente de consumo. Como un mero objeto. Estos casos me hicieron ver lo fregados que estamos. ¿Es normal la proliferación de consultorios similares?

Respecto al sistema de pensiones, tenemos uno mixto igual. Está el esquema viejo (en donde se te da una pensión fija al envejecer y hasta morir) y el de AFORES (uno gasta lo que ahorra a su gusto). El porcentaje que se ahorra en ambas es muy poco y, junto a una nula educación para el retiro entre la población, nos enfrentamos a un escenario en donde el país será uno de viejos sin recursos para mantenerse. Junto con el caso de salud, tenemos un sistema de seguridad social que no es seguro ni social: simplemente permite vivir holgadamente a aquellos con los recursos suficientes (manteniendo un perfecto estatus quo).

Bien, tenemos el caso de México medianamente claro. ¿Cómo es en otros sitios? Expondré brevemente el caso español, que es el que he estado viviendo durante estos días de trámites. En España, el acceso a la salud social es universal y supeditado a la residencia en el país, independientemente de la nacionalidad de uno y de si cotiza o no en el sistema. No existe un sistema de salud sobrepasado y las personas de los estratos sociales más altos se atienden en los centros de salud públicos. ¿Cómo se ha logrado esto? Bueno, la población ha peleado a uñas y dientes tener un sistema así. No solo los pobres o clases medias, sino TODOS. Justo la semana pasada hubo una huelga general en donde resido, teniendo como bandera, entre otros temas, el mantener el sistema de salud público. Uno no es visto como una mercancía, uno no debe mendigar medicamentos, uno no debe sacrificar cosas por la salud. La salud está dada por hecho y eso es un peso importante que uno se quita de encima.

El caso de las pensiones no es distinto. Hay una cotización obligatoria para quienes trabajan y, a llegar a cierta edad, se otorga un monto fijo hasta la muerte. No existen las AFORES ni la posibilidad de retirar el ahorro antes. No hay posibilidad de aportar menos. Tenemos un sistema que, junto con el caso de la salud, permite a la población española vivir con dos pesos menos en su espalda: la salud y la vejez. Pesos que en México quitan a muchos el sueño.

Uno como joven debe plantearse muchas cosas, sobre todo después de ver casos en donde muchos adultos mayores no previeron situaciones y hoy padecen las consecuencias. Uno debe, sin duda, pensar en el futuro y ver cómo le hará para mantenerse de viejo. Ver qué hará uno si tiene cáncer u otra enfermedad catastrófica. ¿Qué harían ustedes ante una situación así? Hay gente que vende sus pertenencias, justo por las carencias de un sistema de seguridad social eficiente. Como país, debemos exigirlas y castigar a los que mancillan y usan a estas instituciones como beneficio propio. Aquí en Europa, su mayor orgullo es el Estado de Bienestar, anclado en su sistema de seguridad social. Ojalá en México lleguemos a estar así un día. Les cambiaría la vida a todos. Desafortunadamente, hoy se vive una (des) seguridad social.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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