Marea Roja

 

Por Juan Everardo

 

“Sorpresa” es la palabra que describe lo sucedido el martes en Anfield. Un Liverpool desahuciado, con las estrellas Mohamed Salah y Roberto Firmino lesionados, un marcador de 0-3 global por remontar y ante un Messi que parecía imparable después de anotar dos de los tres goles en la ida. Las probabilidades eran escasas, pero intentarían buscar otro milagro como el de 2005 en Estambul vs. el Milan de Carletto Acelotti y sellar así el pase a una segunda final consecutiva.

El Liverpool salió desde el primer minuto con toda la entrega e intensidad y con ganas de hacer historia mientras que el Barça lucía confiado. El primer tanto caería temprano en el partido en los pies del belga Divock Origi al minuto 7 tras un rechace del guardameta Marc-André ter Stegen. La esperanza crecía, el Barcelona no sabía lo que pasaba, y el equipo inglés presionaba y generaba llegadas. Por 30 minutos, el Barcelona corrió y corrió tratando de retener la pelota e intentar generar futbol. Al minuto 30 de partido, el cansancio era notorio, y las lesiones parecían regresar por los jugadores del Liverpool con Jordan Henderson y Andrew Robertson, quienes se tendieron en el césped con molestias que solo resultaron en un susto.

En la segunda mitad, el Liverpool sorprendía con la sustitución de Georgino Wijnaldum por Andrew Robertson, quien al final no pudo continuar. Los culés comenzaban a generar peligro, pero un acertado Allison seguía manteniendo el arco en ceros. Al minuto 56, Georgino Wijnaldum encajaba el 2-0 para los reds con un potente derechazo; el Barcelona estaba tocado. Las caras de Messi y de Piqué lo decían todo: el partido se les iba de las manos. Un minuto después, un centro del suizo Xherdan Shaqiri encontraba a Wijnaldum, que con un certero testarazo mandaba la pelota al fondo de la portería blaugrana, desatando la locura en Anfield.

Los asistentes se encontraban asombrados. Estaban siendo testigos de una hazaña épica, en la que el Liverpool le había metido tres goles sin respuesta al Barcelona de Messi y Valverde que no daba indicios de reaccionar.

Minuto 79 y el equipo inglés conseguía un tiro de esquina. Trent Alexander-Arnold, quien había generado la asistencia del segundo gol, sería el encargado de realizarlo. El joven talento parecía dejar el cobro a alguien más haciendo como que se marchaba del punto de córner, pero su astucia y colmillo fueron más grandes, engañando totalmente al equipo blaugrana y cobrando el saque de esquina teniendo distraídos a todos en el área menos al belga, Divock Origi, quien nuevamente conseguiría anotar. El 4-0 había llegado, los ingleses celebraban porque estaban haciendo historia; el Barcelona fue arrasado por una marea roja llena de garra, empuje y corazón.

Acababa el encuentro y sí, el Liverpool había conseguido un milagro: estaban en la final.

Un equipo red que nunca bajo las manos y fue acertado en su juego. Teniendo todas las probabilidades en contra, Anfield y los jugadores nunca dejaron de creer. Por otro lado, un Barcelona irreconocible, frágil, sin idea, que ha perdido su esencia y su forma de juego, y con Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, que no puede cargar solo al equipo; el único que intentó, que genero llegada, pero que al final, no pudo.

El Barça, por cuarto año consecutivo, vuelve a caer en la Champions. Si ya existía presión con la anécdota del fantasma de Roma, a este se le une el fantasma de Liverpool. Los blaugranas deberán tomar cartas en el asunto teniendo a un director técnico que parece quedarle grande el puesto y a un Messi que no será eterno. La culpa no es solamente de Valverde, sino también de los jugadores que vuelven a parecer inexpertos en estas instancias, mostrando falta de carácter y de ímpetu que jugadores como Puyol, Mascherano y Valdés le inyectaban a este equipo; les urge alguien que agite el vestuario y los haga salir a dar la cara por el escudo y la institución a la cual representan. A Messi no se le puede culpar por este fracaso, lo intentó, pero termina siendo una derrota colectiva.

Por otro lado, el Liverpool se juega la Premier este fin de semana, donde tristemente no dependen de sí mismos, sino que necesitan un milagro esperando que el equipo de Pep Guardiola, el Manchester City, no logre la victoria ante el Brighton, ya que los reds llevan 94 pts. con los antes mencionados citizens por delante con 95 pts.

El martes ganó el futbol, una nueva noche mágica de Champions se ha escrito y el Liverpool se medirá ante el Tottenham en la final de la edición 2018-2019 de la Champions League que se llevará a cabo el 1° de junio en el Wanda Metropolitano en la ciudad de Madrid. Mientras tanto, al Barcelona le toca pensar en la final de Copa del Rey del próximo 25 de mayo, dejando la sensación de que, si le gana al Valencia CF, será el doblete más agridulce de la historia.

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